Amapolas

‘Salto al reverso’ ha abierto una convocatoria para que sus autores contribuyan a la antología anual con obras que respondan al tema “etéreo”. Mi contribución es el soneto que comparto, que, por si la osadía de disfrazarme de poeta no era suficiente, lo he compuesto con versos alejandrinos. No seáis muy duros…

SALTO AL REVERSO

Campo de amapolas en Gallecs.   Foto: Benjamín Recacha

Sentado en el prado se me pierde el pensamiento

en sueños de verde casi siempre inalcanzable.

Pregunto a la vida por qué no es más razonable,

que duele demasiado ver tanto sufrimiento.

Y la vida, respondiendo a mi angustia, florece.

De entre la hierba, altiva surge la amapola.

Tan hermosa, tan roja, la pasión enarbola.

La llama se contagia y la esperanza aparece.

Cielo azul, nubes blancas, todo el campo florido.

Sinfonía de trinos, banquete de colores.

El sueño de la primavera embriaga al dormido.

Pero breves e irreales son los sueños traidores.

Despierto, y pronto vuelvo a sentirme perdido.

Promesas etéreas de las escarlatas flores.

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La mujer de la montaña

III Congreso de EscritoresEl año pasado por estas fechas escribí un cuento que se publicaría en el libro de relatos 40 colores, incluido el negro, una de las iniciativas de la Asociación de Escritores Noveles (AEN) para conmemorar su décimo aniversario. Inspirado (una vez más) por ese paraíso que es el Valle de Pineta y su entorno, lo titulé ‘La mujer de la montaña’. Es uno de los relatos de los que me siento más satisfecho, así que me apetecía compartirlo con quienes tengáis la paciencia de leer sus 3.400 palabras. Os dejo con el principio y, si os abre el apetito lector, al final podéis visitar el enlace donde lo encontraréis completo en pdf.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido - Circo de Pineta
Las impresionantes montañas que protegen el Valle de Pineta, un paisaje de cuento.   Foto: Benjamín Recacha

Me gusta sentarme junto a la ventana, sobre todo en invierno. A mediodía el sol inunda la oficina y entonces llega mi momento. Cierro los ojos y me dejo acariciar por la calidez de los rayos, que me transportan a aquellos días de mayo en la Sierra de Espierba.

Ha pasado mucho tiempo, pero aún hoy, cuando lo recuerdo, me entran las dudas sobre si fue un sueño.

Me levantaba temprano para caminar por el bosque. Me gustaba escuchar a mirlos, petirrojos y ruiseñores dándome los buenos días. Era la mejor compañía que por entonces podía esperar. En verdad, no deseaba otra.

El aire frío de la mañana me hacía sentir vivo. Agradecía aquellos zarpazos que se agarraban a mi cara y sentir cómo se abrían paso hasta los pulmones.

Había llegado hasta aquella diminuta aldea perdida en el Pirineo Aragonés rebotado de una lamentable experiencia laboral y una no menos lamentable relación (des)afectiva. En aquel momento detestaba a la especie humana y aborrecía la civilización, así que me había fabricado la ilusión de que podía apearme de ella.

La dueña de la casa donde me alojaba me recomendó la ruta. Se internaba en el bosque por la pista que, una hora de suave ascensión después, desembocaba en un apabullante mirador natural. Desde lo alto de la sierra se admiraban las imponentes moles pirenaicas y los verdes valles que, muy abajo, aparecían surcados por brillantes hilos de plata.

La primera vez me quedé allí embobado, disfrutando de la ausencia del tiempo. El desfile de las nubes juguetonas era el único síntoma de que no me encontraba dentro de una postal. Bueno, las nubes… y mis tripas, que al cabo de un rato me recordaron que necesitaba alimentarme, así que saqué el bocata de la mochila y lo degusté como el más delicioso de los manjares.

Los días siguientes el ingrediente de la sorpresa dejó paso al del deseo por regresar, y una semana después la excursión se había convertido en una necesidad vital.

