Una sensación extraña

Llevo días dándole vueltas a este texto. Reflexiones, ideas sueltas, algún párrafo en mi cabeza, noticias y artículos de opinión que me hacen matizar lo que pensaba o reafirmarme en ello…, pero sobre todo sensaciones, sensaciones extrañas que no recuerdo haber tenido nunca. Va a ratos. Hay momentos en que me inquieta lo que está pasando pero más lo que puede pasar, y otros en que miro alrededor y todo está más o menos como siempre. La gente hace su vida cotidiana y me digo que la tormenta pasará y seguiremos más o menos igual. Ojalá.

He escrito ojalá, sí. Me chirría bastante. No me tengo por una persona conformista ni conservadora, pero es que lo que está ocurriendo en Catalunya estos días es preocupante. Los registros policiales en edificios públicos, imprentas, medios de comunicación; la intervención de las cuentas de la Generalitat; las detenciones… Con el PP en el gobierno, la aventura independentista estaba cantado que era una práctica de alto riesgo, sabiendo de antemano, como todo el mundo sabía, que el acuerdo para un referéndum era imposible.

Los impulsores del “procés” se liaron la manta a la cabeza y con Carles Puigdemont al frente se han atrevido a mantener el pulso (parece que) hasta el final, cosa que no hizo Artur Mas. Sabiendo que la ultraderecha española (el PP) lleva el gen del franquismo bien implantado y que jamás aceptará unas tablas si puede vencer por aplastamiento. La derecha española sólo es demócrata cuando gobierna; la democracia es un estorbo para sus propósitos.

Por eso me sorprende tanto que el procés no tuviera prevista esta reacción furibunda que, pese a todo, tengo la desagradable impresión de que aún está siendo muy contenida. La semana que viene, si el Govern no da el paso atrás definitivo, puede ser terrible.

Resulta sorprendente y desconcertante. Si no lo tenían previsto, es de gobernantes irresponsables; y si lo tenían, es de locos. No sé qué estúpidos cálculos electoralistas podían estar haciendo Puigdemont, Junqueras y compañía para pensar que “sacrificar” a decenas de trabajadores, empurados por su participación en los preparativos del 1-O, era un precio que valía la pena pagar.

El referéndum del 1 de octubre ya es lo de menos. No creo que quede nadie con dos dedos de frente que siga defendiendo que el resultado de lo que acabe pudiéndose hacer ese día será vinculante. Y si el PP fuera un partido democrático con intención de preservar la democracia y la convivencia, dejaría la cosa como está y no echaría más leña al fuego. Pero no lo es.

Han ganado. El 1-O será otra gran movilización independentista, y ya. Probablemente sea el punto de partida a un nuevo proceso electoral que continúe alimentando al procés. O no. Y eso es lo que me inquieta.

Si el gobierno español decide insistir en su exhibición de fuerza, judicial y policial; si continúa empeñándose en demostrar el poder del estado para aplastar al “secesionismo”, nadie sabe qué puede desencadenar.

Los ánimos están caldeados en Catalunya. Hasta ahora el procés ha sido un movimiento cívico, festivo e indiscutiblemente pacífico. Incluso durante estos últimos días ha mantenido el orden y la disciplina. Manifestaciones y concentraciones programadas, actos lúdico-reivindicativos con su correspondiente escenario, megafonía y toda la parafernalia. Miles de personas indignadas, que están viendo atropellados sus derechos nacionales y civiles, y que, sin embargo, se mantienen obedientes ante las instrucciones de sus líderes (Govern y las entidades soberanistas Òmnium Cultural y, sobre todo, ANC, el enorme lobby independentista al que no se le escapa un detalle sobre todo lo que tenga ver con el procés).

