Diario de viaje (2): arcilla, fuego, volvoretas y anduriñas

Cerámica Belén Soto
Retrato de familia en el nuevo estudio de Cerámica Belén Soto.   Foto: Albert Recacha

El domingo 7 de agosto dejamos La Casona del Herrero, en Navaleno (Soria), con la certeza de que habrá una próxima vez. Nos esperaba por delante una larga jornada de carretera que nos llevaría a Vigo. Además de los bártulos que llenaban cada centímetro cúbico del coche (maletas, juguetes, todo el equipo de cámping, comida, cacharros de cocina…), nos acompañaban sensaciones extra a las habituales en un viaje de vacaciones. A las ganas por llegar y descubrir nuevos lugares se sumaban los nervios por conocer en persona a Belén y su familia, y cierta inquietud por cómo resultaría la convivencia.

Nos habían invitado a su casa, cinco días, y lo último que queríamos era suponer una molestia que pusiera patas arriba la tranquilidad del hogar (Albert es un niño incansable). Hicieron falta dos minutos para desterrar cualquier temor.

Belén y Jorge nos recibieron en el jardín, entre montones de plantas aromáticas y árboles frutales, acompañados de una pareja amiga, y de Frodo y Ruty, los miembros cánidos de la familia, que se hicieron inseparables de Albert. Sobre todo Frodo, a quien le encantan los mimos.

Albert, Frodo y Ruty
Albert hizo muy buenas migas con Frodo y Ruty.   Foto: Belén Soto

Un rato después cenábamos juntos mientras nos poníamos al día. Porque aunque era la primera vez que nos veíamos (a Belén la conocía de la blogosfera y porque fue una de las anfitrionas de El viaje de Pau en su largo recorrido por España), parecía eso, que éramos dos parejas de viejos amigos que se reencuentran después de un tiempo.

Qué agradable es sentirse como en casa, pero sin las obligaciones que llevan aparejado el hogar y la cotidianeidad, ¿verdad? Y además, con vistas sobre las Islas Cíes.

Vigo
Vigo, con las Islas Cíes al fondo, desde Cabral.   Foto: Benjamín Recacha

El trayecto desde Soria se nos había hecho pesado, y eso que afortunadamente casi todo fue por autovía, pero hacía un calor espantoso, acentuado, curiosamente, al entrar en Galicia, que nos recibió con unos redondos 40º. Menos mal del aire acondicionado, poco ecológico, lo sé, pero era eso o cocinarnos en nuestra salsa.

Hablando de cocinar, unas horas antes vivimos dos experiencias bastante surrealistas buscando dónde comer. Paramos primero en un restaurante junto a una gasolinera, en algún punto de la A-231 en la provincia de León, poco antes de enlazar con la A-66. Lo primero que llamaba la atención era el cartel con la advertencia ‘No servimos en las mesas’. «Vale, van escasos de personal», concedí. Lo que ya no me pareció tan razonable fue que me proveyeran de cubiertos, servilletas, pan, vasos y agua sin limpiar primero la mesa repleta de restos de consumiciones.

—Perdona, la mesa está llena de cosas.

—Pues poneos en otra. Allí hay mesas libres —me dice la “simpática” camarera señalando a la hilera junto a los ventanales a punto de derretirse por el sol, que cae a plomo.

—Ahí da mucho sol.

La camarera pone cara de «ha llegado el delicado del día».

—Vale. Ya la limpiaré cuando pueda.

Ese «cuando pueda» suena a «nunca».

No sé si llegaría o no a limpiarla, porque cinco minutos después nos largamos. Supongo que nuestros platos combinados se los servirían a unos clientes más hambrientos y menos escrupulosos.

Nunca habíamos hecho algo así, y, la verdad, fue una buena decisión, porque aquella comida tenía toda la pinta de que se nos iba a indigestar, y porque nos dio la oportunidad de buscar otro lugar donde alimentarnos.

La Cueva del Cura - Valdevimbre
Restaurante La Cueva del Cura, en Valdevimbre.   Foto: Benjamín Recacha

Lo encontramos unos quilómetros más adelante, en un pueblo llamado Valdevimbre, cuna del vino prieto picudo, cosa que ignorábamos. En una cueva, ahí comimos. Concretamente, en la del Cura. Así se llama el restaurante.

