III Congreso de Escritores: la unión hace la fuerza

III Congreso de Escritores
De izquierda a derecha: José Luis Corral, Covi Sánchez y Luis María Compes.   Foto: Área Norte

Han pasado dos meses de la celebración en Gijón del III Congreso de Escritores de la Asociación de Escritores Noveles (AEN). Tengo la sensación de que hace mucho menos tiempo, pues conservo muy fresco todo lo que viví allí. He escrito varias crónicas sobre ello y, como avancé en la última, aún me queda referirme a la mesa redonda sobre las asociaciones de escritores, en la que participaron la presidenta de la AEN, Covi Sánchez; el presidente de la Asociación de Escritores de Madrid, Luis María Compes; y el entonces presidente de la Asociación Aragonesa de Escritores, José Luis Corral (su sustituto, elegido recientemente, es Javier Fernández López).

“La unión hace la fuerza” es la frase que condensa el contenido de la charla. Los ponentes se refirieron a la trayectoria de las entidades a las que representan, explicaron los servicios que ofrecen y los logros alcanzados gracias a la colectividad.

«Somos un país de tradición individualista, y en los escritores es aún mayor», comenzó su intervención José Luis Corral. Estoy muy de acuerdo. Obviamente, el acto de escribir es necesariamente individual, pero comparto la impresión de que a los escritores, en general, nos cuesta confiar en el grupo. Solemos mirar con recelo lo que hacen otros autores, criticarlos (a sus espaldas, normalmente) por sus éxitos, y guardarnos de compartir nuestras ideas. Flota en el ambiente la sensación de que, más que colegas, somos rivales.

Menuda estupidez. Tengo la certeza de que hay autores que funcionan de esa manera, y que cuando se integran en un grupo, más que para aportar lo hacen con la intención de ver qué pueden sacar de ahí.

«Las soluciones individuales pueden servir para una persona, pero son un fracaso colectivo. Juntos tenemos mucha más fuerza». Completamente de acuerdo con el escritor e historiador aragonés.

La asociación que ha presidido desde su creación, en 2003, es una de las entidades más activas y dinámicas de Aragón, con la organización de alrededor de quinientos actos al año, más de doscientos escritores asociados y un centenar de simpatizantes. «El problema es que no hemos conseguido atraer a los autores más jóvenes». Es la espinita que le queda clavada al final de su mandato.

La Asociación de Escritores de Madrid es más joven. Nació hace cinco años y, según explicó su presidente, «nos movemos mucho». Han consolidado dos tertulias literarias, en Madrid y en Alcalá de Henares, y ofrecen asesoramiento, apoyo y difusión a los autores que acuden a ellos. Eso sí, «no ponemos la alfombra roja a nadie», advirtió. «El que viene a la asociación debe aportar su ayuda en lo que pueda». Es lo del “uno para todos y todos para uno”.

Covi Sánchez abundó en la idea. «A veces el autor tiene la sensación de que promocionando a otro escritor pierde él, pero es mentira, es lo contrario: el éxito de un compañero nos beneficia», afirmó. Y yo añado: el éxito de un autor independiente debe ser un motivo de orgullo, la prueba de que, haciendo las cosas bien, los resultados llegan.

La AEN acaba de cumplir diez años y es el momento de replantearse los pasos a dar en el futuro inmediato. El éxito, a todos los niveles, del III Congreso de Escritores invita a ser ambiciosos, aunque existe el hándicap, como expuso su presidenta, de la territorialidad (la asociación tiene sede en Gijón). «Tenemos socios en toda España, pero es complicado que los actos que organizamos en Asturias cuenten con la presencia de autores de fuera». Habrá que pensar, pues, en la manera de diversificar geográficamente la actividad.

En cuanto a los servicios que las asociaciones de escritores pueden ofrecer a sus miembros, uno de los más demandados es el asesoramiento ante determinadas ofertas editoriales. «No firméis nada sin leerlo antes», advirtió Covi Sánchez. «En la asociación atendemos todas las dudas referentes a contratos de edición. Aconsejamos no firmar nada sin consultarlo antes», insistió José Luis Corral. «Todos queremos ser publicados, pero las editoriales piratas nunca nos van a dar una oportunidad real», subrayó. Abundando en ello, la presidenta de la AEN señaló que «una asociación potente nos permitiría, por ejemplo, tener la fuerza para denunciar las estafas de las falsas editoriales». Los tres ponentes relataron algunos casos concretos bastante lamentables.

Luis María Compes explicó que la Asociación de Escritores de Madrid cuenta con un sello editorial propio y ofrece servicios editoriales a un precio asequible a aquellos autores que quieran recurrir a la autopublicación, con la garantía de que no van a ser engañados.

Las cuotas que pagan los asociados permiten la puesta en marcha de servicios como ese, así como que la entidad pueda tener presencia en ferias del libro, ofrecer asesoramiento jurídico o que los autores dispongan de un espacio en la web, entre otros.

