Echo de menos

En ocasiones escribir es, sobre todo, un desahogo.

SALTO AL REVERSO

Benjamín Recacha García Foto: Benjamín Recacha García

Saciado de vacío.

A veces es como me siento.

Y entonces lo que más echo de menos

son las caricias y los besos.

Y las risas;

cómo echo de menos las risas.

Y los silencios compartidos.

Porque el estruendo del silencio en soledad

me perfora el alma.

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Cápsulas de felicidad

Comparto mi relato para la convocatoria que, sobre el tema «vida», abre Salto al reverso para reunir obras que se incluirán en la Antología anual.

SALTO AL REVERSO

Fotos Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

Mírate. Qué cara de felicidad tenías ahí. A los diez años la vida es una promesa continua de juegos y aventuras. ¿En qué momento se nos olvida? ¿Cuándo empezamos a complicarnos con obligaciones, con la maldita responsabilidad?

En esa foto estáis todos radiantes. Mira a Silvia, cómo ríe. ¿Cuánto hace que no hablas con tu hermana? Las obligaciones… La responsabilidad… Claro.

¿Te acuerdas de los demás? Qué bien lo pasasteis ese verano, ¿eh? Es curiosa la mente. Han pasado…, no sé, ¿treinta años? Y, sin embargo, recuerdas cantidad de detalles de esas vacaciones. En cambio, has olvidado la mayor parte de lo que hiciste la semana pasada. Seguro que todo muy responsable.

¿Qué habrá sido de ellos? ¿Serán felices? Si lo son, seguramente no se pasarán horas contemplando estos fotogramas de un pasado al que te aferras como a un salvavidas, para no…

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Do it, Rufus!

El nuevo reto literario de los Insectos Comunes consistía en relatar las consecuencias del éxito comercial desmesurado de un invento, centrándonos, sobre todo, en la manera como su autor procesa ese éxito. En esta ocasión sólo hemos participado tres «insectos»: Toni Cifuentes, LaRataGris y un servidor, aunque los tres relatos resultantes tienen mucha sustancia. Podéis descargaros el pdf de la revista en Lektu o en Payhip, de forma gratuita o aportando la cantidad que consideréis justa. Con la recaudación esperamos llevar a cabo, próximamente, una reunión de trabajo en las islas Fidji para desarrollar futuros retos. Estamos seguros de que lo conseguiremos. Mientras, os dejo aquí mi aportación al reto, a la que he titulado Do it, Rufus!


Los botellines de whisky con sirope de cereza se acumulan en todos los rincones de la casa. Rufus Smart dormita en el gran sofá circular, con la cabeza en el centro y las piernas estiradas, sin que los pies lleguen al borde. Un hilillo de baba se le desliza desde la comisura de los labios. Cuando rebasa la barbilla mal afeitada y toma el camino hacia el cuello, las cosquillas le hacen llevarse la mano a la papada y restregársela casi con violencia. Gruñe una queja, y un moco espeso le asoma por la nariz. Se la frota con el dorso de la mano, se da media vuelta y sigue entregado a su letargo.

Al moverse, varios de los botellines que había desparramados por el sofá caen al suelo y rebotan contra el parqué sin llegar a romperse. Los restos de líquido forman charquitos que sustituyen a los que ya se han secado, dejando manchas pringosas en la madera. Seguir leyendo “Do it, Rufus!”

El final del viaje

Tras meses de silencio, regreso a Salto al reverso con un relato que empieza por el final.

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Seat Ibiza Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

Ícaro observa la puesta de sol desde lo alto del acantilado. La bola anaranjada ya ha entrado en contacto con la línea del horizonte, y empieza a ser engullida por el océano inmenso. Para ser octubre en el fin del mundo, no hace frío. Apenas sopla el viento procedente del Atlántico; Ícaro, que no está acostumbrado a tanta calma, echa de menos que algún latigazo le golpee la cara. Es lo que merece.

Apura el cigarrillo, y lo lanza al vacío. Y mientras sigue con la mirada su caída, se imagina cómo sería saltar tras él. Siente el corazón acelerarse y bombear adrenalina. Una vocecilla le dice que lo haga, que ya no tiene nada más que perder, que serán unos segundos de excitación máxima y luego, de repente, la nada. Un cuerpo destrozado entre las rocas, azotado por las olas indiferentes a…

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Esperando al azul

Los autores de Salto al reverso estamos llamados durante el mes de mayo a escribir sobre un tema común: azul, que fue elegido mediante votación. Comparto mi relato.

SALTO AL REVERSO

Esperando al azul Foto: Benjamín Recacha

En cuanto se cerró la puerta, en su cerebro se activó un mecanismo que le reveló la nueva situación con toda su crudeza. Estaba solo. Por primera vez en su vida. Solo.

Una insoportable sensación de fracaso le nació en el estómago, y le subió por la garganta como un tsunami que arrasaba con todo. El endeble armazón de autoconfianza que había ido tejiendo con hilos de esperanzas inciertas durante semanas, desde que fue evidente que la situación era irreversible, quedó destrozado en un instante, sin piedad.

Se dejó caer de rodillas en el frío suelo del pasillo, paseó la mirada desconsolada, la mirada de quien en el momento de la verdad se daba cuenta de que no entendía nada, de que todo había pasado sin apenas ser él consciente de que no había vuelta atrás, la paseó por las paredes desnudas del comedor, la posó en…

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La casa gris

Tenía 15 años y amaba el mar
Antología de relatos de socios de la AEN.

