El día que morí

La falta de humanidad que azota el mundo y los viajes en metro a veces dan como resultado un texto como el que comparto. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.

SALTO AL REVERSO

Imagen libre de derechos obtenida en Pixabay

El día que morí, murieron otras muchas personas, como cada día. Yo lo hice después de una vida larga, de la que, haciendo balance de los buenos y malos momentos, me puedo considerar afortunado. Habría preferido evitar el mal trago de la embolia que me postró en la cama durante dos semanas de agonía; un infarto mientras dormía habría sido más benévolo, pero qué se le va a hacer.

Otros lo pasaron peor, y su fin fue, a todas luces, mucho más injusto.

El día que morí, también murió un obrero a quien le cayó encima una pared mal apuntalada. Murieron una madre y su hija, atropelladas por un conductor borracho; y una mujer, ejecutada a pedradas por tratar de huir de un marido que la maltrataba. Otra murió desangrada, como consecuencia de un aborto clandestino.

Un hombre murió tras lanzarse al vacío…

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‘Visiones tras el velo’: mirar más allá de lo evidente

Marta Edda - Benjamín Recacha
Momento en que me hice con mi ejemplar dedicado de ‘Visiones tras el velo’ (la chica del centro no sé quién es).

Como autor (casi) anónimo que soy, consciente de lo complicado que es asomar la cabeza en el mundo editorial y de los ánimos que infunde que se reconozca el trabajo de uno, me gusta leer libros de otros compañeros tan anónimos como yo. No siempre los disfruto (como no disfruto de todos los de autores consolidados), y me duelen los ojos cuando tropiezo con obras mal editadas (también sucede con las que llevan sellos reconocidos), pero de vez en cuando aparece una joya que, quizás por inesperada, disfruto el doble.

Es el caso de Visiones tras el velo (Célebre Editorial, 2019), la primera novela de Marta Edda Laiz, joven coruñesa que tuve el placer de conocer en diciembre en Valencia, con motivo de la Hispacón, y que ya he incluido en el listado «leer todo lo que publique».

Visiones tras el velo es el primer libro de la saga que protagoniza Rafael Keller, un tipo de los que en la vida real la inmensa mayoría de la gente procura evitar o, a lo sumo, trata con esa lástima condescendiente tan dolorosa para quienes la sufren. Es lo que sin usar eufemismos llamaríamos enfermo mental. Esquizofrénico, acosado desde la infancia por visiones continuas de monstruos terribles, epiléptico y, para colmo, tartamudo. Un miserable de manual, de esos que, como decía, preferimos mantener bien apartados.

Menudo protagonista, ¿no? ¿Acaso a Marta no se le ocurrió uno menos atractivo? Me la imagino devanándose los sesos por dar con el antihéroe menos entusiasmante de la historia de la literatura fantástica… ¿Quizás no quiere vender libros?

Nada de eso. Seguir leyendo “‘Visiones tras el velo’: mirar más allá de lo evidente”

Siete años de aprendizaje

Benjamín Recacha García

El 22 de enero de 2013 abrí ‘la recacha’, con una foto de la cubierta de El viaje de Pau y otra del Monte Perdido. Siete años han pasado, en los que ha habido tantos cambios en mi vida que tengo la sensación de que son muchos más. No voy a hacer balance, ni a recopilar datos, ni los artículos que considero más importantes.

Este blog hace tiempo que superó el punto de no retorno. Es decir, que puede que haya vivido épocas de mayor actividad (los primeros años publicaba casi a diario), pero no tengo intención de cerrarlo. Si alguien con mucho tiempo libre se pone a recorrer su contenido cronológicamente, se dará cuenta de que ha ido evolucionando (o dando bandazos) en función de mi evolución vital (o mis bandazos).

Siempre tuve claro que aquí iba a expresarme tal como soy, que no quería dar una imagen determinada “por si…” o “para…” Lo que escribiera en ‘la recacha’ tenía que ser un reflejo de mí. Y así ha sido durante estos siete años. Seguir leyendo “Siete años de aprendizaje”

Amarillo, rojo y azul

Escribí este texto hace unos días con la idea de participar en un concurso de relatos cortos de terror por Internet, pero unos problemas técnicos con la plataforma donde debía subirlo (o con mi ordenador) me han impedido hacerlo, así que lo he colgado en ‘Salto al reverso’, donde nunca he tenido problemas técnicos para compartir mis creaciones. De todas formas, tampoco iba a ganar.
Ya me diréis si la historia, al menos, resulta algo inquietante…

SALTO AL REVERSO

Anciano Imagen libre de derechos obtenida en Pixabay.   Autor: omaralnahi

El abuelo le da miedo. Los domingos Luna se hace la dormida, con la esperanza de que mamá olvidará la visita a la residencia, pero siempre se acuerda. «Verte lo pone contento», le dice. Sin embargo, Luna nunca ha visto sonreír al abuelo, ni hablar; ni siquiera una señal de reconocimiento en su expresión vacía.