«Las asociaciones deben ser profesionales, impulsar iniciativas promocionales y servicios para sus miembros», aseveró José Luis Corral. Uno de los que apuntó, y que me resultó más interesante, es la posibilidad de llegar a acuerdos con imprentas para publicar las obras de los asociados, de manera que los costes por ejemplar se reducen muchísimo. No es lo mismo que yo vaya con mi libro a imprimir doscientos ejemplares a que lo haga una entidad con las obras de diez de sus autores. Obviamente, a la imprenta le interesa recibir encargos colectivos.

Corral hizo hincapié en los beneficios de la unión, tanto a la hora de ofrecer servicios a los autores como si se trata de defender los derechos del gremio frente a la administración. «La fuerza de varias asociaciones unificadas es muy grande. A tres mil escritores unidos nos harán mucho más caso que si vamos por separado», defendió, refiriéndose, entre otras cuestiones, al problema surgido a raíz de la imposibilidad de compatibilizar el cobro de los derechos de autor con la pensión de jubilación.

El entonces presidente de la Asociación Aragonesa de Escritores destacó la importancia de la reunión que tendría lugar en diciembre en Madrid por iniciativa de la Asociación Colegial de Escritores (ACE), el primer encuentro estatal de asociaciones de escritores. Se desarrolló el 16 de diciembre, con la colaboración de CEDRO y representantes de una docena de asociaciones.

Treinta propuestas en favor de los escritores y la industria cultural

Primer Encuentro de Asociaciones de Escritores
Foto de familia del primer encuentro de asociaciones de escritores, convocado por la ACE.   Foto: acescritores.com

Según se desprende de la extensa nota informativa que la ACE publicó en su web, fue una jornada muy provechosa, en la que los presentes convinieron la necesidad de establecer complicidades con el objetivo de defender los derechos de escritores y traductores. Así, acordaron la creación de un grupo de trabajo para perfilar la fórmula de coordinación de las asociaciones; el inicio del proceso para la elaboración del Libro Blanco del Escritor, cuyo propósito será exponer de forma exhaustiva la situación en que se encuentra un colectivo tan heterogéneo; y se aprobó una ambiciosa declaración compuesta por treinta propuestas en defensa de la labor del escritor y para la mejora de la industria del libro.

El texto, que se puede consultar íntegro en la web de la ACE, tiene su punto de partida en el complejo momento que vive la industria del libro, que, junto a las trabas que el gobierno pone a los autores y su falta de sensibilidad en general hacia la industria cultural, dificulta cada vez más la labor creadora.

«Defender la labor del escritor en tiempos de crisis es defender, con medidas eficaces y de fondo, al sector cultural, especialmente al del libro, y a sus protagonistas. Ello requiere la adopción de medidas que habrán de contemplarse mediante una iniciativa multidisciplinar que actúe sobre todos los subsectores que componen la industria del libro, comenzando por los ciudadanos como lectores y sujetos del derecho a la cultura y terminando por el escritor como creador de la “materia prima” que sustenta un sector especialmente amenazado por la crisis», sintetiza la declaración.

Entre las medidas a adoptar, se encuentra la modificación de la Ley de Propiedad Intelectual para adecuarla a la normativa internacional y comunitaria, con el fin de proteger y apostar claramente por los titulares de derechos. El texto pide medidas efectivas contra la piratería y para remunerar a los autores por la reproducción de sus obras en el ámbito educativo y empresarial.

También se reclama a las editoriales una remuneración justa y proporcionada de los derechos de autor, que todas las colaboraciones en medios de comunicación sean remuneradas, y la aprobación de una normativa que establezca sanciones ejemplares a las editoriales que engañen a sus autores o incumplan las condiciones de los contratos de edición. En este sentido, se considera imprescindible la suscripción de un acuerdo marco con la Federación de Gremios de Editores.

La declaración pide además mecanismos técnicos eficaces que permitan a los autores un seguimiento estricto del control de tirada y las ventas de sus libros; y la equiparación del IVA del libro digital con el de papel, dejándolo en el 4%, una medida que incluya también a los espectáculos teatrales.

Se reclama igualmente el apoyo a la traducción de las obras escritas en cualquier idioma oficial del estado para potenciar su comercialización en el extranjero; recuperar las ayudas a la edición, traducción y creación literarias; y modificar la legislación para garantizar la plena compatibilidad entre la pensión de jubilación y el cobro de derechos de autor o ingresos derivados de la actividad literaria y cultural.

Otras demandas tienen que ver con la adaptación del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos a las características del trabajo de escritor; la asunción de la remuneración por copia privada por parte del mercado, y sobre todo por la industria digital; o el pago compensatorio por préstamo bibliotecario.