Aquella mañana el bosque era el mismo, con sus educados habitantes alados, que saludaban a mi paso, las mismas ardillas que saltaban huidizas de rama en rama, la misma brisa que me hacía sentir vivo y el mismo sendero que conducía a la cima desde donde contemplar las moles calcáreas y las nubes con sus formas caprichosas.

Me senté en la misma roca, saqué el bocata y lo saboreé con el mismo placer de cada mañana. Aquella era una rutina muy diferente de la que había acabado despojándome de alicientes. En aquel momento lo que más deseaba era que cada jornada fuera una repetición de la anterior.

Y entonces la vi.

Si te apetece leerlo completo, aquí tienes el enlace.

Náufragos que se encuentran, un fragmento de ‘Con la vida a cuestas’

Hace dos años publiqué mi segunda novela, Con la vida a cuestas, y creé un blog para que sus personajes “se expresaran”. Si apenas dispongo de tiempo para escribir aquí, a ‘Un paseo por la vida’ lo tengo aún más olvidado, pero Alberto, el protagonista, ha querido recordarme que ellos siguen ahí…

Todo empezó con ‘Copenhague’…

Un paseo por la vida

Nájera Monasterio de Santa María la Real, en Nájera.   Foto: Mónica Esteban

Ha pasado tiempo desde aquel viaje sin rumbo, cuyo destino era encontrarme. Un viaje que inicié sin ilusión ni esperanzas, pero que acabó transformándome, gracias sobre todo a la gente que fui encontrando en el camino. Como Miguel, el primer navegante solitario con el que topé, que me llevó a La Rioja y a empezar a darme cuenta de que éramos muchos los náufragos que va dejando la vida.

Con la vida a cuestas es la novela que recoge mi aventura y la de varias de esas víctimas que, después de todo, y a pesar de las circunstancias, no dejan de luchar por mantenerse a flote. Os dejo con un fragmento de mi encuentro con Miguel Luján. Si os pica la curiosidad, aquí podéis leer varios capítulos más.

Tal y como había prometido Miguel Luján, aquella noche cenaron y…

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Centrifugando recuerdos (XXVIII)

Incapaz de mantener una periodicidad por la falta de tiempo, pero con el compromiso firme de acabarla, os dejo con una nueva entrega de Centrifugando recuerdos, la 28ª. Espero que la siguiente no se hará esperar tanto como ésta.

Podéis leerla al ritmo de la preciosa ‘Sirens’ de Pearl Jam.

SALTO AL REVERSO

Centrifugando recuerdos

(Los capítulos anteriores los puedes leer aquí)

Cuando Tere abre la puerta se encuentra con la mano de Sara sosteniendo una llave huérfana de cerradura. Tras la sorpresa inicial, las dos ríen, algo nerviosas, pero enseguida se hace un silencio incómodo, como si cada una tuviera en mente algo de lo que prefiriese no hablar en ese momento (o en ningún otro), pero temiese ser descubierta.

Tere se debate entre la atracción y el dolor de tenerla tan cerca y, sin embargo, tan inalcanzable. Pero quiere huir de eso, necesita poner distancia. En ese momento no quiere ser la amiga incondicional, confidente y consejera. No quiere ser el hombro sobre el que llorar ni la sonrisa siempre dispuesta. Eso es lo que se dice.

Sara, empapada, nota cómo el frío le sube desde los pies mojados, a la vez que le desciende por la espalda. Está confusa, una vez…

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Mi experiencia con las plataformas digitales de publicación (colaboración con ‘El blog de Valentina Truneanu’)

Benjamín Recacha García - 'Memorias de Lázaro Hunter'

Ahora que cada noche debo elegir a qué dedicar la hora de que dispongo antes de que los párpados me digan basta (suponiendo que durante esa hora las neuronas sean capaces de producir alguna sinapsis), probablemente ‘la recacha’ sea la principal perjudicada. Lamentablemente, no puedo invertir nada de tiempo en crear contenido nuevo, porque, o escribo aquí o trato de arrancarle a mi cerebro fundido unas decenas de palabras que configuren algo mínimamente digno de ser denominado “creación literaria”.

Sin embargo, de vez en cuando alguien piensa que puedo explicar algo de cierto interés para sus lectores y, obviamente, no puedo negarme. Es el caso que nos ocupa hoy. Valentina Truneanu, bloguera y escritora cuyos utilísimos artículos han salvado la vida a no pocos autores indies desorientados, me propuso hace un par de semanas compartir mi experiencia con las plataformas digitales de publicación para un artículo coral, en el que también han participado Miguel Ángel Alonso Pulido y Ana González Duque.

El resultado lo tenéis a continuación, pero creedme si os digo que lo que cuentan Miguel Ángel y Ana en ‘Experiencias de venta en distintas plataformas de publicación’ (el texto completo de Valentina) es más interesante, aunque sólo sea porque a los habituales de ‘la recacha’ ya os he machacado bastante con mis batallitas. Sigue leyendo “Mi experiencia con las plataformas digitales de publicación (colaboración con ‘El blog de Valentina Truneanu’)”

Tienda en línea

Si ‘Salto al reverso’ ya era un proyecto lo bastante atractivo, a partir de ahora aún lo será más por dos motivos: el lanzamiento de su propio sello editorial, con el que dar visibilidad a la obra de autores independientes; y la apertura de una tienda en línea donde poder adquirir productos diversos, como las revistas impresas, camisetas, y también mis libros. Sí, gracias a Carla y al resto de amigos de la familia ‘Salto al reverso’, El viaje de Pau, Con la vida a cuestas y Memorias de Lázaro Hunter: los caminos del genio ya están disponibles en formato físico en México. Un paso más, del que me siento feliz y muy agradecido. A ver qué tal se da la cosa.

SALTO AL REVERSO

Hemos abierto una tienda en línea en la plataforma Kichink.

Para ingresar hagan clic aquí:

kichink.com/stores/saltoalreverso

En ella, hemos puesto a la venta productos físicos y digitales:

  • Camisetas
  • Postales
  • Revista Salto al reverso 1 – 8 (descarga digital)
  • Revista Salto al reverso 1 – 8 (impresas)
  • Claro Oscuro – Carlos Quijano (impreso)
  • El viaje de Pau – Benjamín Recacha (impreso)
  • Con la vida a cuestas – Benjamín Recacha (impreso)
  • Memorias de Lázaro Hunter – Benjamín Recacha (impreso)

Todos los ingresos serán destinados a costear los gastos de Salto al reverso como proyecto.

Un juego de postales será incluido como regalo en cada compra durante el primer mes de apertura de la tienda.


Artículos promocionales

Ponemos a la venta postales y camisetas con el logotipo de Salto al reverso. Existencias limitadas.


Revistas Salto al reverso (descarga digital)

Ponemos a la venta la descarga digital de las ocho revistasSalto al reverso a un precio simbólico. Las…

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Centrifugando recuerdos (XXVII)

Superadas las 46.000 palabras, Centrifugando recuerdos ya es una novela, a la que, sin embargo, aún le queda mucho por contar. A un ritmo más lento (el que me permite mi disponibilidad de tiempo), pero la trama sigue avanzando. Os dejo con la 27ª entrega, y la maravillosa ‘If I be wrong’ de Wolf Larsen como banda sonora.

SALTO AL REVERSO

Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

(Los capítulos anteriores los puedes leer aquí)

Después de salir de la ducha, Tere saca una cerveza de la nevera y se dirige a la ventana del comedor para bebérsela despacio mientras contempla cómo se deshacen las nubes sobre la Alhambra.

Como a media Granada, la tormenta la pilló por sorpresa y llegó a casa hecha un asco. La habitual mezcla del sudor propio con los inevitables aromas corporales de los pacientes de urgencias que impregnan la ropa, y que siempre tiene la impresión de que es imposible hacer desaparecer del todo, había adquirido una consistencia extra con las salpicaduras rebozadas en polvo, barro y las múltiples sustancias que habitan en el pavimento. Ser víctima de la tormenta más furiosa que recuerda era el epílogo perfecto a otra agobiante jornada en el hospital, con las urgencias colapsadas, sin aire acondicionado, con los…

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«Mamá, que ése dice que mi novela no vale para nada»

Benjamín Recacha - El viaje de Pau

La Asociación de Escritores Noveles (AEN) ha publicado en su web un artículo de mi autoría en el que reflexiono sobre la manera en que los escritores encajamos las críticas. En general, por mucho que digamos que no nos afectan los comentarios negativos, la verdad es que no nos hacen ni puñetera demasiada gracia. En mi opinión, se trata de una actitud bastante infantil, pero mejor os dejo con el artículo…

Hace unos meses, un lector dejó un comentario muy poco edificante en Goodreads sobre mi novela El viaje de Pau. La calificaba de “aborto” y afirmaba que lo más profundo del libro son los ladridos del perro. No voy a decir que tales “piropos” hacia mi primera obra, a la que tengo un cariño infinito, me resbalaran, pero la verdad es que tampoco me ofendieron.

Le respondí que le agradecía el tiempo dedicado a la novela y que lamentaba la mala experiencia. Y entonces él se extendió un poco más en la crítica: «Me cansa que se utilice la Guerra Civil Española como excusa para escribir cualquier tontería. El libro está plagado de lugares comunes desde la primera página y teniendo que quedarme con algo, me quedo con el “guau, guau” del perro». Sigue leyendo “«Mamá, que ése dice que mi novela no vale para nada»”

Centrifugando recuerdos (XXVI)

Aunque le tenga que robar horas al sueño para escribir, Centrifugando recuerdos sigue adelante, y aunque me resulte imposible mantener la periodicidad semanal, mi compromiso con la historia de Sara y Luis es ya inquebrantable. Hay mucho que explicar todavía, episodios tan intensos como el que os presento hoy, como el implacable sol de Granada, como la feroz tormenta que se desencadena durante el encuentro de los dos jóvenes a los pies de la Alhambra, como la guitarra inigualable de Jimi Hendrix…

SALTO AL REVERSO

Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

(Los capítulos anteriores los puedes leer aquí)

Unos metros más adelante, Sara se sienta en un murete, junto al busto de piedra de un león. Aún no ha pasado un día completo desde que se despidió de la vieja estatua.

—Es impresionante, ¿verdad?

Luis se sienta a su lado.

—El qué, ¿tu vestido? —pregunta, en un nuevo arranque de atrevimiento espontáneo.

Sara ríe y se lo queda mirando. Está muy cerca. «Bésalo», se oye pensar. «Calla, ¿estás loca?», se reprocha con poca convicción. Luis parece captar el impulso reprimido de ella y eso lo envalentona. «Bésala, te lo está pidiendo», pero tarda demasiado en decidirse. Sara se aparta un poco y dirige su atención a la Alhambra, omnipresente.

—Me refiero a esa maravilla.

Luis cierra los ojos un momento. «Tienes que decirle lo que sientes. No has venido hasta aquí para tontear…

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Centrifugando recuerdos (XXV)

Esta semana (aunque un día después) he conseguido cumplir con la cita habitual con Centrifugando recuerdos. Para compensar el retraso, este capítulo 25 es más largo. Luis y Sara vuelven a encontrarse, y van a mantener una larga charla…

SALTO AL REVERSO

Foto: Benjamín Recacha

(Los capítulos anteriores los puedes leer aquí)

Luis vuelve a estar tan nervioso que no cree ser capaz de articular palabra. Lo está más que la noche en el bar del cámping, cuando ella le acarició deliberadamente la mano al entregarle la jarra de cerveza, más que cuando casi le rozó el hombro con el pecho y que cuando le sonrió como hacía tanto tiempo que nadie le sonreía. Está seguro de que esa estampa que tiene ante sí se reproducirá una y otra vez en su mente cuando esté solo. El delicioso vestido amarillo que tapa lo justo para que su imaginación vuele y que contrasta con la piel morena que cubre. «¿Cómo debe ser acariciarla?» El corazón de Luis galopa. Los pies vestidos con unas bonitas sandalias rojas, a juego con las uñas; las piernas largas y fibrosas, como el cuello, que también emerge…

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