Fue un descubrimiento de lo más curioso. El pueblo está lleno de cuevas excavadas en las lomas, al estilo hobbit, que antiguamente se utilizaban como bodegas para el vino. Ahora varias de ellas ejercen de restaurante. La Cueva del Cura es sorprendentemente profunda, con multitud de salas fresquitas que, en plenas fiestas patronales, estaban repletas de comensales, como en el resto de cuevas-restaurante del pueblo. Comimos muy bien.

Arcilla y fuego

Si sois lectores habituales de ‘la recacha’ ya sabéis que Belén Soto es una excelente ceramista y alfarera, así que una de las excursiones obligadas durante nuestra estancia en Vigo tenía que ser a su lugar de trabajo. No lo hicimos hasta el penúltimo día, pero me vais a permitir la licencia de cambiar el orden de los acontecimientos. Ella se me ha adelantado, publicando en ‘Arcilla y fuego’ “la exclusiva” de nuestras fotos en su nuevo estudio, y ahora yo voy a insistir en el reparto de flores.

Si alguna vez vais a Vigo debéis pasar por Cabral para conocer la nueva casa de Cerámica Belén Soto. Seguro que encontráis alguna pieza de la que encapricharos. Belén y Jorge se han liado la manta a la cabeza y están ampliando el negocio (que merecen que en un día cercano lo sea de verdad). Han abierto un estudio en la avenida Ramón Nieto, más cerca del centro de la ciudad que el taller (que también visitamos) donde se acumulan cientos de sorprendentes creaciones. El nuevo espacio, más amplio y diáfano, es perfecto para dar clases y exponer las obras en venta. Estoy seguro de que les va a ir muy bien.

Durante los días que compartimos con ellos tuvieron muchos detalles impagables con nosotros. El más entrañable fue invitar a Albert a una clase de modelado de arcilla. Fue el alumno infiltrado del grupo infantil con el que trabaja Belén los jueves. Y el resultado, una bonita taza, que, cuando pase por el horno, la maestra prometió al aprendiz que le haría llegar para que la pinte.

Albert asegura que Belén es muy buena maestra, y no es un cumplido que regale fácilmente, lo garantizo. Claro que en la buena valoración también podría influir que le dejara jugar con Frodo a todas horas y regar el jardín (y a la simpática jardinera).

Con Jorge y Belén compartimos ratos muy agradables y charlas interesantes sobre temas diversos. Nos explicaron muchas cosas sobre Vigo, “la Ciudad Olívica”, donde, como en tantos otros sitios, durante los años de “bonanza” se desataron los sueños megalómanos de los gestores de lo público, ansiosos por poner ladrillos en cualquier centímetro cuadrado de terreno. La construcción del aeropuerto de Peinador en lo alto de una colina frecuentada por la niebla y el larguísimo pasillo aéreo que lo conecta con el recinto ferial, y que muy poca gente utiliza, son ejemplos curiosos.

Hablamos también sobre el destrozo que la Xunta de Galicia ha hecho con la sanidad pública, cuyas consecuencias han sufrido muy directamente, como tantos miles de personas (espero que el 25 de septiembre los gallegos echen de una vez a los mafiosos del poder, aunque visto lo que ocurre con la política en este país, seguramente los últimos escándalos de corrupción ayuden al Partido Podrido a revalidar su mayoría).

Y nos lamentamos juntos por los incendios. Al día siguiente de llegar empezaron a aparecer columnas de humo por todas partes. Las altísimas temperaturas, el viento, y la ausencia de lluvia son el mejor aliado para los criminales que queman el monte, respondiendo a intereses siempre egoístas y a menudo ocultos. No me creo que sean pirómanos que actúan por cuenta propia.

Vigo
Vigo, oculta tras una enorme nube de humo.   Foto: Benjamín Recacha

El ambiente estaba impregnado del triste olor a bosque quemado y el cielo entelado por las tétricas nubes de humo, de las que llovía ceniza. Una mañana Vigo había desaparecido. Asomado a la ventana ya no veía los edificios, ni el océano, ni las Cíes. Sólo humo. Una espesa nube arrastrada por el viento desde los incendios cercanos, que se había instalado entre las montañas que rodean a la ciudad.

Supongo que al final te acabas acostumbrando. El dolor por cada fuego se acaba transformando en un lamento mudo que se instala en lo más profundo del corazón, y cruzas los dedos para que el siguiente no se declare cerca de tu casa.

Belén y Jorge nos llevaron una tarde a uno de sus rincones preferidos, en Redondela, un pueblo cercano del que lo que primero llama la atención son los enormes pilares que soportan las vías del tren elevadas que atraviesan el casco urbano.

El rincón especial es la playa de Cesantes, a aquella hora ya casi desierta. Además, soplaba una brisa fresquita que invitaba a ponerse algo de manga larga.

Redondela se encuentra en la prolongación de la Ría de Vigo, que al superar el estrecho de Rande (atravesado por el espectacular puente de la autopista) desemboca en la ensenada de San Simón.

La marea estaba alta, y a la altura de la punta de flecha que forma la arena, frente a la enigmática isla de San Simón, se producía una batalla fascinante que enfrentaba a las corrientes marinas de cada lado y que se mantenía en tablas.

Redondela
Una terrible columna de humo atraviesa el cielo de Redondela.   Foto: Benjamín Recacha

El lugar realmente tiene algo de mágico. Lástima de la enorme columna de humo que cruzaba el cielo del atardecer. Muy cerca, el bosque estaba siendo calcinado, y el mar rugía, se diría que de rabia por no poder impedirlo.

La isla de San Simón, frente la costa, observaba impasible la escena. Jorge nos relató parte de su convulsa historia. Refugio de templarios, objetivo de piratas, se dice que en el fondo de las aguas que la rodean hay tesoros escondidos, fue leprosería y una terrible cárcel franquista. En la isla hubo cientos de ejecuciones sumarias durante y tras la Guerra Civil, y años más tarde sus aguas fueron escenario de un episodio que se podría calificar de “justicia poética”, puesto que 43 falangistas murieron ahogados al volcar la embarcación en la que se dirigían a la isla. Casi ninguno de los tripulantes sabía nadar.

A finales del siglo pasado las islas de San Simón y de San Antón fueron declaradas Bien de Interés Cultural, y se dio inicio a un proceso de restauración para convertirlas en un espacio donde convivieran la naturaleza, la memoria histórica y la cultura. Actualmente se organizan visitas guiadas.

Jorge y Belén son encantadores (por si no lo habíais deducido aún). Ella es risueña y divertida, y él sabe captar toda la atención en cuanto abre la boca. Es de esas personas a las que vale la pena escuchar, porque siempre tiene algo interesante que decir.

Redondela - Restaurante O Mesón
Las cenas, en buena compañía, saben mejor. Foto: Albert Recacha

Aquella noche cenamos en el restaurante O Mesón, en el paseo marítimo. Redondela es pueblo de pescadores y marisqueros, así que el marisco y el pescado por fuerza tenían que ser buenos, como lo era el churrasco, una ración bien generosa, acompañada de patatas caseras.

Fue esa velada de conversación animada cuando nos dio por las clases de catalán y gallego. Qué valioso patrimonio cultural son las lenguas.

—El catalán tiene palabras preciosas. Mis dos preferidas son “papallona”, mariposa, y “oreneta”, golondrina. ¿A que son bonitas?

—Sí, pero ya verás, en gallego aún lo son más. Mariposa es “volvoreta”, y golondrina, “anduriña”.

Me quedé con la boca abierta. Volvoretas (o bolboretas, parece que no existe acuerdo sobre si se escribe con ‘v’ o con ‘b’) y anduriñas… Qué delicia. Como deliciosas son las aventuras veraniegas que quedan por contar. Pronto, el tercer episodio, también en Galicia.

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20 thoughts on “Diario de viaje (2): arcilla, fuego, volvoretas y anduriñas

  1. Me encanta Galicia y los nuevos amigos. ¿Qué más se puede pedir?.Yo soy medio gallega, y la morriña siempre anda por dentro.revoloteando, cual “volvoreta”, y regresa cada primavera, como las “anduriñas”.
    Me gustó mucho tu relato y estoy deseando continuarlo 🙂

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    1. Volvoreta es mi nueva palabra preferida. Te levanta el ánimo con sólo pronunciarla. Y a mis queridas anduriñas no les podían poner un nombre más acertado.
      Las vacaciones son eso: descubrir paisajes, naturales y humanos, ¿no? Me considero afortunado por ello. Y no me extraña lo de la morriña. En el próximo capítulo, el monte Santa Trega, la desembocadura del Miño y la inmensidad del Atlántico. Creo que tendré que dejar las Cíes para un tercer episodio. 😉
      Un abrazo.

