Confinado el corazón

Cada cierto tiempo, Salto al reverso abre convocatorias especiales con el objetivo de seleccionar obras para su revista digital. En esta ocasión, el tema elegido ha sido #aislamiento.

https://saltoalreverso.com/2020/05/03/confinado-el-corazon/

BLOG SALTO AL REVERSO

Imagen libre de derechos obtenida en Pixabay

Aislados de la vida.

Encadenados a la tristeza que agotó las lágrimas, al transitar rutinario.

Engullidos por la masa sometida a la dictadura de la norma, a la uniformidad que señala al disidente.

Resignados a la realidad; ni siquiera resignados: abducidos por ella.

Militantes acríticos del clan, dimisionarios de nuestra conciencia.

Aislados de nosotros mismos, y de los sueños olvidados.

Encerrados en una burbuja temporal, esperando a que explote para regresar a nuestro tiempo gris.

Incapaces de imaginar otro estilo de vida, asustados de imaginar que sea posible imaginarlo.

Acomodados en nuestro aislamiento emocional, confinado el corazón.

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Responsabilidad individual, miseria humana y relatos que abrazan

Relatos en busca de abrazos

Me encuentro extrañamente tranquilo. Las primeras semanas de encierro en casa se me hicieron muy duras, y si en aquel momento me hubieran dicho que íbamos a pasar un mínimo de dos meses sin libertad de movimiento me habría desesperado. Me llevo muy mal con la soledad. Pero la semana pasada llegaron las golondrinas y los vencejos, invadiendo el espacio aéreo con sus piruetas y los silbidos escandalosos que a mí me llenan de alegría. Porque, a pesar de todo, es primavera.

Supongo que el secreto es no pensar demasiado en lo que vendrá, ni en cuándo vendrá. Ir día a día y no prestar mucha atención al ruido mediático ni a la bilis de quienes no desaprovechan la mínima ocasión de demostrar cuán miserables son.

Me muero de ganas por salir y abrazar a los míos, y aunque ahora parece que tengo las emociones bajo control, sé que el standby no podrá durar mucho más. Hay tantas cosas de las que estamos viviendo que no me parecen ni medio lógicas, que si me pongo hacer el listado no acabaría nunca. Creo, sin embargo, que podría sintetizarlas en la siguiente reflexión: Seguir leyendo «Responsabilidad individual, miseria humana y relatos que abrazan»

Deseos para después del confinamiento

Abrazar a mis padres, a mi hermano y a mi pareja; jugar a fútbol con mi hijo; tomar esas cervezas prometidas por whatsapp con familiares y amigos; patear las montañas del Valle de Pineta (y cualquier otra montaña); disfrutar de los diversos proyectos literarios y de memoria histórica en los que estoy implicado y que no sabemos cuándo podremos celebrar… Poca cosa más. La verdad es que mis “ambiciones” personales para cuando esta pesadilla acabe son bastante sencillas y terrenales. No quiero comprar nada especial, ni viajar lejos, ni hacer grandes planes. Pasar tiempo con los míos, echar una mano donde pueda ser útil y escaparme a la naturaleza cuando sea posible. Eso es todo lo que necesito para sentirme realizado.

Ayer fue el cumpleaños de mi hijo. Él ya había asumido con resignación que estaríamos los dos solos en casa, que no habría fiesta ni regalos, que todo eso tendríamos que aplazarlo hasta no se sabe cuándo. Hicimos una tarta (quedó muy rica), sopló las cerillas (no había velas en el súper de al lado de casa), jugamos a un Quién es quién casero que dibujamos entre los dos y otro rato a The Simpsons en la consola. Recibió algunas llamadas de felicitación, y por la tarde lo llevé con su madre (es una de las excepciones a las restricciones de movilidad por el confinamiento). No fue el cumpleaños ideal, pero para mí, sin duda, fue el mejor día de las tres últimas semanas.

Mientras regresaba por la desértica autopista, en la radio pusieron “Quédate a dormir”, de M-Clan, una de tantas canciones pegadizas que uno canturrea sin  pararse a pensar realmente en la letra. Esta vez, sin embargo, quizás por el hecho de circular solo, relajado, sí la escuché, y me di cuenta de que en realidad estaba describiendo más o menos mi filosofía de vida. Supongo que se puede interpretar de varias maneras, pero me siento identificado con el “no quiero estar encima de ti, dudo que pudiera estar debajo”, “no tengo prisa por llegar, nunca he cogido un atajo”, “no quiero remar, y mucho menos naufragar”… Seguir leyendo «Deseos para después del confinamiento»

Prisioneros

Todos somos prisioneros. Con mayor o menor intensidad, más o menos conscientes de ello, somos prisioneros de nuestros dogmas, de nuestros prejuicios, de nuestros recuerdos, de nuestras decisiones (las que tomamos y las que dejamos de tomar), de lo que creemos que los demás esperan de nosotros, de nuestras inseguridades, de nuestros miedos, de nuestras esperanzas… de nuestras obligaciones.

