Deseos para después del confinamiento

Abrazar a mis padres, a mi hermano y a mi pareja; jugar a fútbol con mi hijo; tomar esas cervezas prometidas por whatsapp con familiares y amigos; patear las montañas del Valle de Pineta (y cualquier otra montaña); disfrutar de los diversos proyectos literarios y de memoria histórica en los que estoy implicado y que no sabemos cuándo podremos celebrar… Poca cosa más. La verdad es que mis “ambiciones” personales para cuando esta pesadilla acabe son bastante sencillas y terrenales. No quiero comprar nada especial, ni viajar lejos, ni hacer grandes planes. Pasar tiempo con los míos, echar una mano donde pueda ser útil y escaparme a la naturaleza cuando sea posible. Eso es todo lo que necesito para sentirme realizado.

Ayer fue el cumpleaños de mi hijo. Él ya había asumido con resignación que estaríamos los dos solos en casa, que no habría fiesta ni regalos, que todo eso tendríamos que aplazarlo hasta no se sabe cuándo. Hicimos una tarta (quedó muy rica), sopló las cerillas (no había velas en el súper de al lado de casa), jugamos a un Quién es quién casero que dibujamos entre los dos y otro rato a The Simpsons en la consola. Recibió algunas llamadas de felicitación, y por la tarde lo llevé con su madre (es una de las excepciones a las restricciones de movilidad por el confinamiento). No fue el cumpleaños ideal, pero para mí, sin duda, fue el mejor día de las tres últimas semanas.

Mientras regresaba por la desértica autopista, en la radio pusieron “Quédate a dormir”, de M-Clan, una de tantas canciones pegadizas que uno canturrea sin  pararse a pensar realmente en la letra. Esta vez, sin embargo, quizás por el hecho de circular solo, relajado, sí la escuché, y me di cuenta de que en realidad estaba describiendo más o menos mi filosofía de vida. Supongo que se puede interpretar de varias maneras, pero me siento identificado con el “no quiero estar encima de ti, dudo que pudiera estar debajo”, “no tengo prisa por llegar, nunca he cogido un atajo”, “no quiero remar, y mucho menos naufragar”… Seguir leyendo “Deseos para después del confinamiento”

“El día que acabó el confinamiento, nadie salió de su casa”

Hace unos días propuse en Twitter que quien quisiera tomara la oración del título como inicio a un relato y lo continuara con su aportación. La idea era que cada nuevo fragmento tomara como referencia el anterior. Algunos lo hicieron así, pero otros partieron de la frase de inicio, de manera que han quedado diez propuestas diferentes. Como la verdad es que no esperaba tanto «éxito», no me voy a quejar del desorden; al contrario, muchas gracias por participar. Lo que sí hago es exponer a continuación todas las aportaciones y invitaros a que prosigáis la línea narrativa que os apetezca… Seguir leyendo ““El día que acabó el confinamiento, nadie salió de su casa””

Cultura que acompaña

Novelas Benjamín Recacha García

La semana pasada ofrecí a través de Twitter la posibilidad de leer cualquiera de mis novelas en formato digital. Son días extraños para todos. Estamos inquietos, asustados, tristes, solos, desanimados, indignados, tensos, desmotivados… Cada uno lo lleva a su manera. Por suerte, quienes disponemos de un hogar, gozamos de (más o menos) buena salud, y (todavía) no sufrimos por el sustento, encontramos distracciones con las que sobrellevar el confinamiento. Como, por ejemplo, las montones de iniciativas que han surgido a través de las redes para compartir cultura de forma espontánea y altruista. Seguir leyendo “Cultura que acompaña”

Prisioneros

Todos somos prisioneros. Con mayor o menor intensidad, más o menos conscientes de ello, somos prisioneros de nuestros dogmas, de nuestros prejuicios, de nuestros recuerdos, de nuestras decisiones (las que tomamos y las que dejamos de tomar), de lo que creemos que los demás esperan de nosotros, de nuestras inseguridades, de nuestros miedos, de nuestras esperanzas… de nuestras obligaciones.