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      1. Permíteme la corrección: en galego, mariposa é bolboreta. Me pusiste los dientes largos, a la par que triste por los incendios. Ya te dije que soy vigués (nací en Pontevedra pero viví allí desde los 6 meses hasta los 45 tacos) Ahora resido en las Rías Altas, Pontedeume, desde hace 15 años y estoy encantado, que conste. Galicia es un paraíso (en peligro de extinción, por lo que cuentas)

        Hace unos días pillaron a un pirómano que llevaba 14 fuegos y ya salió Feijóo a explicarlo (estamos en campaña electoral) como si fuera la explicación a cuatro décadas de la misma pesadilla, pero son otros intereses bastardos los que provocan esta lacra. Ya sabes que el gobierno en funciones prolongó la actividad de las Celulosas otros 60 años, sin duda una condena de muerte para Galicia (la desertificación que conlleva esa plaga, cáncer de los montes, la desaparición del bosque autóctono y los propios incendios, con llamas de 40 metros de altura por el tamaño de esa especie; siempre se amparan en cuatro empleos para justificar los crímenes medioambientales). El 96% de los incendios que se producen en España se localizan en Galicia. Casualmente, los municipios que arden año tras año son los que más votan al PP (por encima del 80% del voto), reciben ayudas, o sea, premio a su nefasta labor, cada oveja que salvan nos sale a 250000 € cuando son ellos los que prenden para tener pasto, entre otras decenas de causas. Lo sé porque en los años 80 creé, junto con otra gente sensibilizada tras oleadas de incendios, ALCIF (Asociación para la Lucha Contra los Incendios Forestales), allí intercambiamos información con otros países y envidiamos su cultura forestal. Uno de los motivos por los que se quemaba era para descubrir los lindes de las fincas, llenas de rastrojos por años de abandono de los propietarios, que en muchos casos regresaban de la emigración o heredaban los hijos. Formas crueles de hacerlo: le ponían una manta en el lomo a un burro, la empapaban en gasolina, la prendían y tenían un pirra ambulante que se movía por el bosque para acabar con su agonía.
        Además, la madera quemada vale igual para hacer pasta de papel y con una diferencia, celulosa la paga a la mitad o menos, otra explicación. A veces siento vergüenza de ser gallego, odiamos los árboles, somos primitivos…y gana el PP por mayoría absoluta.
        En fin, veo que además de ser una excelente ceramista y excelentes personas son buenos historiadores y te han documentado bien acerca de la macabra historia de San Simón, y otros asuntos, supongo. Aprovecho para enviarles un cariñoso saludo y desearles suerte con su nuevo local (ya lo hice en su día) aunque no va a necesitar mucha, creo. Hay calidad humana y profesional.

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        1. Bueno, Antonio, por fin he podido solucionar el problema con tus mensajes. No sé por qué WordPress los había enviado a la papelera. En fin…
          Lo que cuentas sobre los incendios es tremendo, como tantas otras cosas que sucenden en este país anclado en el franquismo sociológico y en sus mismas estructuras clientelares y mafiosas. Quiero creer que algún día (espero que no muy lejano) seremos capaces de cambiar las cosas…, aunque querer creerlo no lo hace más factible.
          En cuanto a las ‘bolboretas’ o ‘volvoretas’, no imaginaba que una palabra pudiera generar tanto debate como al parecer existe entre los lingüistas galegos. En este enlace aportan datos interesantes al respecto: http://mariposasyorugas.blogspot.com.es/2013/01/porque-volvoretas-y-no-bolboretas-por.html#
          Así que entiendo que se aceptan ambas formas. Siendo así, me gusta más con ‘v’.
          Pronto, un nuevo episodio de las aventuras gallegas.
          ¡Un abrazo!

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          1. Cierto que hay debate sobre muchos vocablos de la lengua gallega e incluso hay varias corrientes con sus defensores, por ese motivo en el año 1983 se publicó una ley para la normativización del gallego, unificándose criterios. El blog puede decir lo que quiera, pero A Real Academia Galega no reconoce la palabra volvoreta, “este termo non se encontra no diccionario”. Otra cosa es que a ti te guste más…si lo reduces a una cuestión de gustos…pero para sacar el Celga (certificado de lingua galega) no vale. Todo ello dicho con el máximo respeto. Saludos
            http://academia.gal/dicionario#searchNoun.do?=volvoretanounTitle

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              1. Pero si estamos de acuerdo, Benjamín, el gallego es riquísmo y viene de siglos atrás, en los siglos XII, XII y XIV era el idioma oficial, si me apuras. Mi abuelo fue maestro nacional y publicó varios libros de poesía con vocablos gallegos que ahora no verías y no por ello dejaban de ser gallegos, claro que la v no es una simple cuestión de capricho. Hay una corriente que le llaman hiperenxebrista, otra lusista (del portugués) y se hablan, al final en cada pueblo se habla de una manera distinta. No se trata de imponer un criterio, supongo que con el inglés pasará lo mismo y tendrá modalidades dialectales (Irlanda, Gales, etc) pero a la hora de comunicarse, de utilizar los medios, etc pues se fijarán criterios. ¿A ti te impusieron el catalán? ¿se habló siempre igual? No se trata de entrar en una guerra de enlaces a ver quién dijo qué (también los tengo). Dicho esto sin acritud 🙂

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  2. Hola Benja, dame un minuto para que pueda cerrar la boca y ahora mismo estoy contigo … que bonito, creí que se me había metido algo en los ojos pero era la emoción con la que estaba leyendo!!
    Es un relato precioso ( cuando eres tu el que lo cuenta gana en interés y emoción, esta es una batalla que tengo perdida ) y creo que nos has concedido el mejor de los papeles, te lo agradezco, mientras lo leía he disfrutado recordando nuestras aventuras veraniegas, a mi se me hicieron muy cortos los días y no estaba en mis mejores condiciones físicas ( todavía puedo ser mas activa y multifuncional ) 🙂 hay tantos rincones que me hubiese gustado visitar con vosotros … como dice Albert: “para el año volvemos”.
    Jorge también te agradece la parte que le toca, está encantado de haber causado buena impresión, y los peludos a su manera también están disfrutando de este minuto de gloria que les ofreces desde tu blog.
    Envío besos y grandes abrazos para que puedas repartir con Lucía y Albert.

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    1. ¡Jajaja! No es para tanto, mujer. He hecho lo que me recomendaste, ya sabes, lo de ponerle literatura. 😛
      A nosotros también se nos hizo corto. Voy a ser repetitivo, pero la compañía fue muy agradable. Os portasteis increíblemente bien con Albert. Nos encantaría volver, claro que sí. A ver cómo se da el año.
      Cuídate mucho, que tenéis grandes proyectos por delante para los que tienes que estar en plena forma. 😉
      ¡Besos de los tres para todos! (humanos y cánidos, jajaja)

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  3. Reblogueó esto en Arcilla y fuegoy comentado:
    En este pequeño duelo de reparto de flores creo que llevo “las de perder”, en momentos como este es cuando la audaz ceramista se siente en desventaja debido a sus pobres aptitudes para la prosa, muchísimas gracias por todo Benjamín, eres un cielo!!!

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  4. Me ha encantado conocer un poco más esos lugares y también a Belén. Leyéndote me he sentido de nuevo como si estuviera de vacaciones. La anécdota del bar y la camarera ha roto un poco ese clima positivo, pero siempre hay alguna cosilla, ¿verdad? Lo bueno es dejar todo eso malo detrás y seguir la búsqueda. Ojalá en la vida diaria todo fuera tan fácil como levantarse e irse a otro bar. Cada vez tengo más ganas de visitar toda esa zona. Nos queda un poco lejos, pero llegará el día. De eso estoy seguro. ¡Un abrazo a Belén y a ti! 🙂

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    1. Siempre digo que si tuviera el suficiente dinero como para no tener que preocuparme por haber gastado unos euros de más, lo utilizaría básicamente para viajar y comer fuera. De momento me tengo que conformar con hacerlo durante unos días en verano.
      Belén es un encanto y Galicia, preciosa. Lástima de los desgraciados que se dedican a quemarla.
      ¡Un abrazo!

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      1. Desde luego. Aquí en casa, que andamos desde hace unos años bastante justitos, es algo que echamos siempre de menos, el poder realizar viajes con más frecuencia y también salir los fines de semana a comer o cenar a cualquier parte sin estar pendiente del bolsillo. Hoy día se ha convertido en un verdadero lujo, incluso para familias donde las dos personas trabajaban, salir a tomar algo. Pero bueno, a veces contemplar simplemente un paisaje ya es suficiente. Ayer estuve en un pueblecito cerca de Antequera desde donde se veían las lomas y montañas que se prolongaban en el horizonte. Formaban unos relieves impresionantes con el sol del atardecer y, joder, pensar que hay gente que se dedica a destruir esos lugares… Pero bueno, especulación hay y mucha detrás de eso, además de algún que otro loco. Cada vez me da más asco el capitalismo y todo lo que se mueve a su alrededor. Supongo que es la edad. ¡Un abrazo!

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