En cuanto a las propuestas para mejorar la industria del libro, empiezan con la demanda de políticas en favor de la lectura en el ámbito educativo, cosa que va ligada con un aumento de la inversión en Educación.

La declaración pide también una nueva Ley de Mecenazgo y un Plan Integral de Fomento del Libro y la Lectura; campañas para prestigiar las librerías como puntos de referencia cultural y dotar de fondos suficientes una línea de crédito ICO para ellas; más presupuesto para las bibliotecas públicas; un bono cultural para los jóvenes; fomentar la digitalización de fondos bibliográficos y crear plataformas de distribución de contenidos digitales; mayor protagonismo para la cultura en los medios de comunicación públicos; y más recursos para las editoriales independientes.

Como digo, se trata de una declaración ambiciosa, con propuestas muy interesantes y necesarias, pero en la que, como suele ser habitual, echo en falta alguna mención, aunque sea un simple guiño, a los autores independientes.

Soy consciente de la enorme complejidad que conlleva integrar en las demandas del sector a un colectivo que no lo es, sino que en la mayor parte de los casos está compuesto por individuos que van por libre. Sin embargo, obviar que la autoedición es mucho más que el capricho de quienes escriben obras sin calidad literaria es dar la espalda a una realidad que, si se trata de poner números, cada año se lleva un buen pellizco de lo que antes facturaba la industria tradicional.

Esas demandas están muy bien, insisto, pero me temo que a un buen puñado de autores no les van a interesar demasiado.

Bienvenida sea, en cualquier caso, la unidad.

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2 thoughts on “III Congreso de Escritores: la unión hace la fuerza

  1. Lo cierto es que los escritores aspiramos a publicar (a toda costa) y, en muchos casos, vemos al resto de escritores como enemigos. Supongo que eso sucede cuando nos ponemos al mismo nivel. Supongo que ningún escritor ve como enemigo a, por ejemplo, Arturo Pérez Reverte o, incluso, a Steinbeck. De hecho, creo que es en ellos donde tenemos que poner el ojo para llevarnos al límite y sacar todo lo que podemos sacar de nuestra escritura.

    Yo he ayudado, ayudo y ayudaré a cualquier escritor que me lo pida, y mucho más si veo en él posibilidades de conseguir algo, independientemente de que luego me pueda devolver el favor o no. Y lo hago porque me gusta leer cosas buenas por encima de escribir.

    Creo que la AEN tiene buenos objetivos, pero el problema de estas asociaciones es que la mayor parte de escritores son muy jóvenes y pocas cuotas pueden aportar y, encima, consideran que saben lo suficiente y que nadie les va a enseñar nada. Es una pena porque todo lo que aprendemos en nuestra juventud es primordial en nuestra formación. En la edad adulta nos cuesta mucho más fijar conceptos y ponerlos en práctica. Si en las escuelas se enseñara teoría y crítica literaria como es debido, se enseñara a leer y se leyera mucho más, y se escribiera otro tanto, otro gallo cantaría.

    De todas formas, el problema de estas asociaciones es la fuerza que tienen y su alcance. Supongo que si todos estuviéramos concienciados de que esa unión nos facilitaría mucho las cosas, entonces sería más fácil que llegaran a todos los rincones. Pero siempre estaría el problema de la autocrítica, la criba y esa necesidad urgente de publicar cualquier cosa a toda costa… Todos (o la mayoría) creemos ser los mejores escritores ahora, o por lo menos que merece la pena intentarlo, pase lo que pase. Por si fuera poco, faltan buenos editores de verdad, honestos, gente que te diga las cosas como son (o cree que son) y enseñen a pulir un texto y a sacar todo el potencial de cualquier autor. La mayoría, si no todos, se limitan a decir “esto no nos interesa”, y no explican el por qué, supongo que por falta de tiempo.

    En fin, que me enrrollo. Ojalá la AEN siga para adelante y consiga alguno de esos retos.

    ¡Un abrazo!

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    1. No me voy a alargar porque estoy preparando una nueva carta (por fin) en la que abordaré muchos temas, entre ellos la poca capacidad de autocrítica (y de aceptar críticas ajenas) que suelen tener los escritores.
      En cuanto a la AEN, creo que hace un buen trabajo. El Congreso de Escritores fue un evento magnífico, con contenidos interesantísimos y, sobre todo, la posibilidad de compartir experiencias con gente que lleva mucha piedra picada en este mundillo. Obviamente, eventos como ese no se pueden celebrar cada año, y menos una entidad modesta que se nutre de las aportaciones de sus socios y que funciona a base de horas y horas de trabajo voluntario. El reto está en ofrecer un catálogo de servicios atractivos que puedan llegar a todos y ayudar a asomar la cabeza a quienes destaquen por la calidad de sus obras, sin que ello genere envidias. Es complicado. Hay mucho camino por recorrer.
      ¡Un abrazo!

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