Caldes de Montbui, con el monte El Farell al fondo.
Hace unos días el Colegio 723 Puerto Argentino celebró el día del estudiante. Sabéis que he colaborado con el cuarto curso de Comunicación en un proyecto emocionante, que, entre otras cosas, ha hecho posible reducir a la nada los miles de kilómetros que separan Caldes de Montbui, el pueblo de Barcelona donde vivo, y Comodoro Rivadavia, una de las principales ciudades de la Patagonia, y capital argentina del petróleo.
Quinto episodio de la novela por entregas (ya puedo decir que acabará siendo una novela) que publico semanalmente en ‘Salto al reverso’. Creo que la cosa se está poniendo interesante…
Durante unos segundos Sara y Luis bucean en la mirada del otro. Él nota la excitación que precede a los momentos dignos de recordar. Ella está relajada. Las lágrimas de hace unos minutos ya son historia. Luis se acerca, y cuando los labios están a punto de encontrarse Sara se vuelve para mirar las estrellas. «¿Por qué no?», se pregunta, pero no obtiene respuesta. Luis se queda en la misma postura, frustrado.
—¿No era ese el deseo? —pregunta él.
Ella no contesta enseguida. Tiene la vista fija en la Osa Mayor. El titileo de las estrellas le sigue pareciendo cosa de magia.
—Aún me estoy arrepintiendo de la última vez que besé a alguien —murmura.
Este país no está preparado para que gobierne la izquierda. Fue la principal conclusión que extraje de las elecciones del 26 de junio, cuyo decepcionante resultado me llevó a dejar de escribir sobre política en ‘la recacha’. Había demostrado sobradamente ser un analista pésimo, así que mejor ahorrar a los (pocos) lectores mis discursos izquierdistas y dedicarme a otros temas menos crispantes.
La verdad es que estos tres meses he estado muy relajado, asistiendo al esperpento político como si la cosa no fuera conmigo. Dejé de escuchar tertulias y de leer la prensa que hace tiempo certificó la defunción del periodismo (lo de ‘El País’ es de vergüenza ajena). Tenía claro que nos esperaban otros cuatro años de gobierno dirigido por una organización criminal franquista. Era lo que habían querido ocho millones de cómplices, más los diputados elegidos por los (en su mayoría) bienintencionados votantes del sucedáneo naranja. Y, lo más importante, era lo que querían los poderes que realmente cortan el bacalao, a los que, por supuesto, nadie vota. Seguir leyendo «Rosas negras o El País que no quería a la izquierda»→
Las vistas sobre el río Miño desde el Monte Santa Trega son impresionantes. Foto: Benjamín Recacha
El agua del Atlántico está muy fría. Menuda noticia, ¿verdad? Debéis tener en cuenta que para quien está acostumbrado a bañarse en la sopa que en comparación es el Mediterráneo, el contraste es importante. Así que a pesar de las tórridas temperaturas que nos acompañaron durante los cinco días que estuvimos en Vigo (ya han pasado casi dos meses…), al meter los pies en el agua el calor abandonaba el cuerpo de golpe.
Aun así, no renunciamos a darnos unos chapuzones (poco prolongados) en la extensísima (y abarrotada) playa de Samil, en compañía de algas de todas las formas y tamaños, gaviotas, cormoranes y numerosos peces. En el horizonte, siempre la estética silueta de las Islas Cíes. Seguir leyendo «Diario de viaje (3): el Monte Santa Trega y la inmensidad del Atlántico»→
Durante un par de minutos fuman en silencio, mirando al río sin verlo, cada uno inmerso en su memoria. Entonces Sara suelta una última bocanada, apaga con parsimonia el cigarrillo contra la valla y deja la colilla encima. Luis, en cambio, tira la suya al vacío.
—Eso es. —Sara le lanza una mirada de reproche—. No sé qué extraño mecanismo mental os hace creer que las colillas no son basura.
«Mierda».
—Eh… Vaya… Tienes razón. La verdad es que lo hago sin pensar.
—Ya, y seguro que cuando vas por la montaña y te sientas a descansar o a comer no te importa estar rodeado de ellas.
«Esto no va bien».
—Bueno, perdona. Esa ya no la voy a poder recuperar, pero te prometo que no…
Bonita mariposa en el Valle de Pineta. Foto: Benjamín Recacha
¡Hola, Toni!
Te voy a hablar de mariposas. Sobre sus alas.