El autobús las deja frente al viejo recinto de muros grises que dan a un jardín instalado en un otoño perpetuo, sin flores ni pájaros. Luna agarra fuerte la mano de mamá.

—Hija, estás helada.

Y rígida, como cada domingo.

Mamá pulsa el timbre. Mientras esperan, Luna huele la humedad. Imagina que así debe oler una casa abandonada y oscura, pero en la residencia hay mucha gente.

Se pregunta por qué si el abuelo es alguien a quien hay que querer, vive en una casa con…

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En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)

Hispacón 2019
De dcha a izqda: Gemma Solsona, Júlia Díez, Greta Mustieles y yo, hablando sobre spoilers.   Foto: Sergi Albir

El viernes por la noche las calles de Valencia eran testigo de un grupo de adultos que bailaban al ritmo del Ghostbusters que nos habíamos quedado con las ganas de escuchar en la virtuosa guitarra eléctrica de Alberto Sánchez, quien nos había regalado un animado recital de versiones cinematográficas. La velada la había abierto la sorprendente voz de Sofía Rhei, quien, acompañada por las notas intimistas de su guitarra, nos dejó con la boca abierta recitando sus poemas «bisexuales» (a lo que ya me referí en la primera parte de esta crónica).

«¿Ghostbusters? Really?» Lo sé. Uno empieza a tener una edad, y a veces olvida dónde ha dejado el criterio musical (y Gemma Solsona, que es una mala influencia). Pero sólo a veces.

El «concierto» continuó en el taxi, para desgracia del sufrido conductor, que flipó bastante. Pero qué risas…

Hispacón 2019
La logística para salir de ahí era demasiado complicada, así que Júlia tuvo que pasar bajo la mesa…

La noche siguiente, la de la cena de gala y la entrega de los premios Guillermo de Baskerville, Ignotus, Domingo Santos y Gabriel, también fue muy musical. Debe ser que viajé a Valencia con el cuerpo bailongo, porque lo mejor del evento fue el discotequeo posterior, muy ochentero. Lo de la edad, ya sabéis… Bueno, el discotequeo y la elegancia de Júlia pasando por debajo de la mesa para poder ir al baño. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (2ª parte)”

Besos en el viento

“Sunrise” se titula la canción del nuevo álbum de Coldplay que me ha inspirado este relato. Es un tema instrumental, en el que el sonido del violín te traslada a algún lugar maravilloso donde conviven la felicidad y la melancolía, donde los besos viajan a bordo del viento…

https://www.youtube.com/watch?v=H97NQznnvZo

SALTO AL REVERSO

Valle de Pineta Foto: Benjamín Recacha

La huella del alud atraviesa de forma dramática la ladera de la montaña.

Sigues con la mirada la cortina de árboles caídos que dibuja la nueva cicatriz en el corazón del bosque, y te maravillas de la exactitud con que se reproduce cada primavera.

Esta mañana la ascensión te ha costado más que de costumbre. Llevas un rato sentado en la roca de siempre y continúas exhalando espesas columnas de humo blanco.

A pesar del frío, tienes la camiseta interior empapada en sudor, y mientras recuperas el resuello el aire helado se te clava en los pulmones.

«Me hago mayor», concluyes.

Ayer no acudiste a tu cita diaria por culpa del temporal que ha dejado más de un metro de nieve en pleno mes de mayo.

Debilitado, sudoroso y boqueando como un pez fuera del agua, el caso es que aquí estás de nuevo, admirando la obra…

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En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)

La PAE en Hispacón 2019
La alineación de la PAE en Valencia: Iván Albarracín, Gemma Solsona, yo, Greta Mustieles, Jose Bonilla y Júlia Díez (falta Manu Gris, que se había fugado a una charla).   Foto: Sylvia Sanz

El viernes 5 escribí un tuit en el que anunciaba que me iba a la Hispacón de Valencia con el firme propósito de pasarlo en grande junto a mi familia literaria de la Plataforma de Adictos a la Escritura (PAE), con quienes las risas están siempre aseguradas. El caso es que poco después mi admirado José Ángel Jarné, siempre con la tecla a punto, me sugería como respuesta al mensaje que tomara buena nota de todo para redactar una de esas crónicas que tanto aprecia mi otra gran familia literaria, la de la Asociación de Escritores Noveles (AEN), y yo, que soy un chico aplicado, me pertreché con boli y libreta, dispuesto a apuntar todo lo interesante que llegara a mis oídos.