Hoy no toca ración de crónica del IV Congreso de Escritores (a este paso, enlazaré con las del siguiente), pero sí que voy a compartir algo que tiene que ver con la AEN – Asociación de Escritores Noveles. Se trata del libro de relatos en el que hemos participado diecisiete socios de la entidad, titulado Tenía 15 años y amaba el mar (Editorial Fanes), que se presentó durante el Congreso.

Todos los relatos tienen como punto de partida el mismo fragmento del escritor y periodista Luis del Val, autor también del prólogo de la antología. Lo interesante del experimento es comprobar la diversidad de temas y estilos que pueden generar las mismas ciento veinte palabras de inicio.

A continuación podéis leer el mío. Os recomiendo hacerlo sin prisas (tiene 4.500 palabras). Espero que os guste.


Tenía quince años y amaba el mar.

Bajó hasta la playa desierta, muy temprano, y ni el cielo azul lechoso, ni la aquietada brisa, ni los pinos cercanos, ni una pareja de gaviotas que nadaban por el aire, le alegraron el ánimo. Y es que era el último día de vacaciones y amaba el mar. Y tenía quince años.

Miró la casa gris que había tras la pinada, en una loma suave que se levantaba antes del barranco, y le pareció ver luces dentro. Su padre le había dicho que la casa estaba deshabitada y que las luces que creía ver serían el reflejo del sol en los cristales, pero pensaba, a veces, que había gente dentro de la casa gris. Seguir leyendo “La casa gris”

Insectos Comunes: ‘El zumbido de las vacas voladoras’

Insectos Comunes
Si pulsas en la imagen, podrás acceder a la descarga de la revista en pdf en payhip.com

Con el aroma de la primavera acariciando nuestros élitros, los Insectos Comunes hemos salido de la hibernación dispuestos a regalaros una buena dosis de experimentación literaria. Tras un largo tiempo de silencio, regresamos con energía renovada y una revista en la que encontraréis cinco relatos sobre vacas voladoras. Sí, habéis leído bien, ¿qué pasaría si las vacas volaran? Un tema que, aunque no lo creáis, da mucho juego.

Aquí comparto mi relato completo. Si queréis leer el resto, así como una jugosa entrevista con Ignacio Rodríguez, editor de la exitosa revista literaria Tales, sólo tenéis que pulsar en la imagen de la portada, que os llevará a la página de descarga, 36 páginas en pdf por el simbólico precio de 1 euro.

Ahora sí. Os dejo con el zumbido de las vacas voladoras… Seguir leyendo “Insectos Comunes: ‘El zumbido de las vacas voladoras’”

‘La playa de Amió’ en el quinto número de ‘El Callejón de las Once Esquinas’

Playa de Amió - Pechón
La singular playa de Amió, en la costa occidental de Cantabria.   Foto: Lucía Pastor

El quinto número de la revista digital literaria El Callejón de las Once Esquinas acaba de salir del horno cargada de relatos. Después de la buenísima experiencia de participar en el número anterior con mi cuento Copo de nieve, he vuelto a probar suerte con un relato que escribí hace años para un concurso, inspirado por una preciosa playa de la escarpada costa occidental cántabra que pertenece al pequeño pueblo de Pechón. Se titula La playa de Amió.

Antes de dejaros con la lectura, quiero agradecer de nuevo a Patricia Richmond, coordinadora y editora de El Callejón de las Once Esquinas, la calurosa acogida de mis textos, y, por supuesto, aprovecho estas líneas para felicitar a todo el equipo que hace posible tan interesante y valiosa iniciativa. El resultado es magnífico.

Ahora sí, os dejo con el relato… Seguir leyendo “‘La playa de Amió’ en el quinto número de ‘El Callejón de las Once Esquinas’”

Laura

El otro día, en el metro, se sentó junto a mí una chica con el pelo largo. No paraba de acariciárselo, y esa imagen ha acabado inspirándome el relato que he publicado en Salto al reverso. A ver qué os parece…

El metro hace su entrada en la estación. Laura, sentada en el banco de piedra del andén, se incorpora con movimientos pausados y espera a que se abran las puertas. El vagón vomita un reguero de pasajeros, que, como un solo organismo, sortea a varios obstáculos humanos empeñados en avanzar a contracorriente y se desplaza […]

a través de Laura — SALTO AL REVERSO

Si estos árboles pudieran hablar

La naturaleza, fuente inagotable de inspiración, y el descubrimiento de un grupo de rock instrumental llamado If These Trees Could Talk son los culpables de este nuevo poema para Salto al reverso.

SALTO AL REVERSO

Valle de Pineta Foto: Benjamín Recacha

Si estos árboles pudieran hablar,
dirían que parara de pensar,
que levantara la mirada al cielo
y dejara al viento mecer mi pelo.

Si estos árboles pudieran hablar,
me dirían que vaciara la mente,
que dejara de escuchar a la gente,
esa que tanto insiste en gritar.

Si estos árboles pudieran hablar,
me invitarían a que los trepara,
a que entre sus ramas me acomodara,
y por sus hojas me dejara arrullar.

Si estos árboles pudieran hablar,
me enseñarían a hablar su lenguaje,
a admirar la inmensidad del paisaje,
y que hay cosas que es mejor olvidar.

Si estos árboles pudieran hablar,
me pedirían que les ayudara
a difundir su lamento profundo.

Y es que estamos destruyendo el mundo.
De vergüenza se me caería la cara…
Con esta locura hay que acabar.

Si estos árboles pudieran hablar,
los escucharía siempre embobado.
Dejaría mis problemas a un lado.

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