Besos en el viento

“Sunrise” se titula la canción del nuevo álbum de Coldplay que me ha inspirado este relato. Es un tema instrumental, en el que el sonido del violín te traslada a algún lugar maravilloso donde conviven la felicidad y la melancolía, donde los besos viajan a bordo del viento…

SALTO AL REVERSO

Valle de Pineta Foto: Benjamín Recacha

La huella del alud atraviesa de forma dramática la ladera de la montaña.

Sigues con la mirada la cortina de árboles caídos que dibuja la nueva cicatriz en el corazón del bosque, y te maravillas de la exactitud con que se reproduce cada primavera.

Esta mañana la ascensión te ha costado más que de costumbre. Llevas un rato sentado en la roca de siempre y continúas exhalando espesas columnas de humo blanco.

A pesar del frío, tienes la camiseta interior empapada en sudor, y mientras recuperas el resuello el aire helado se te clava en los pulmones.

«Me hago mayor», concluyes.

Ayer no acudiste a tu cita diaria por culpa del temporal que ha dejado más de un metro de nieve en pleno mes de mayo.

Debilitado, sudoroso y boqueando como un pez fuera del agua, el caso es que aquí estás de nuevo, admirando la obra…

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En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)

La PAE en Hispacón 2019
La alineación de la PAE en Valencia: Iván Albarracín, Gemma Solsona, yo, Greta Mustieles, Jose Bonilla y Júlia Díez (falta Manu Gris, que se había fugado a una charla).   Foto: Sylvia Sanz

El viernes 5 escribí un tuit en el que anunciaba que me iba a la Hispacón de Valencia con el firme propósito de pasarlo en grande junto a mi familia literaria de la Plataforma de Adictos a la Escritura (PAE), con quienes las risas están siempre aseguradas. El caso es que poco después mi admirado José Ángel Jarné, siempre con la tecla a punto, me sugería como respuesta al mensaje que tomara buena nota de todo para redactar una de esas crónicas que tanto aprecia mi otra gran familia literaria, la de la Asociación de Escritores Noveles (AEN), y yo, que soy un chico aplicado, me pertreché con boli y libreta, dispuesto a apuntar todo lo interesante que llegara a mis oídos.

Pues bien, Jose, lamento decirte que durante las tres jornadas en el Museo de Ciencias Naturales no escribí ni una letra. Pero no te preocupes, que crónica hay. Esta. En entrega doble. Menos profesional que las de los Congresos de Escritores a las que os tengo (mal) acostumbrados, pero creo que va a ser entretenida. Por cierto, que me muero de ganas de volver a Gijón, así que ya estamos preparando el V Congreso, que toca en 2020.

Vaya por delante que la Hispacón es una reunión de autores y aficionados a la literatura de fantasía, terror y ciencia ficción, géneros de los que yo conozco poco. Tampoco estoy al día del mundillo ni de las movidas que generan afinidades y recelos entre quienes suelen frecuentar foros similares, así que acudía a Valencia con los ojos y las orejas abiertos, dispuesto a aprender, a conocer a gente maja y, sobre todo, lo más importante, a reír mucho. Y debo decir que todos los objetivos se cumplieron con creces. El de las risas, el que más. Compartiendo (mini)apartamento con Manu, María, Gemma, Greta y Ender (la reencarnación del Fújur de la versión cinematográfica de La historia interminable; es un perrazo tan enorme como simpático), era complicado no lograrlo. Seguir leyendo “En la luna (fantástica) de Valencia (1ª parte)”

«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo

Te diré que estoy vivo

El recuerdo mueve nuestras vidas o las estanca. ¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de instalarse en la nostalgia? O, por el contrario, el recuerdo de los momentos felices nos ha impulsado a avanzar para acumular más de esos.

A veces la frontera entre la euforia y la nostalgia se diluye, y se hace necesario pisar firme para anclarse en la realidad y tomar perspectiva, porque aunque los recuerdos configuren la persona que somos, no se puede vivir en ni de ellos.

O no deberíamos.

La teoría es sencilla, pero a veces resulta difícil aplicarla. Los seres humanos nos guiamos por las emociones; ansiamos sentir, porque cada vez que sentimos acumulamos recuerdos. Lo normal es que el dolor y la alegría compartan protagonismo, de forma que lo complicado es evitar que un presente demasiado doloroso devore la máquina generadora de instantes memorables, y nos ancle al pasado. Seguir leyendo “«Te diré que estoy vivo»: avanzar desde el recuerdo”

Ocho minutos

El Callejón de las Once Esquinas

El Callejón de las Once Esquinas se despide con su número 12. Doce trimestres, tres años, compartiendo relatos de quienes sentimos la necesidad de expresarnos a través de la palabra escrita. Un proyecto muy bonito encabezado por Patricia Richmond, alter ego literario de la maña María Jesús Pueyo, una escritora con mucho talento que ha dedicado horas incontables a dar vida a este callejón que ha visto nacer tantas historias.

Aunque cueste despedirse, quizás sea una buena idea hacerlo cuando todo el recuerdo que dejas es positivo. Así que os invito a dar un último paseo por El Callejón de las Once Esquinas, y a revisitarlo cada vez que os apetezca.

María Jesús ha recibido mis relatos para las diversas convocatorias de la revista con mucho cariño. Para agradecérselo, lo mejor que se me ha ocurrido es presentar uno inédito para este último número: Ocho minutos, ambientado y escrito en el metro durante una semana.

Espero que lo disfrutéis, igual que el resto de El CallejónSeguir leyendo “Ocho minutos”

Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo

Coraline - Ilustración de Dave McKean
Las ilustraciones de Dave McKean son un complemento perfecto para la historia de Neil Gaiman.

Ser valiente no tiene tanto que ver con una disposición ante la vida como con la adaptación a lo que esta nos depara. El grado de valentía depende, además, del tipo de circunstancias que debemos afrontar. No es lo mismo atreverte a lanzarte de cabeza a la piscina desde un trampolín, pedirle una cita a la persona que te gusta, decidirte por una carrera vocacional en lugar de la que (dicen que) te garantiza un empleo o cambiar de trabajo, que enfrentarte a un grupo de nazis que acosan a alguien en el metro, proteger a tus hijos en un país en guerra, lanzarte al mar con tu familia en busca de un futuro o coger un arma para defender tu pueblo de una invasión.

Todas ellas son decisiones que requieren valentía, sin duda, pero es obvio que las del segundo grupo resultan mucho más críticas. Paradójicamente, las del primero permiten una reflexión previa sin que exista presión externa. Es decir, son producto de una elección, mientras que las otras nos las encontramos sin haberlas buscado (y que no se presenten nunca), y nos exigen actuar, sin tiempo apenas para entender qué ocurre. Seguir leyendo “Coraline, la niña valiente que no pretendía serlo”

Dedicarle tiempo a amar lo que nos conmueve

Circo de Barrosa
El Circo de Barrosa es uno de los rincones más bellos del Pirineo Aragonés. Foto: Benjamín Recacha

El domingo a mediodía estaba en el refugio de Barrosa. Hacía mucho frío, pero llegué resoplando y con la camiseta sudada bajo el jersey de lana y el anorak. Es una caminata muy cómoda, que requiere poco más de una hora, en uno de los rincones más bellos del Pirineo. La he hecho muchas veces, con sol, lluvia e incluso granizo, pero nunca rodeado de nieve. Este fin de semana todo el paisaje era blanco. Pero el blanco invernal contrastaba con el amarillo, el naranja y el rojo de los árboles aún vestidos de otoño. El camino recién nevado estaba salpicado por miles de hojas multicolores, y yo transitaba boquiabierto por aquel espectáculo increíble.

Al alcanzar la entrada del circo que forman las moles pirenaicas donde nace el río Barrosa, lo que en verano es una alfombra verde se había transformado en un mar blanquísimo. La familia de sarrios que habita las laderas de roca parecía tan sorprendida como yo de aquel invierno repentino.

El caso es que durante todo ese tramo de acceso al refugio las piernas se me hundían en la nieve hasta las rodillas, de ahí el calentón y los resoplidos. A pesar del frío y de que el sol ya sólo se intuía detrás de las cumbres, cogí una de las sillas del interior y me senté a comer el bocadillo fuera. De normal, me habría sentado en una roca, como hice el día anterior en los llanos de la Larri (luego hablo de eso), pero es que no quedaba ni un centímetro cuadrado libre de nieve. Las marmotas debían estar calentitas en sus madrigueras subterráneas. Seguir leyendo “Dedicarle tiempo a amar lo que nos conmueve”

Cuando la movilización escapa del control político, el sistema la condena

Hermano Lobo
La popular viñeta de Ramón con que Hermano Lobo abría en agosto de 1975, siempre de actualidad.

El jueves fui a cenar a casa de mis padres. Mi padre estaba viendo un informativo en el que, obviamente, las movilizaciones en Catalunya eran el tema estrella. Nos pusimos a comentar la situación, y él, que durante toda su vida laboral fue muy combativo, pero que ya hace tiempo que se muestra escéptico ante los conatos de cambio social que cíclicamente amagan con el «ahora sí», me dijo: «Se está moviendo algo. Hasta ahora las manifestaciones independentistas eran como una rúa de carnaval, pero por fin parece que hay gente que no se conforma, que ha perdido el miedo».

Unos cuantos contenedores en llamas, y la alarma de la violencia descontrolada se extiende como la pólvora. «Los violentos toman las calles». Sí, visten uniforme, llevan casco y demuestran una gran pericia en el uso de la porra y los proyectiles revientaojos y testículos.