Pues bien, Jose, lamento decirte que durante las tres jornadas en el Museo de Ciencias Naturales no escribí ni una letra. Pero no te preocupes, que crónica hay. Esta. En entrega doble. Menos profesional que las de los Congresos de Escritores a las que os tengo (mal) acostumbrados, pero creo que va a ser entretenida. Por cierto, que me muero de ganas de volver a Gijón, así que ya estamos preparando el V Congreso, que toca en 2020.

Vaya por delante que la Hispacón es una reunión de autores y aficionados a la literatura de fantasía, terror y ciencia ficción, géneros de los que yo conozco poco. Tampoco estoy al día del mundillo ni de las movidas que generan afinidades y recelos entre quienes suelen frecuentar foros similares, así que acudía a Valencia con los ojos y las orejas abiertos, dispuesto a aprender, a conocer a gente maja y, sobre todo, lo más importante, a reír mucho. Y debo decir que todos los objetivos se cumplieron con creces. El de las risas, el que más. Compartiendo (mini)apartamento con Manu, María, Gemma, Greta y Ender (la reencarnación del Fújur de la versión cinematográfica de La historia interminable; es un perrazo tan enorme como simpático), era complicado no lograrlo. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)”

«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo

Te diré que estoy vivo

El recuerdo mueve nuestras vidas o las estanca. ¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de instalarse en la nostalgia? O, por el contrario, el recuerdo de los momentos felices nos ha impulsado a avanzar para acumular más de esos.

A veces la frontera entre la euforia y la nostalgia se diluye, y se hace necesario pisar firme para anclarse en la realidad y tomar perspectiva, porque aunque los recuerdos configuren la persona que somos, no se puede vivir en ni de ellos.

O no deberíamos.

La teoría es sencilla, pero a veces resulta difícil aplicarla. Los seres humanos nos guiamos por las emociones; ansiamos sentir, porque cada vez que sentimos acumulamos recuerdos. Lo normal es que el dolor y la alegría compartan protagonismo, de forma que lo complicado es evitar que un presente demasiado doloroso devore la máquina generadora de instantes memorables, y nos ancle al pasado. Seguir leyendo “«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo”

Ocho minutos

El Callejón de las Once Esquinas

El Callejón de las Once Esquinas se despide con su número 12. Doce trimestres, tres años, compartiendo relatos de quienes sentimos la necesidad de expresarnos a través de la palabra escrita. Un proyecto muy bonito encabezado por Patricia Richmond, alter ego literario de la maña María Jesús Pueyo, una escritora con mucho talento que ha dedicado horas incontables a dar vida a este callejón que ha visto nacer tantas historias.

Aunque cueste despedirse, quizás sea una buena idea hacerlo cuando todo el recuerdo que dejas es positivo. Así que os invito a dar un último paseo por El Callejón de las Once Esquinas, y a revisitarlo cada vez que os apetezca.

María Jesús ha recibido mis relatos para las diversas convocatorias de la revista con mucho cariño. Para agradecérselo, lo mejor que se me ha ocurrido es presentar uno inédito para este último número: Ocho minutos, ambientado y escrito en el metro durante una semana.

Espero que lo disfrutéis, igual que el resto de El CallejónSeguir leyendo “Ocho minutos”

Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo

Coraline - Ilustración de Dave McKean
Las ilustraciones de Dave McKean son un complemento perfecto para la historia de Neil Gaiman.

Ser valiente no tiene tanto que ver con una disposición ante la vida como con la adaptación a lo que esta nos depara. El grado de valentía depende, además, del tipo de circunstancias que debemos afrontar. No es lo mismo atreverte a lanzarte de cabeza a la piscina desde un trampolín, pedirle una cita a la persona que te gusta, decidirte por una carrera vocacional en lugar de la que (dicen que) te garantiza un empleo o cambiar de trabajo, que enfrentarte a un grupo de nazis que acosan a alguien en el metro, proteger a tus hijos en un país en guerra, lanzarte al mar con tu familia en busca de un futuro o coger un arma para defender tu pueblo de una invasión.

Todas ellas son decisiones que requieren valentía, sin duda, pero es obvio que las del segundo grupo resultan mucho más críticas. Paradójicamente, las del primero permiten una reflexión previa sin que exista presión externa. Es decir, son producto de una elección, mientras que las otras nos las encontramos sin haberlas buscado (y que no se presenten nunca), y nos exigen actuar, sin tiempo apenas para entender qué ocurre. Seguir leyendo “Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo”