Cultura que acompaña

Novelas Benjamín Recacha García

La semana pasada ofrecí a través de Twitter la posibilidad de leer cualquiera de mis novelas en formato digital. Son días extraños para todos. Estamos inquietos, asustados, tristes, solos, desanimados, indignados, tensos, desmotivados… Cada uno lo lleva a su manera. Por suerte, quienes disponemos de un hogar, gozamos de (más o menos) buena salud, y (todavía) no sufrimos por el sustento, encontramos distracciones con las que sobrellevar el confinamiento. Como, por ejemplo, las montones de iniciativas que han surgido a través de las redes para compartir cultura de forma espontánea y altruista. Seguir leyendo “Cultura que acompaña”

‘Visiones tras el velo’: mirar más allá de lo evidente

Marta Edda - Benjamín Recacha
Momento en que me hice con mi ejemplar dedicado de ‘Visiones tras el velo’ (la chica del centro no sé quién es).

Como autor (casi) anónimo que soy, consciente de lo complicado que es asomar la cabeza en el mundo editorial y de los ánimos que infunde que se reconozca el trabajo de uno, me gusta leer libros de otros compañeros tan anónimos como yo. No siempre los disfruto (como no disfruto de todos los de autores consolidados), y me duelen los ojos cuando tropiezo con obras mal editadas (también sucede con las que llevan sellos reconocidos), pero de vez en cuando aparece una joya que, quizás por inesperada, disfruto el doble.

Es el caso de Visiones tras el velo (Célebre Editorial, 2019), la primera novela de Marta Edda Laiz, joven coruñesa que tuve el placer de conocer en diciembre en Valencia, con motivo de la Hispacón, y que ya he incluido en el listado «leer todo lo que publique».

Visiones tras el velo es el primer libro de la saga que protagoniza Rafael Keller, un tipo de los que en la vida real la inmensa mayoría de la gente procura evitar o, a lo sumo, trata con esa lástima condescendiente tan dolorosa para quienes la sufren. Es lo que sin usar eufemismos llamaríamos enfermo mental. Esquizofrénico, acosado desde la infancia por visiones continuas de monstruos terribles, epiléptico y, para colmo, tartamudo. Un miserable de manual, de esos que, como decía, preferimos mantener bien apartados.

Menudo protagonista, ¿no? ¿Acaso a Marta no se le ocurrió uno menos atractivo? Me la imagino devanándose los sesos por dar con el antihéroe menos entusiasmante de la historia de la literatura fantástica… ¿Quizás no quiere vender libros?

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En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)

Hispacón 2019
De dcha a izqda: Gemma Solsona, Júlia Díez, Greta Mustieles y yo, hablando sobre spoilers.   Foto: Sergi Albir

El viernes por la noche las calles de Valencia eran testigo de un grupo de adultos que bailaban al ritmo del Ghostbusters que nos habíamos quedado con las ganas de escuchar en la virtuosa guitarra eléctrica de Alberto Sánchez, quien nos había regalado un animado recital de versiones cinematográficas. La velada la había abierto la sorprendente voz de Sofía Rhei, quien, acompañada por las notas intimistas de su guitarra, nos dejó con la boca abierta recitando sus poemas «bisexuales» (a lo que ya me referí en la primera parte de esta crónica).

«¿Ghostbusters? Really?» Lo sé. Uno empieza a tener una edad, y a veces olvida dónde ha dejado el criterio musical (y Gemma Solsona, que es una mala influencia). Pero sólo a veces.

El «concierto» continuó en el taxi, para desgracia del sufrido conductor, que flipó bastante. Pero qué risas…

Hispacón 2019
La logística para salir de ahí era demasiado complicada, así que Júlia tuvo que pasar bajo la mesa…

La noche siguiente, la de la cena de gala y la entrega de los premios Guillermo de Baskerville, Ignotus, Domingo Santos y Gabriel, también fue muy musical. Debe ser que viajé a Valencia con el cuerpo bailongo, porque lo mejor del evento fue el discotequeo posterior, muy ochentero. Lo de la edad, ya sabéis… Bueno, el discotequeo y la elegancia de Júlia pasando por debajo de la mesa para poder ir al baño. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)”

En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)

La PAE en Hispacón 2019
La alineación de la PAE en Valencia: Iván Albarracín, Gemma Solsona, yo, Greta Mustieles, Jose Bonilla y Júlia Díez (falta Manu Gris, que se había fugado a una charla).   Foto: Sylvia Sanz

El viernes 5 escribí un tuit en el que anunciaba que me iba a la Hispacón de Valencia con el firme propósito de pasarlo en grande junto a mi familia literaria de la Plataforma de Adictos a la Escritura (PAE), con quienes las risas están siempre aseguradas. El caso es que poco después mi admirado José Ángel Jarné, siempre con la tecla a punto, me sugería como respuesta al mensaje que tomara buena nota de todo para redactar una de esas crónicas que tanto aprecia mi otra gran familia literaria, la de la Asociación de Escritores Noveles (AEN), y yo, que soy un chico aplicado, me pertreché con boli y libreta, dispuesto a apuntar todo lo interesante que llegara a mis oídos.