Pero claro, lo que nos hace llevarnos las manos a la cabeza son los contenedores ardiendo. Lo otro es la consecuencia indeseada del uso necesario y proporcionado de la fuerza por parte de los cuerpos de seguridad (dependientes de la administración que sea, son todos iguales) para devolver la paz a la ciudad y que la gente de bien pueda dormir tranquila. Seguir leyendo “Cuando la movilización escapa del control político, el sistema la condena”

A pesar de todo, el periodismo de proximidad resiste

1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot)
Inauguración de la exposición 1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot).   Foto: Ajuntament Caldes de Montbui

Soy periodista y, sin embargo, cada vez presto menos atención a los medios de comunicación. En este blog encontraréis varios artículos muy críticos con la prensa porque, en mi opinión, hace tiempo que dejó de cumplir su función informativa y de fiscalización del poder (no sólo el político) para venderse al mejor postor. La agenda de la actualidad no la marcan los periodistas, sino los intereses políticos y económicos. Eso al menos es lo que ocurre en los medios de masas.

Por supuesto que existen iniciativas periodísticas honestas, con voluntad de recuperar el prestigio de una profesión que debería ser fundamental para garantizar la salud democrática de la sociedad y, sobre todo, para esparcir entre la población la semilla del pensamiento crítico. El periodismo nunca debería ser complaciente con quienes tienen la sartén por el mango, porque entonces dejar de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Hace falta más periodismo honesto, y mi impresión es que para encontrarlo hay que detenerse allí donde, paradójicamente, lo tiene más complicado para desarrollar proyectos estables: la proximidad. Los medios locales y comarcales han sido históricamente escuela de periodistas, a menudo poco más que eso. Por el prejuicio de que mantenerse en ellos era estancarse, pero sobre todo por la precariedad de un trabajo que a menudo se realizaba por afición. El periódico o la radio local eran el lugar donde aprender para dar el salto a la prensa «de verdad», no se podía aspirar a ganarse la vida allí. Seguir leyendo “A pesar de todo, el periodismo de proximidad resiste”

“Mi último verano”: la obligación de perder la inocencia

Mi último verano - David Almond

Una de las consecuencias de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados fue la aparición en escena del autodenominado Estado Islámico, que rápidamente extendió el terror por Occidente mediante el secuestro de periodistas, cuyas ejecuciones difundía a través de Internet.

Uno de esos periodistas podría haber sido Greg Armstrong. Su desaparición, los vídeos de ejecuciones y la preocupación por la guerra forman parte de la atmósfera con que David Almond envuelve Mi último verano (Ediciones SM, 2009; Jackdaw Summer es el título original, publicado un año antes. Traducción de Alexandre Casal).

El protagonista de la novela es Liam, hijo único de una pareja de artistas, un escritor y una fotógrafa y pintora que parecen tan perdidos como él en un mundo donde los ideales han ido cediendo terreno frente al pragmatismo y, con el paso de los años, al cinismo. Liam se resiste a «crecer», si eso supone verse sometido a una realidad tan gris. Se resiste a renunciar a los veranos donde uno podía dejarse guiar por el instinto, y se resiste a aceptar que hacerse mayor, entre otras cosas, significa perder el derecho a dejarse sorprender por cada nuevo día y asumir que el mundo es un lugar hostil. Seguir leyendo ““Mi último verano”: la obligación de perder la inocencia”

No pienses, lincha

Un día cualquiera en Twitter. Viñeta de betinorama

Yo no sé si es una impresión causada por el sesgo de las redes sociales o si se puede extrapolar a la «vida real» (me temo que lo segundo). El caso es que creo que estamos empobreciendo nuestras relaciones personales, porque tendemos a relacionarnos sólo con quienes comparten gustos y opiniones similares, cada vez más, a los nuestros. Y si alguien a quien considerábamos afín se despacha con algún comentario que consideramos inadecuado, automáticamente le ponemos la crucecita. Nos «decepciona».

Hace unos meses eliminé mis cuentas de Facebook e Instagram porque me cansé de la sensación de estar exhibiéndome en un escaparate. Llegó un momento en que compartir contenidos se había convertido en una rutina necesaria para continuar siendo visible, y un buen día decidí que resultaba ridículo. Sé que de esa manera perdí el contacto con gente muy maja, que había llegado hasta mis «identidades virtuales» para apoyarme en mi actividad literaria o porque lo que publicaba en este blog le resultaba interesante, pero necesitaba liberarme de esa sensación de tener que estar ahí, no quería llegar a sentirme artificial.

Ser auténtico se penaliza en el mundo virtual, de modo que si uno no quiere empezar a caer mal, debe poner filtros a lo que comparte, o contenerse. Y yo no sé hacer eso. A medida que crecía la impresión que comentaba en el primer párrafo, crecía también mi incomodidad al escribir y compartir artículos sobre temas que ya no admiten más posturas que blanco o negro, y sabía que dependiendo de lo que opinara «decepcionaría» a unos u otros. En fin, que puede que sólo fuera una sensación sin fundamento, pero me harté. Seguir leyendo “No pienses, lincha”