Buena parte de esas obligaciones derivan de la sociedad en que vivimos, y, de ellas, un porcentaje muy elevado las asumimos con absoluta falta de entusiasmo, porque no queda más remedio, porque no se puede vivir de otra manera.

Sin embargo, cuando sucede algo tan imprevisto como la crisis sanitaria en la que nos hallamos inmersos, tan bestia, tan chocante que lo normal es que el aturdimiento por la dificultad de asimilar lo que pasa nos dure unos cuantos días, el sistema del que somos prisioneros queda al desnudo, y las conclusiones que se derivan de una observación detallada aún aturden más. Seguir leyendo “Prisioneros”

El día que morí

La falta de humanidad que azota el mundo y los viajes en metro a veces dan como resultado un texto como el que comparto. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

SALTO AL REVERSO

Imagen libre de derechos obtenida en Pixabay

El día que morí, murieron otras muchas personas, como cada día. Yo lo hice después de una vida larga, de la que, haciendo balance de los buenos y malos momentos, me puedo considerar afortunado. Habría preferido evitar el mal trago de la embolia que me postró en la cama durante dos semanas de agonía; un infarto mientras dormía habría sido más benévolo, pero qué se le va a hacer.

Otros lo pasaron peor, y su fin fue, a todas luces, mucho más injusto.

El día que morí, también murió un obrero a quien le cayó encima una pared mal apuntalada. Murieron una madre y su hija, atropelladas por un conductor borracho; y una mujer, ejecutada a pedradas por tratar de huir de un marido que la maltrataba. Otra murió desangrada, como consecuencia de un aborto clandestino.

Un hombre murió tras lanzarse al vacío…

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‘Visiones tras el velo’: mirar más allá de lo evidente

Marta Edda - Benjamín Recacha
Momento en que me hice con mi ejemplar dedicado de ‘Visiones tras el velo’ (la chica del centro no sé quién es).

Como autor (casi) anónimo que soy, consciente de lo complicado que es asomar la cabeza en el mundo editorial y de los ánimos que infunde que se reconozca el trabajo de uno, me gusta leer libros de otros compañeros tan anónimos como yo. No siempre los disfruto (como no disfruto de todos los de autores consolidados), y me duelen los ojos cuando tropiezo con obras mal editadas (también sucede con las que llevan sellos reconocidos), pero de vez en cuando aparece una joya que, quizás por inesperada, disfruto el doble.

Es el caso de Visiones tras el velo (Célebre Editorial, 2019), la primera novela de Marta Edda Laiz, joven coruñesa que tuve el placer de conocer en diciembre en Valencia, con motivo de la Hispacón, y que ya he incluido en el listado «leer todo lo que publique».

Visiones tras el velo es el primer libro de la saga que protagoniza Rafael Keller, un tipo de los que en la vida real la inmensa mayoría de la gente procura evitar o, a lo sumo, trata con esa lástima condescendiente tan dolorosa para quienes la sufren. Es lo que sin usar eufemismos llamaríamos enfermo mental. Esquizofrénico, acosado desde la infancia por visiones continuas de monstruos terribles, epiléptico y, para colmo, tartamudo. Un miserable de manual, de esos que, como decía, preferimos mantener bien apartados.

Menudo protagonista, ¿no? ¿Acaso a Marta no se le ocurrió uno menos atractivo? Me la imagino devanándose los sesos por dar con el antihéroe menos entusiasmante de la historia de la literatura fantástica… ¿Quizás no quiere vender libros?

Nada de eso. Seguir leyendo “‘Visiones tras el velo’: mirar más allá de lo evidente”

Siete años de aprendizaje

Benjamín Recacha García

El 22 de enero de 2013 abrí ‘la recacha’, con una foto de la cubierta de El viaje de Pau y otra del Monte Perdido. Siete años han pasado, en los que ha habido tantos cambios en mi vida que tengo la sensación de que son muchos más. No voy a hacer balance, ni a recopilar datos, ni los artículos que considero más importantes.

