
Estoy escribiendo una novela policíaca. No es novedad. Ya he explicado que tras escribir 20.000 palabras la dejé en pausa porque no era capaz de prestarle la atención necesaria. De haber seguido entonces, el proyecto habría resultado un fracaso. Hace cuatro meses, un año y medio después, lo retomé, y ya he alcanzado las 65.000 palabras. Lo más importante es que estoy realmente motivado, y sé que no voy a parar hasta el punto y final. Aún falta bastante. Creo que me va a quedar una novela larga, similar en extensión a El viaje de Pau (unas 350 páginas).
Pero lo que os quería explicar hoy no es lo estupenda que va a ser, ni animaros a que la reservéis (ni siquiera sé si la autopublicaré, si la enviaré a algún certamen o si buscaré editorial; aún falta mucho para eso). Lo que me ha motivado a escribir esta entrada es algo que me ocurrió hace unos días, en pleno proceso creativo.
Me di cuenta de que estaba explicando la historia en el orden equivocado. Estaba adelantando cosas que era mejor retener, y desarrollando acontecimientos de una manera que podía ir en perjuicio del interés del lector por el conjunto. Pongo un ejemplo absurdo y que no tiene nada que ver con mi novela. Seguir leyendo «Escribir es también borrar»