Los únicos que se salen un poco de este absurdo modelo de revolución ordenada y obediente son los militantes de la CUP. Para la izquierda anticapitalista el escenario de relativo caos (que no violencia) en el que estamos entrando tímidamente es la oportunidad de desbordar el procés. Estos últimos días ha salido a la calle mucha gente joven, y otra mucha que, sin ser independentista, se ha movilizado como reacción al ataque contra las libertades perpetrado por el gobierno central. Prohibir actos en los que se iba a debatir sobre el derecho a la autodeterminación, prohibir el debate de ideas… Insólito y escandaloso…, pero no sorprendente.

El viernes por la noche estuve en Barcelona. Pasé junto al edificio de la Universitat de Barcelona en Gran Via, frente a la plaza Universitat, que llevaba varias horas ocupado por los estudiantes en defensa del referéndum. Había bastante movimiento. Muchas esteladas y mensajes en trozos de papel y cartón que los jóvenes colgaban en árboles y vallas. Seguramente la inmensa mayoría de los que estaban allí tenían la sensación de estar viviendo un momento histórico, como el miércoles los miles de personas que se concentraron junto a la sede de la CUP en respuesta al intento de registro policial. Incluso las decenas de miles que pasaron todo el día frente a la conselleria d’Economia mientras era sometida al registro de la Guardia Civil (también allí se instaló un escenario con megafonía).

Lo que quería explicar es que mientras los estudiantes, con esa sensación de estar protagonizando una revolución, se hacían suya la universidad, a veinte metros la vida nocturna de Barcelona era exactamente la misma que la de cada noche. Montones de turistas paseando, cenando en las terrazas, entrando y saliendo de los hoteles, personas de todo tipo charlando en los parques, los skaters exhibiendo su habilidad con el monopatín, gente corriente yendo o volviendo del trabajo, y, por supuesto, el mismo tráfico de siempre. Es decir, que si te alejabas veinte metros del edificio universitario la revolución se había esfumado.

La noche del miércoles en todos los pueblos de Catalunya se escucharon sonoras caceroladas espontáneas como protesta por la operación policial contra la Generalitat. Desde entonces se repiten cada noche a las diez. En Caldes de Montbui, el pueblo donde vivo, en el que el sentimiento independentista es muy mayoritario, si la cosa sigue así pronto no quedará una sola cacerola sana. Es inevitable recordar aquel no a la guerra de Irak y la emocionante reacción colectiva a las mentiras del PP respecto a los atentados del 11 de marzo de 2003 en Madrid.

Si el procés fuera un movimiento revolucionario, lo que ha ocurrido esta semana habría activado el desborde definitivo. Se ha oído hablar de huelga general, pero dudo que se produzca. Para la izquierda que ve en la independencia la oportunidad de construir un estado más justo, el escenario revolucionario es la única oportunidad; que la gente se haga definitivamente suyo el movimiento, al margen de gobernantes y entidades que dictan las instrucciones a seguir. Pero que ocurra es imposible. No descarto que pase algo, que si el PP intensifica la represión la cosa se descontrole por un tiempo.

Y eso es lo que realmente me inquieta, porque el procés, insisto, la masa que lo sostiene es, sobre todo, gente de orden. Votantes de la antigua CiU y de ERC, burgueses y socialdemócratas. La izquierda transformadora y revolucionaria es una minoría que, si se llega al caso, tendrá una capacidad limitada de mantener el pulso a la represión policial, pero acabará cediendo a la misma velocidad que la inmensa mayoría de sus compañeros de viaje regresará a la seguridad del hogar, a golpear cacerolas cada noche.

El procés es un ejemplo espectacular de capacidad de movilización en torno a una reivindicación patriótica, nacionalista, en oposición a otra nación, la española. Es, básicamente, una cuestión de símbolos. Quizás me equivoque, pero cuando la cosa se ponga verdaderamente fea (y del PP hay que esperarse lo peor), a quienes luchan por una Catalunya independiente como la herramienta para crear una sociedad más justa los dejarán con el culo al aire.