Este blog hace tiempo que superó el punto de no retorno. Es decir, que puede que haya vivido épocas de mayor actividad (los primeros años publicaba casi a diario), pero no tengo intención de cerrarlo. Si alguien con mucho tiempo libre se pone a recorrer su contenido cronológicamente, se dará cuenta de que ha ido evolucionando (o dando bandazos) en función de mi evolución vital (o mis bandazos).

Siempre tuve claro que aquí iba a expresarme tal como soy, que no quería dar una imagen determinada “por si…” o “para…” Lo que escribiera en ‘la recacha’ tenía que ser un reflejo de mí. Y así ha sido durante estos siete años. Seguir leyendo “Siete años de aprendizaje”

Amarillo, rojo y azul

Escribí este texto hace unos días con la idea de participar en un concurso de relatos cortos de terror por Internet, pero unos problemas técnicos con la plataforma donde debía subirlo (o con mi ordenador) me han impedido hacerlo, así que lo he colgado en ‘Salto al reverso’, donde nunca he tenido problemas técnicos para compartir mis creaciones. De todas formas, tampoco iba a ganar.
Ya me diréis si la historia, al menos, resulta algo inquietante…

SALTO AL REVERSO

Anciano Imagen libre de derechos obtenida en Pixabay.   Autor: omaralnahi

El abuelo le da miedo. Los domingos Luna se hace la dormida, con la esperanza de que mamá olvidará la visita a la residencia, pero siempre se acuerda. «Verte lo pone contento», le dice. Sin embargo, Luna nunca ha visto sonreír al abuelo, ni hablar; ni siquiera una señal de reconocimiento en su expresión vacía.

El autobús las deja frente al viejo recinto de muros grises que dan a un jardín instalado en un otoño perpetuo, sin flores ni pájaros. Luna agarra fuerte la mano de mamá.

—Hija, estás helada.

Y rígida, como cada domingo.

Mamá pulsa el timbre. Mientras esperan, Luna huele la humedad. Imagina que así debe oler una casa abandonada y oscura, pero en la residencia hay mucha gente.

Se pregunta por qué si el abuelo es alguien a quien hay que querer, vive en una casa con…

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En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)

Hispacón 2019
De dcha a izqda: Gemma Solsona, Júlia Díez, Greta Mustieles y yo, hablando sobre spoilers.   Foto: Sergi Albir

El viernes por la noche las calles de Valencia eran testigo de un grupo de adultos que bailaban al ritmo del Ghostbusters que nos habíamos quedado con las ganas de escuchar en la virtuosa guitarra eléctrica de Alberto Sánchez, quien nos había regalado un animado recital de versiones cinematográficas. La velada la había abierto la sorprendente voz de Sofía Rhei, quien, acompañada por las notas intimistas de su guitarra, nos dejó con la boca abierta recitando sus poemas «bisexuales» (a lo que ya me referí en la primera parte de esta crónica).

«¿Ghostbusters? Really?» Lo sé. Uno empieza a tener una edad, y a veces olvida dónde ha dejado el criterio musical (y Gemma Solsona, que es una mala influencia). Pero sólo a veces.

El «concierto» continuó en el taxi, para desgracia del sufrido conductor, que flipó bastante. Pero qué risas…

Hispacón 2019
La logística para salir de ahí era demasiado complicada, así que Júlia tuvo que pasar bajo la mesa…

La noche siguiente, la de la cena de gala y la entrega de los premios Guillermo de Baskerville, Ignotus, Domingo Santos y Gabriel, también fue muy musical. Debe ser que viajé a Valencia con el cuerpo bailongo, porque lo mejor del evento fue el discotequeo posterior, muy ochentero. Lo de la edad, ya sabéis… Bueno, el discotequeo y la elegancia de Júlia pasando por debajo de la mesa para poder ir al baño. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)”