Pues bien, Jose, lamento decirte que durante las tres jornadas en el Museo de Ciencias Naturales no escribí ni una letra. Pero no te preocupes, que crónica hay. Esta. En entrega doble. Menos profesional que las de los Congresos de Escritores a las que os tengo (mal) acostumbrados, pero creo que va a ser entretenida. Por cierto, que me muero de ganas de volver a Gijón, así que ya estamos preparando el V Congreso, que toca en 2020.

Vaya por delante que la Hispacón es una reunión de autores y aficionados a la literatura de fantasía, terror y ciencia ficción, géneros de los que yo conozco poco. Tampoco estoy al día del mundillo ni de las movidas que generan afinidades y recelos entre quienes suelen frecuentar foros similares, así que acudía a Valencia con los ojos y las orejas abiertos, dispuesto a aprender, a conocer a gente maja y, sobre todo, lo más importante, a reír mucho. Y debo decir que todos los objetivos se cumplieron con creces. El de las risas, el que más. Compartiendo (mini)apartamento con Manu, María, Gemma, Greta y Ender (la reencarnación del Fújur de la versión cinematográfica de La historia interminable; es un perrazo tan enorme como simpático), era complicado no lograrlo. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)”

«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo

Te diré que estoy vivo

El recuerdo mueve nuestras vidas o las estanca. ¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de instalarse en la nostalgia? O, por el contrario, el recuerdo de los momentos felices nos ha impulsado a avanzar para acumular más de esos.

A veces la frontera entre la euforia y la nostalgia se diluye, y se hace necesario pisar firme para anclarse en la realidad y tomar perspectiva, porque aunque los recuerdos configuren la persona que somos, no se puede vivir en ni de ellos.

O no deberíamos.

La teoría es sencilla, pero a veces resulta difícil aplicarla. Los seres humanos nos guiamos por las emociones; ansiamos sentir, porque cada vez que sentimos acumulamos recuerdos. Lo normal es que el dolor y la alegría compartan protagonismo, de forma que lo complicado es evitar que un presente demasiado doloroso devore la máquina generadora de instantes memorables, y nos ancle al pasado. Seguir leyendo “«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo”

Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo

Coraline - Ilustración de Dave McKean
Las ilustraciones de Dave McKean son un complemento perfecto para la historia de Neil Gaiman.

Ser valiente no tiene tanto que ver con una disposición ante la vida como con la adaptación a lo que esta nos depara. El grado de valentía depende, además, del tipo de circunstancias que debemos afrontar. No es lo mismo atreverte a lanzarte de cabeza a la piscina desde un trampolín, pedirle una cita a la persona que te gusta, decidirte por una carrera vocacional en lugar de la que (dicen que) te garantiza un empleo o cambiar de trabajo, que enfrentarte a un grupo de nazis que acosan a alguien en el metro, proteger a tus hijos en un país en guerra, lanzarte al mar con tu familia en busca de un futuro o coger un arma para defender tu pueblo de una invasión.

Todas ellas son decisiones que requieren valentía, sin duda, pero es obvio que las del segundo grupo resultan mucho más críticas. Paradójicamente, las del primero permiten una reflexión previa sin que exista presión externa. Es decir, son producto de una elección, mientras que las otras nos las encontramos sin haberlas buscado (y que no se presenten nunca), y nos exigen actuar, sin tiempo apenas para entender qué ocurre. Seguir leyendo “Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo”

“Mi último verano”: la obligación de perder la inocencia

Mi último verano - David Almond

Una de las consecuencias de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados fue la aparición en escena del autodenominado Estado Islámico, que rápidamente extendió el terror por Occidente mediante el secuestro de periodistas, cuyas ejecuciones difundía a través de Internet.

Uno de esos periodistas podría haber sido Greg Armstrong. Su desaparición, los vídeos de ejecuciones y la preocupación por la guerra forman parte de la atmósfera con que David Almond envuelve Mi último verano (Ediciones SM, 2009; Jackdaw Summer es el título original, publicado un año antes. Traducción de Alexandre Casal).

El protagonista de la novela es Liam, hijo único de una pareja de artistas, un escritor y una fotógrafa y pintora que parecen tan perdidos como él en un mundo donde los ideales han ido cediendo terreno frente al pragmatismo y, con el paso de los años, al cinismo. Liam se resiste a «crecer», si eso supone verse sometido a una realidad tan gris. Se resiste a renunciar a los veranos donde uno podía dejarse guiar por el instinto, y se resiste a aceptar que hacerse mayor, entre otras cosas, significa perder el derecho a dejarse sorprender por cada nuevo día y asumir que el mundo es un lugar hostil. Seguir leyendo ““Mi último verano”: la obligación de perder la inocencia”

‘Mientras escribo’: todo vale… siempre que cuentes la verdad

Mientras escribo - Stephen King

«El acto de escribir puede abordarse con nerviosismo, entusiasmo, esperanza y hasta desesperación (cuando intuyes que no podrás poner por escrito todo lo que tienes en la cabeza y el corazón). Se puede encarar la página en blanco apretando los puños y entornando los ojos, con ganas de repartir ostias y poner nombres y apellidos, o porque quieres que se case contigo una chica, o por ganas de cambiar el mundo. Todo es lícito mientras no se tome a la ligera. Repito: no hay que abordar la página en blanco a la ligera».

No me gustan los manuales de escritura. No me llaman la atención los cursos de escritura (no digo que no sean útiles). Huyo como de la peste de cualquier artículo cuyo título sea algo parecido a «[cualquier número entre 5 y 99] consejos para escribir [cualquier género literario]», y me fío de quienes afirman tener las claves para convertirte en un autor de éxito tanto como de los políticos (en ambos casos se trata de vendehúmos).

Ahora bien, acabo de leer Mientras escribo, que podríamos considerarlo un manual de escritura, y automáticamente ha ascendido al Olimpo de mis lecturas favoritas de todos los tiempos. Hay que decir que su autor, el maestro Stephen King, no tiene nada del vendehúmos tradicional y sí la impagable capacidad de transmitir su pasión por la escritura de un modo natural, sin resultar empalagoso, sin pontificar y sin poner paños calientes (a mí me mandaría de cabeza a la categoría regional de los escritores vulgares por el rimbombante adverbio de la segunda línea de este largo párrafo).

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Víctor del Árbol reivindica en ‘Antes de los años terribles’ el derecho a las segundas oportunidades

Víctor del Árbol - AEN Barcelona
Junto a mis amigos de la AEN, Mar González y Joel Maniviesa, y Víctor del Árbol.

Que la presentación de un libro acabe con el autor firmando ejemplares sentado en un banco de Rambla Catalunya porque no le ha dado tiempo antes del cierre de la librería me parece motivo de celebración. Hay que decir que Víctor del Árbol tiene la buena costumbre (para sus lectores, no tan buena probablemente para sus acompañantes) de tomarse el tiempo que sea necesario con cada una de las personas que esperan ilusionadas a que les dedique unas palabras, de modo que la cola avanza despacio y, claro, acaba pasando que a las nueve de la ¿noche? los empleados de La Casa del Llibre, con toda la razón del mundo, se quieren ir a su casa o a donde les apetezca.

Así que, la foto lo atestigua, nos echaron la persiana, y la presentación de Antes de los años terribles (Ediciones Destino) concluyó en un banco de una de las principales calles de Barcelona; y todos contentos por poder contar la anécdota.

Desde luego, que Víctor del Árbol lo pete con su última novela no es anecdótico, sino fruto del trabajo de muchos años, de agarrarse al sueño de estremecer con la literatura y de sentir que cada nueva historia que ofrece al mundo es la primera, la más especial. Eso al menos es lo que transmite, pero claro, uno puede agarrarse a un sueño y luchar muy duro por hacerlo realidad, pero si carece de la habilidad para, en este caso, contar historias, poco hay que hacer. Víctor tiene ese don, y otro que me parece casi tan valioso: sabe contagiar su pasión, por eso es normal que no quede ni una silla libre en la enorme librería barcelonesa y que tanta gente haga cola para que le firme el libro, pero sobre todo para intercambiar unas palabras que saben que no sonarán a hueco. Seguir leyendo “Víctor del Árbol reivindica en ‘Antes de los años terribles’ el derecho a las segundas oportunidades”

Coedición: hacer negocio con la ilusión de publicar

Cervera Vila del Llibre
Escritor desesperado al darse cuenta de lo que significa un contrato de coedición.

Tengo el blog abandonado. Esta recachita, que tantas alegrías me ha dado y tanta compañía me ha hecho, hacía demasiado que esperaba paciente mi regreso, y por fin estoy aquí, sin más excusa para justificar el retraso que la trillada falta de tiempo. Ha tenido que ser un encargo de mis amigos de la AEN – Asociación de Escritores Noveles lo que me hiciera ponerme las pilas. «¿Por qué no escribes un artículo sobre la coedición?», me retó Jose Jarné, siempre con la antena puesta, y, obviamente, no me podía escaquear.

Ahí va.


Publicar. Cuántos aspirantes a escritor sueñan con ver su primera novela en los escaparates, rodeada de las de tantos autores consagrados.

Fantaseamos con el éxito, con que nuestras historias estremezcan, con que miles de lectores se sientan acompañados por nuestros personajes… Y, claro, cómo no dejarse engatusar por quienes, con buenas palabras y promesas vagas, se interesan por nuestra obra.

Nos ofrecen publicar, y nos dicen que compartiremos espacio con los «grandes», en esos grandes almacenes de cultura empaquetada.

Nuestra novela, en la que tantas esperanzas hemos depositado, a la que tanto esfuerzo hemos dedicado. En papel, con un sello editorial, que puede que no sea muy conocido, pero, oye, por algo hay que empezar. Y estará en las tiendas, y la gente la podrá comprar…

Eso sí, como la editorial está apostando por un autor desconocido, como se está arriesgando por nosotros, nos pide contribuir con un pequeño esfuerzo extra: que nos hagamos cargo de una parte de la inversión.

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