Ojalá durante estos días haya margen para el diálogo, no con el PP, del que no se puede esperar nada, ni con Ciudadanos, que si pudiera soltaría ya a los miles de policías y guardias civiles que el gobierno ha destinado a Catalunya y aloja en un crucero decorado con motivos de los Looney Toones, pero sí con el resto de fuerzas políticas. Ojalá el PSOE fuera valiente y anunciara una moción de censura (lo sé, es tan improbable como que el PP reniegue de su origen franquista), y ojalá los partidos independentistas entraran en razón y, por mucha razón que crean tener, aplazaran sus legítimas reivindicaciones para evitar la tentación del gobierno a recurrir a toda la fuerza de que dispone (que es mucha) para escarmentar a los catalanes.

Ah, y ojalá los medios de comunicación hicieran gala de la responsabilidad de la que adolecen los líderes políticos de uno y otro bando, y dejaran de avivar el fuego con gasolina. Pero claro, esos medios, en estos tiempos aciagos para el debate y el intercambio de ideas, ya no son de comunicación, sino de propaganda.

«Europa no lo permitirá y parará los pies a Rajoy». Cuánta inocencia. Europa, en el peor de los casos, como mucho, hará algún comunicado, anunciará alguna sanción de pacotilla, y pelillos a la mar. Sobre el papel de Europa, recomiendo vivamente este artículo de Rafael Poch, corresponsal de ‘La Vanguardia’ en París. Brillante y contundente.

Me gustaría que el procés fuera un proceso realmente revolucionario, que fuera el desencadenante de una verdadera transformación en el resto de España, que desembocara, por ejemplo, en la Tercera República. Pero no lo es, y mira que hay gente a la que aprecio que lo cree de verdad, que piensa que es una oportunidad a la que no podemos renunciar, pero es que hay tantas cosas que chirrían… Una revolución tiene que ser sobre todo social, que su desencadenante sea la voluntad de transformar una realidad manifiestamente injusta a partir de valores como la solidaridad, el altruismo y la justicia social. Pero lo que pasa en Catalunya no va de eso, sino básicamente de sueños nacionalistas y resentimiento. No voy a profundizar en el tema, porque ya he escrito varios artículos sobre ello.

El caso es que me apena la situación a la que hemos llegado, y me conformaría con que eso fuera todo, y que la inquietud por lo que pueda pasar acabe esfumándose. Por ahora, sin embargo, la sensación extraña sigue ahí.

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Fer la revolució de bracet del poder / Hacer la revolución de la mano del poder

Artur Mas independentista

(La versión en castellano, a continuación de la catalana)

No sóc independentista, ni nacionalista. No tinc sentiments patriòtics. No els tinc respecte a Catalunya, però tampoc cap a Espanya. No sóc patriota, no entenc que hi hagi tanta gent que s’emociona amb un tros de tela de colors i un himne. No sento més estima per un català o un espanyol pel simple fet de ser-ho que la que pugui sentir per qualsevol persona del lloc més recòndit del món. Em posa malalt sentir coses com “primer els d’aquí” com a justificació a per què no hauríem de ser solidaris amb, per exemple, les persones que fugen de les guerres o la pobresa.

Sempre he pensat que l’origen de tots els mals que pateix (i provoca) l’ésser humà és el comportament aldeà. Ens comportem com a aldeans, com a subjectes individuals agrupats en petites comunitats desconnectades de la resta, no com a espècie. No vull dir amb això que les particularitats, els fets diferencials, els trets culturals, siguin dolents. Ni molt menys. El problema és quan percebem els trets culturals del altres com a amenaces, quan ens entestem a considerar allò nostre com a millor que la resta i ho justifiquem amb el menyspreu, la desqualificació i, fins i tot, la imposició. D’exemples n’hi ha milers al llarg de la història.

