‘La venganza esquiva’, literatura independiente que deja poso

La venganza esquiva
‘La venganza esquiva’, una lectura muy recomendable.

¿Qué esperamos de una novela cuando empezamos a leerla? Lo principal, que entretenga. Que cuente una historia interesante protagonizada por personajes atractivos, que contenga diálogos inteligentes e ingeniosos y descripciones evocadoras. Y, obviamente, que esté bien escrita. No es poca cosa.

El libro que consigue enganchar al lector desde la primera hasta la última página necesariamente incluye esos ingredientes. Luego podemos entrar en matices, diseccionar personajes y cuestionar sus acciones; podemos considerar que la obra habría quedado redonda ahorrando algunos pasajes, cambiando de lugar otros, o si un personaje determinado hubiera actuado de otra forma en un momento concreto. Y si eso sucede, si después de acabarla aún seguimos pensando en ella, en qué habríamos hecho nosotros en el lugar del autor, entonces el éxito es total. Significa que ese libro nos ha dejado poso.

Las lecturas especiales, ésas que van a parar al compartimento de las que vale la pena recordar, dejan una sensación de bienestar, de tiempo bien invertido. Uno se siente agradecido a su autor por el trabajo bien hecho, por los cientos de horas dedicadas no sólo a escribir, sino a preparar la escritura, a documentarse, a perfilar esos personajes que, si están bien creados, nos dejarán un recuerdo imborrable.

La venganza esquiva es uno de esos libros. Adrián Martín Ceregido es mi amigo. Su primera novela podría haberme parecido infame y lo seguiríamos siendo. Probablemente no me habría puesto a escribir este artículo, pero se lo habría dicho a él. Con tacto pero sin hipocresía. Quienes escribimos somos mayorcitos para encajar las críticas negativas y no tomarlo como algo personal. O deberíamos serlo, que ya sabemos que en este mundo de egos inflados todos somos maravillosos magos de las palabras (aprovecho para colar aquí el magnífico artículo que escribió hace unos días en su blog la escritora Mercedes Pinto Maldonado, repleto de verdades como puños).

Pero el caso es que me ha parecido una obra magnífica que esconde un trabajo previo brutal. Hace unas semanas hablaba de la responsabilidad del autor con la literatura y con los lectores. Escribir lo puede hacer cualquiera, pero si pretendes que alguien dedique su tiempo a leer tu obra, lo mínimo que te debes exigir es haberla preparado bien. Con La venganza esquiva no hay duda de que su autor probablemente haya invertido tanto tiempo en documentarse y diseñar la estructura como en escribirla.

Y es que, sin unos buenos cimientos, el enorme y complejo edificio que Adrián pretendía construir, se habría derrumbado a las primeras de cambio.

La novela tiene 500 páginas que no dan respiro. No porque en todas pase algo trascendente ni porque la acción sea trepidante, sino porque la atmósfera creada, la intensidad de los personajes y sus interacciones, nos atrapan desde el principio. Al menos, a mí me atraparon. Ya se sabe que esto de la literatura va por gustos.

La venganza esquiva comienza explicando las andanzas de tres personajes sin conexión alguna, que acaban confluyendo, por una parte en una preciosa historia de amor y, por otra, en una dramática casualidad que marcará el desenlace de la novela.

He de decir que, teniendo en cuenta lo acertado del conjunto, la parte que me parece menos bien resuelta es la última, en la que la acción y el suspense toman el control. Pero es que todo lo anterior es fabuloso.

Los protagonistas, Robert Louis Stevenson y Fanny Ousborne, son personajes inolvidables. En mi opinión, el mayor éxito de la novela es quedar impregnada de la inmensa fuerza vital de esa mujer cuya vida fue lo más parecido a una odisea que uno pueda imaginar. Porque, y este es otro de los grandes méritos del autor, la historia, siendo una obra de ficción, incorpora un buen número de elementos biográficos sin que en ningún momento chirríe la mezcla.

No conocía la ajetreada vida de un Robert Louis Stevenson de salud muy frágil; por tanto, no tenía ni idea de esa preciosa historia de amor que lo llevó a recorrer más de medio mundo en busca de o en compañía de Fanny. No voy a desvelar detalles, porque merece mucho la pena descubrirla.

Otro de los méritos de La venganza esquiva es el haberme hecho desear descubrir la obra del famoso autor escocés, sus novelas más conocidas, como La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, pero también sus libros de viajes.

El reto que se plantea Adrián Martín con su primera obra es realmente ambicioso. Si novelar las vidas de Fanny y Robert ya era un objetivo complejo, da una vuelta de tuerca introduciendo a un tercer personaje mucho más oscuro, un villano en toda regla, cuya presencia flota en el ambiente generando una atmósfera de incómoda incertidumbre.

¿Qué podían tener en común un famoso escritor y Jack el destripador? Lo descubriremos hacia la mitad de la novela gracias a una ingeniosa maniobra del autor de Portugalete.

No explico más. Mi más sincera enhorabuena a Adrián por un trabajo fabuloso, del que me siento especialmente orgulloso por ser obra de un autor independiente.

La venganza esquiva es otro ejemplo magnífico de que la autoedición puede ser sinónimo de literatura de calidad. Está publicada bajo el sello émepe de Mundo Palabras, una de las empresas de servicios editoriales más serias que se pueden encontrar en el cenagoso panorama de la autopublicación, plagado de falsas editoriales que prometen el oro y el moro pero en realidad sólo pretenden pescar a autores ingenuos.

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