Buena parte de esas obligaciones derivan de la sociedad en que vivimos, y, de ellas, un porcentaje muy elevado las asumimos con absoluta falta de entusiasmo, porque no queda más remedio, porque no se puede vivir de otra manera.

Sin embargo, cuando sucede algo tan imprevisto como la crisis sanitaria en la que nos hallamos inmersos, tan bestia, tan chocante que lo normal es que el aturdimiento por la dificultad de asimilar lo que pasa nos dure unos cuantos días, el sistema del que somos prisioneros queda al desnudo, y las conclusiones que se derivan de una observación detallada aún aturden más. Seguir leyendo «Prisioneros»

Siete años de aprendizaje

Benjamín Recacha García

El 22 de enero de 2013 abrí ‘la recacha’, con una foto de la cubierta de El viaje de Pau y otra del Monte Perdido. Siete años han pasado, en los que ha habido tantos cambios en mi vida que tengo la sensación de que son muchos más. No voy a hacer balance, ni a recopilar datos, ni los artículos que considero más importantes.

Este blog hace tiempo que superó el punto de no retorno. Es decir, que puede que haya vivido épocas de mayor actividad (los primeros años publicaba casi a diario), pero no tengo intención de cerrarlo. Si alguien con mucho tiempo libre se pone a recorrer su contenido cronológicamente, se dará cuenta de que ha ido evolucionando (o dando bandazos) en función de mi evolución vital (o mis bandazos).

Siempre tuve claro que aquí iba a expresarme tal como soy, que no quería dar una imagen determinada “por si…” o “para…” Lo que escribiera en ‘la recacha’ tenía que ser un reflejo de mí. Y así ha sido durante estos siete años. Seguir leyendo «Siete años de aprendizaje»

Dedicarle tiempo a amar lo que nos conmueve

Circo de Barrosa
El Circo de Barrosa es uno de los rincones más bellos del Pirineo Aragonés. Foto: Benjamín Recacha

El domingo a mediodía estaba en el refugio de Barrosa. Hacía mucho frío, pero llegué resoplando y con la camiseta sudada bajo el jersey de lana y el anorak. Es una caminata muy cómoda, que requiere poco más de una hora, en uno de los rincones más bellos del Pirineo. La he hecho muchas veces, con sol, lluvia e incluso granizo, pero nunca rodeado de nieve. Este fin de semana todo el paisaje era blanco. Pero el blanco invernal contrastaba con el amarillo, el naranja y el rojo de los árboles aún vestidos de otoño. El camino recién nevado estaba salpicado por miles de hojas multicolores, y yo transitaba boquiabierto por aquel espectáculo increíble.

Al alcanzar la entrada del circo que forman las moles pirenaicas donde nace el río Barrosa, lo que en verano es una alfombra verde se había transformado en un mar blanquísimo. La familia de sarrios que habita las laderas de roca parecía tan sorprendida como yo de aquel invierno repentino.

El caso es que durante todo ese tramo de acceso al refugio las piernas se me hundían en la nieve hasta las rodillas, de ahí el calentón y los resoplidos. A pesar del frío y de que el sol ya sólo se intuía detrás de las cumbres, cogí una de las sillas del interior y me senté a comer el bocadillo fuera. De normal, me habría sentado en una roca, como hice el día anterior en los llanos de la Larri (luego hablo de eso), pero es que no quedaba ni un centímetro cuadrado libre de nieve. Las marmotas debían estar calentitas en sus madrigueras subterráneas. Seguir leyendo «Dedicarle tiempo a amar lo que nos conmueve»

Cuando la movilización escapa del control político, el sistema la condena

Hermano Lobo
La popular viñeta de Ramón con que Hermano Lobo abría en agosto de 1975, siempre de actualidad.