Suposo que és una qüestió genètica: els humans necessitem sentir-nos part d’alguna cosa que es contraposi a altres coses. El sentiment de pertinença deu omplir un buit que d’altra manera ens costaria massa d’alimentar.

Tinc amics independentistes, molts dels quals ho són ara però ni s’ho plantejaven fa només cinc o sis anys. Ja he escrit sobre el tema i crec que les raons d’aquest procés són òbvies: les polítiques de menyspreu cap a Catalunya que s’han dut a terme des del govern central, per part del PE (anteriorment PSOE) i, sobretot, el PP, la principal i més efectiva fàbrica d’independentistes del món. Continue reading “Fer la revolució de bracet del poder / Hacer la revolución de la mano del poder”

Defensem l’escola pública / Defendamos la escuela pública

Forges - educación

(La versión en castellano, a continuación del texto en catalán)

Quin és el principal problema que pateix la nostra societat? L’atur, la corrupció, la crisi econòmica… Greus problemes aquests, sens dubte, però en la meva opinió el més greu és el maltractament a què les administracions han sotmès sistemàticament l’educació pública. Crec, sincerament, que bona part dels mals que patim avui són conseqüència de la manca de voluntat política per fer de l’escola pública el pilar sobre el qual construir una societat cohesionada, que doni respostes a les necessitats de les persones.

Aquest és un debat que em podria portar a escriure una tesi, però deixaré de banda la qüestió ideològica per centrar-me en fets concrets.

Des de fa dos anys visc a Caldes de Montbui, un poble preciós del Vallès Oriental, a 30 quilòmetres de Barcelona. Tenim tres escoles públiques: El Farell, El Calderí, i la Montbui, on aprèn el meu fill de cinc anys; i una concertada: la Pia. Pel que fa a l’educació secundària, hi ha un institut públic, el Manolo Hugué, i el concertat de l’Escola Pia. Continue reading “Defensem l’escola pública / Defendamos la escuela pública”

La gran estafa

consulta

(La versión en castellano está después de la catalana)

Jo volia votar. Defenso el dret a decidir dels catalans, com defenso el dret a decidir de tota persona respecte a qualsevol aspecte que influeixi sobre la seva vida. És a dir, defenso el dret a decidir referit a la identitat nacional, però també respecte a les retallades socials, el rescat del sistema financer, el pagament del deute públic, la privatització dels serveis públics i qualsevol altra decisió rellevant. Per deixar-ho clar, de totes les qüestions sobre les que una persona hauria de poder opinar en democràcia, les identitàries són les que menys m’interessen.

És evident que hi ha una majoria de catalans que vol decidir sobre la relació que aquest país ha de tenir amb l’Estat. I malgrat sigui una opinió a contracorrent, encara crec que l’independentisme no és l’opció majoritària. És de sentit comú (del que estan mancats per complet els qui governen a Espanya) arribar a la conclusió que per determinar què pensa la ciutadania el més útil seria fer un referèndum o una consulta. Jo la volia aquesta consulta, i hi hauria votat. Ja ho he escrit altres vegades. Hauria votat sí a un Estat propi i no a la independència. Opino que l’Estat ha de ser un ens el menys centralitzat possible i que les nacions, com Catalunya, necessiten més autonomia per tenir una relació honesta, en igualtat de condicions, amb l’Estat. Continue reading “La gran estafa”

Jo vull votar, però puc esperar / Quiero votar, pero puedo esperar

forges

(La versión en castellano está a continuación de la catalana)

La gestió del conflicte català per part de les institucions de l’Estat no podria ser més lamentable. Fa temps que dic (i molta altra gent) que la principal màquina de fabricació d’independentistes és el PP, el Tribunal Constitucional i tota la caspa reaccionària espanyola, inclòs, evidentment, bona part del PSOE, la que té via lliure als mitjans de comunicació de les grans corporacions mediàtiques.

