Un mensaje agradecido a mis jóvenes amigos argentinos

Caldes de Montbui
Caldes de Montbui, con el monte El Farell al fondo.

Hace unos días el Colegio 723 Puerto Argentino celebró el día del estudiante. Sabéis que he colaborado con el cuarto curso de Comunicación en un proyecto emocionante, que, entre otras cosas, ha hecho posible reducir a la nada los miles de kilómetros que separan Caldes de Montbui, el pueblo de Barcelona donde vivo, y Comodoro Rivadavia, una de las principales ciudades de la Patagonia, y capital argentina del petróleo.

La profesora y alma del proyecto, Teresita Díaz, me pidió si podía dedicar un último texto a sus alumnos. Obviamente, lo hice encantado, y ahora me apetece compartirlo también en ‘la recacha’. Seguir leyendo “Un mensaje agradecido a mis jóvenes amigos argentinos”

Me alegran el día

Hay dos cosas que me alegran el día cada mañana al levantar las persianas. Una es la vista del monte El Farell, al pie del cual se extiende Caldes de Montbui, el precioso pueblo de las afueras de Barcelona donde vivo. La otra es el sonido de los pájaros que sobrevuelan o hacen parada en mi terraza. El canto alegre del mirlo, el extraño piar nupcial de las tórtolas, incluso los silenciosos chillidos de los pequeños murciélagos (bueno, esto es más bien por la noche)… Pero lo que más me alegra es el juguetón vuelo rasante de los vencejos y golondrinas y su piar enérgico y nervioso. Desde que empezó la primavera, cada mañana y al atardecer se reúne una numerosa colonia de estas incansables aves en el edificio contiguo al mío, y no he podido resistirme a hacerles algunas fotos. Ya veis que no necesito gran cosa para estar contento.

Curiosidad idiomática: el nombre catalán de las golondrinas me produce tanta alegría como verlas volar. Es ‘oreneta’, pronunciada la ‘o’ como una ‘u’.

Desde la terraza

El Farell
Caldes de Montbui al abrigo de El Farell

Cada mañana, al levantar la persiana de mi habitación, esta es la imagen que aparece ante mis ojos. El monte El Farell, a cuyos pies se extiende el precioso pueblo donde vivo desde hace algo menos de un año: Caldes de Montbui. Un pueblo con historia, célebre por sus aguas termales, que los romanos supieron aprovechar construyendo unas de las termas al aire libre más importantes de la península ibérica. Pasear por el núcleo antiguo es una experiencia muy agradable, pues las calles y los edificios históricos están muy bien conservados. Seguir leyendo “Desde la terraza”