No entiendo nada (un desconcertado análisis postelectoral)

Viñeta Forges

Estoy cabreado y desconcertado. No entiendo nada. No encuentro una explicación racional a que más de un millón de votantes que en diciembre apoyaron a Podemos, las confluencias o a Izquierda Unida ayer decidieran quedarse en casa o en la playa. Admito mi absoluta incompetencia como analista político. Supongo que no se puede opinar con una mínima voluntad de acertar si se hace desde la militancia ideológica.

Ahora está claro que la sensación de que la unión de las fuerzas progresistas no sólo sumaría sino que multiplicaría respondía a un deseo, pero no a la realidad. Los resultados electorales no dejan lugar a dudas.

En cualquier caso, no me lo explico. No me entra en la cabeza que nadie mínimamente concienciado con la necesidad de construir una sociedad más justa ayer decidiera no votar. ¿La campaña de Unidos Podemos, con tantos corazones y sonrisas, ha desanimado al sector más guerrero de la izquierda? Seguramente, pero ¿tanto como para castigarnos con cuatro años más de Rajoy?

No lo entiendo (¿ya lo había dicho?). Seguir leyendo “No entiendo nada (un desconcertado análisis postelectoral)”

¿Decepción? No, el cambio es imparable

Hermano Lobo

La reacción en caliente es maldecir de nuevo porque en España tenemos lo que nos merecemos. Más de siete millones de personas han vuelto a votar por una organización criminal para que gobierne el país. Otros 5,5 millones lo han hecho por un partido que la última vez que gobernó renunció por completo a su ideario supuestamente socialista para obedecer el dictado de la élite financiera europea.

El cambio no ha sido posible. Podemos se ha quedado muy lejos de poder presentarse como alternativa de gobierno: 21 escaños por detrás de los 90 del PsoE, y a 54 de los 123 del PP (a falta de contabilizar el voto por correo y el de los residentes en el extranjero). Mucho peor le ha ido a Ciudadanos, el relevo elegido por el sistema para que nada cambiase: 40 diputados.

Sin embargo, después de seguir la jornada electoral con toda la intensidad, escuchando análisis, leyendo interpretaciones y digiriendo números, mi conclusión es que el cambio es ya imparable. Seguir leyendo “¿Decepción? No, el cambio es imparable”

El cambio real tiene nombre de mujer y pasa por la confluencia

forges

Hoy es un buen día. Un día para saborear la que fue una gran noche. Un día para reflexionar sobre los resultados de las elecciones municipales y autonómicas y llegar a la conclusión de que sí, que el cambio es posible.

El bipartidismo no ha saltado por los aires. Seamos realistas: el PP continúa siendo la fuerza más votada en España, con el PSOE muy cerca. El cambio es posible y ayer se dio un primer paso, un paso largo y firme en mi opinión, en esa dirección. Pero nada más que eso, un paso. El camino que queda por delante hasta las elecciones generales de otoño es aún muy largo y está lleno de obstáculos, el principal, desde mi punto de vista, la fragmentación del voto progresista.

Si algo debemos aprender de los resultados de ayer es que la ciudadanía ha premiado la apuesta por la confluencia: Ahora Madrid, Barcelona en Comú, las mareas gallegas, Zaragoza en Común son ejemplos de trabajo por un objetivo político alejado de protagonismos y de ideologías sectarias, trabajo por recuperar las instituciones para las personas. El cambio pasa, necesariamente, por la generosidad de los actores políticos. Deben entender el mensaje, comprender que la gente común está harta del conmigo o contra mí, de siglas vacías de contenido o ancladas en el pasado. Seguir leyendo “El cambio real tiene nombre de mujer y pasa por la confluencia”

Lo de dejarse engañar ya no cuela: si les votas eres cómplice

Forges elecciones

Si en una tienda os dan mal el cambio, ¿pedís el dinero que falta? Si os venden un producto en mal estado, ¿lo devolvéis? Si contratáis un servicio que resulta ser insatisfactorio, ¿reclamáis? Apuesto a que la respuesta es sí en los tres supuestos. Es más, en caso de que tengáis una mala experiencia en, pongamos, un restaurante, ¿repetís? Desde luego que no.

Imaginad a alguien feliz porque le hayan timado en una tienda o porque le hayan servido un hermoso pescado podrido en el restaurante. Ridículo, ¿verdad?

Pues si somos tan (lógicamente) exigentes con los productos de consumo, ¿por qué extraño mecanismo mental se explica que hagamos la vista gorda con quienes gestionan lo público? No sólo la vista gorda, sino que incluso renovemos nuestra confianza en quienes han demostrado hasta la saciedad ser manifiestamente incapaces de hacerlo o, peor, aprovechan nuestra “buena voluntad” para robar(nos) a manos llenas, reírse en nuestra cara y, para colmo, sin atisbo de vergüenza, pedirnos, una vez más, el voto. Seguir leyendo “Lo de dejarse engañar ya no cuela: si les votas eres cómplice”