El día que empecé a escribir El viaje de Pau fue como ese insignificante aleteo de mariposa que acaba teniendo consecuencias impredecibles. Queda muy poético, pero en realidad es lo que pasa continuamente en el mundo, cada acción que alguien realiza repercute en su futuro y en el de otras personas.
Yo decidí un buen día, no hace demasiado tiempo, algo más de cuatro años, que quería ser escritor y que iba a hacer todo lo posible por ganarme la vida con ello. La segunda parte de la proposición no sé si llegará a cumplirse, pero la primera ya la he hecho realidad. Y es bonito, muy gratificante, ser consciente de que lo que uno escribe es leído y apreciado por gente muy diversa de cuya existencia probablemente no habría tenido conocimiento jamás, de no ser por aquella decisión. Seguir leyendo «Lunes, 26 de septiembre de 2016: Efecto mariposa»→
(La versión en castellano, a continuación de la catalana)
TV3 va dedicar el ’30 minuts’ de diumenge passat als nous models educatius que des de fa uns anys s’han començat a aplicar en escoles i instituts, i que ara han saltat a l’actualitat informativa amb l’èxit de la iniciativa Escola Nova 21, a l’entorn de la qual s’hi apleguen prop de cinc-cents centres de tota Catalunya.
Tercera entrega del relato (ya puedo decir que largo) que estoy publicando semanalmente en ‘Salto al reverso’. Sara y Luis ya se han instalado cómodamente en el amplio hogar para personajes literarios que habita en mi caótico cerebro.
Luis se detiene al salir del bar. Respira hondo mientras mira en torno, sin fijarse en nada en concreto. «A las once», se repite nervioso. Ha refrescado. Se frota los brazos un momento y abre la cremallera de la pequeña mochila en busca del paquete de tabaco y el mechero. Con la primera calada expulsa también parte de la ansiedad que lo domina desde hace un rato. La luna llena empieza a asomar tras las montañas. «Vamos allá».
Se dirige a la tienda de campaña en busca de una camiseta limpia, una sudadera, y se cambia de calcetines y calzado previo paso por el baño, donde también se cepilla los dientes. «¿Y si nos besamos?», es uno de los disparatados pensamientos que lo asaltan.
Me enviaron las preguntas por email y yo las contesté. El resultado lo tenéis a continuación. Pero también las grabaron en vídeo. Se lo tomaron muy en serio, organizando un acto en el Teatro Español de su ciudad. El montaje final, con mis respuestas incluidas, encabeza esta entrada. La calidad tanto de imagen como de sonido no es buena porque la grabación está hecha con una webcam muy sencilla, pero creo que reúne los mínimos para poder publicarla. Es una de las entrevistas más completas que me han hecho nunca.
Otra de las cosas que me pidieron fue si podía grabar un fragmento del relato La nena del roure, en catalán. Lo locuté entero y lo subí a mi canal de ivoox.
La experiencia ha sido muy enriquecedora. Estoy muy agradecido a la profesora Teresita Díaz Tuss, impulsora de la iniciativa, y a su colega Viviana Sandoval, y estoy impresionado por el grado de implicación de todos los estudiantes que han participado. Según me cuenta Teresita, aún queda un último paso: las conclusiones del trabajo, que me hará llegar muy pronto, y la guinda del pastel: la repercusión mediática, de la que ya os hablaré llegado el momento.
Os dejo con la entrevista. Aviso que la versión en vídeo no coincide exactamente con el texto; me explayé algo más en varias respuestas. Para leer/ver/escuchar con calma.
Retrato de familia en el nuevo estudio de Cerámica Belén Soto. Foto: Albert Recacha
El domingo 7 de agosto dejamos La Casona del Herrero, en Navaleno (Soria), con la certeza de que habrá una próxima vez. Nos esperaba por delante una larga jornada de carretera que nos llevaría a Vigo. Además de los bártulos que llenaban cada centímetro cúbico del coche (maletas, juguetes, todo el equipo de cámping, comida, cacharros de cocina…), nos acompañaban sensaciones extra a las habituales en un viaje de vacaciones. A las ganas por llegar y descubrir nuevos lugares se sumaban los nervios por conocer en persona a Belén y su familia, y cierta inquietud por cómo resultaría la convivencia.
Nos habían invitado a su casa, cinco días, y lo último que queríamos era suponer una molestia que pusiera patas arriba la tranquilidad del hogar (Albert es un niño incansable). Hicieron falta dos minutos para desterrar cualquier temor. Seguir leyendo «Diario de viaje (2): arcilla, fuego, volvoretas y anduriñas»→