No em posaré ara a buscar les arrels del problema. Tothom les coneix. Cada negativa a escoltar, cada “no”, cada “la Constitució no ho permet”, cada “en un Estat de dret s’han de complir les lleis” l’únic que ha aconseguit és fer la bola més gran, fins que hem arribat al moment en què no hi ha sortida possible: el govern espanyol no cedirà ara que s’ha suspès la consulta i el govern català no té opció de fer-se enrere en el desafiament a l’immobilisme espanyol. Continue reading “Jo vull votar, però puc esperar / Quiero votar, pero puedo esperar”

El Día de la Marmota

viñeta forges

Este país llamado España hace tiempo que vive inmerso en el Día de la Marmota. Al menos esa es la sensación que yo tengo. Nuestro presidente, Mariano Rajoy, también conocido como ‘El señor de los chuches’ o ‘de los hilillos de plastilina’, está pletórico porque la economía española va como un tiro, hasta el punto de haberse convertido en poco menos que la locomotora de Europa. El milagro español (por obra y gracia del PP) es célebre ya en todo el mundo, incluido ese modelo a seguir en todos los aspectos, también en derechos humanos, que es China. Cambiad el “shesheo”, la barba y las gafas de nuestro amado líder por el careto del Mr. Bean socialista, nos desplazamos cuatro o cinco años atrás, y ahí lo tenemos, hablando de brotes verdes. Continue reading “El Día de la Marmota”

Jo vull votar / Quiero votar

Viñeta fronteras

(La versión en castellano está a continuación de la catalana)

Vull votar el 9N. Votar no pot fer mai mal a ningú, i menys quan el que podrà convocar el Govern és una consulta, no un referèndum vinculant. No entenc quin problema hi ha a conèixer l’opinió de la gent.

Jo no vull la independència de Catalunya perquè m’il·lusiona molt més el repte de lluitar per la regeneració de l’Estat. No veig cap avantatge a la independència ni tinc cap sentiment patriòtic que em faci desitjar-la, però, evidentment, respecto profundament tot aquell qui tingui el somni de viure en una Catalunya independent. Continue reading “Jo vull votar / Quiero votar”

¡Que salimos de la crisis!

viñeta Forges neoliberalismoLlevo unos días bastante desconectado de la actualidad. Me he enterado de que se continúan destapando evidencias sobre los cobros de sueldos en negro de todo “quisqui” en el PP; que Sorayita dijo el otro día que ha llegado el momento de que los políticos también se sacrifiquen (con el colchón que han acumulado en su partido les será menos sacrificado); que Wert sigue haciendo méritos para figurar en los anales de los ministros más infames (ahora resulta que si no llegas al 6,5 deberías cambiar de estudios… Pues parece que su compañero presidente del gobierno y Súper Josemari pertenecen al club de los zoquetes… nada sorprendente, por otra parte). Continue reading “¡Que salimos de la crisis!”

Érase un Estado que no creía en la educación

educacion

Muchos miles de personas han salido a la calle este jueves para reclamar una educación de calidad. Para protestar contra la enésima reforma de la ley educativa y pedir, de paso, la dimisión o destitución del ministro José Ignacio Wert, uno de los personajes más siniestros que haya pasado por el gobierno español. Cientos de miles de estudiantes, maestros, profesores y personal de los centros educativos han hecho huelga (otros muchos no), convencidos de que la presión social es necesaria en momentos tan lastimosos como el que estamos viviendo; de que es nuestra única defensa frente a las tropelías que está cometiendo el poder (político y financiero). De momento, lo que han conseguido es que el Consejo de Ministros de este viernes no apruebe la Ley Wert. El PP no quiere echar más leña al fuego de la contestación ciudadana y ha pedido al ministro que busque el consenso para no volver a aparecer solos en la foto. Después de todo, tratándose de una reforma ideológica sin aparentes implicaciones económicas, no hay tanta prisa por aprobarla. Continue reading “Érase un Estado que no creía en la educación”