El jueves fui a cenar a casa de mis padres. Mi padre estaba viendo un informativo en el que, obviamente, las movilizaciones en Catalunya eran el tema estrella. Nos pusimos a comentar la situación, y él, que durante toda su vida laboral fue muy combativo, pero que ya hace tiempo que se muestra escéptico ante los conatos de cambio social que cíclicamente amagan con el «ahora sí», me dijo: «Se está moviendo algo. Hasta ahora las manifestaciones independentistas eran como una rúa de carnaval, pero por fin parece que hay gente que no se conforma, que ha perdido el miedo».

Unos cuantos contenedores en llamas, y la alarma de la violencia descontrolada se extiende como la pólvora. «Los violentos toman las calles». Sí, visten uniforme, llevan casco y demuestran una gran pericia en el uso de la porra y los proyectiles revientaojos y testículos.

Pero claro, lo que nos hace llevarnos las manos a la cabeza son los contenedores ardiendo. Lo otro es la consecuencia indeseada del uso necesario y proporcionado de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad (dependientes de la administración que sea, son todos iguales) para devolver la paz a la ciudad y que la gente de bien pueda dormir tranquila. Seguir leyendo «Cuando la movilización escapa del control político, el sistema la condena»

A pesar de todo, el periodismo de proximidad resiste

1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot)
Inauguración de la exposición 1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot).   Foto: Ajuntament Caldes de Montbui

Soy periodista y, sin embargo, cada vez presto menos atención a los medios de comunicación. En este blog encontraréis varios artículos muy críticos con la prensa porque, en mi opinión, hace tiempo que dejó de cumplir su función informativa y de fiscalización del poder (no sólo el político) para venderse al mejor postor. La agenda de la actualidad no la marcan los periodistas, sino los intereses políticos y económicos. Eso al menos es lo que ocurre en los medios de masas.

Por supuesto que existen iniciativas periodísticas honestas, con voluntad de recuperar el prestigio de una profesión que debería ser fundamental para garantizar la salud democrática de la sociedad y, sobre todo, para esparcir entre la población la semilla del pensamiento crítico. El periodismo nunca debería ser complaciente con quienes tienen la sartén por el mango, porque entonces dejar de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Hace falta más periodismo honesto, y mi impresión es que para encontrarlo hay que detenerse allí donde, paradójicamente, lo tiene más complicado para desarrollar proyectos estables: la proximidad. Los medios locales y comarcales han sido históricamente escuela de periodistas, a menudo poco más que eso. Por el prejuicio de que mantenerse en ellos era estancarse, pero sobre todo por la precariedad de un trabajo que a menudo se realizaba por afición. El periódico o la radio local eran el lugar donde aprender para dar el salto a la prensa «de verdad», no se podía aspirar a ganarse la vida allí. Seguir leyendo «A pesar de todo, el periodismo de proximidad resiste»

No pienses, lincha

Un día cualquiera en Twitter. Viñeta de betinorama

Yo no sé si es una impresión causada por el sesgo de las redes sociales o si se puede extrapolar a la «vida real» (me temo que lo segundo). El caso es que creo que estamos empobreciendo nuestras relaciones personales, porque tendemos a relacionarnos sólo con quienes comparten gustos y opiniones similares, cada vez más, a los nuestros. Y si alguien a quien considerábamos afín se despacha con algún comentario que consideramos inadecuado, automáticamente le ponemos la crucecita. Nos «decepciona».

Hace unos meses eliminé mis cuentas de Facebook e Instagram porque me cansé de la sensación de estar exhibiéndome en un escaparate. Llegó un momento en que compartir contenidos se había convertido en una rutina necesaria para continuar siendo visible, y un buen día decidí que resultaba ridículo. Sé que de esa manera perdí el contacto con gente muy maja, que había llegado hasta mis «identidades virtuales» para apoyarme en mi actividad literaria o porque lo que publicaba en este blog le resultaba interesante, pero necesitaba liberarme de esa sensación de tener que estar ahí, no quería llegar a sentirme artificial.

Ser auténtico se penaliza en el mundo virtual, de modo que si uno no quiere empezar a caer mal, debe poner filtros a lo que comparte, o contenerse. Y yo no sé hacer eso. A medida que crecía la impresión que comentaba en el primer párrafo, crecía también mi incomodidad al escribir y compartir artículos sobre temas que ya no admiten más posturas que blanco o negro, y sabía que dependiendo de lo que opinara «decepcionaría» a unos u otros. En fin, que puede que sólo fuera una sensación sin fundamento, pero me harté. Seguir leyendo «No pienses, lincha»