IV Congreso de Escritores: romper el paradigma (en recuerdo de Enrique Laso)

IV Congreso de Escritores - Enrique Laso
Momento de la entrevista con Enrique Laso en el IV Congreso de Escritores de la AEN.   Foto: Teresa Rodríguez

El 10 de agosto estaba acampado en Bielsa, disfrutando de mi amado Pirineo Aragonés junto a mi hijo. Ese día, sin embargo, hubo algo que perturbó la armonía de la vida al aire libre. De buena mañana, empecé a recibir mensajes que alertaban sobre la muerte de Enrique Laso, el autor independiente español con más éxito en las plataformas digitales de todo el mundo, a quien había conocido en persona en abril, durante el IV Congreso de la AEN – Asociación de Escritores Noveles.

Era todo muy raro. Enrique acababa de regresar de un viaje de ocio a Nueva York junto a su hija María, y había estado compartiendo fotos en las redes sociales; se les veía muy felices.

Durante la mañana circularon las especulaciones sobre si no se trataría de una estrategia de márquetin para promocionar su próxima novela, pero me costaba asumir que fuera capaz de una maniobra tan retorcida. En cualquier caso, ojalá hubiera sido eso.

Finalmente, un mensaje de su hija confirmaba la noticia. Decía: «Yo llegué al mundo un día 7, y mi padre lo abandonó un día 7». El 7… Ese mismo día el propio Enrique había comentado una de mis fotos en Instagram. Y poco después, se fue para siempre. Joder.

Qué importa la manera (él había ido lanzando mensajes crípticos en Facebook durante los días previos), lo importante es que un hombre joven, con una larga carrera literaria por delante, querido y admirado (y lo contrario también, para qué negarlo) por su tenacidad, había muerto.

No es que fuéramos amigos, ni mucho menos, pero le tenía aprecio. Lo conocí, como digo, en Gijón. Una de mis tareas en el Congreso de Escritores era entrevistarlo. Se trataba de una de las sesiones más prometedoras de un programa que no podía ser más completo. Así que algunas semanas antes de la cita empezamos a interactuar. Leí Los crímenes azules, la primera novela de la saga protagonizada por el agente del FBI Ethan Bush, que le proporcionó un espectacular éxito comercial, y leí y escuché algunas entrevistas. Lo normal en cualquier periodista que trata de documentarse sobre la persona a la que va a entrevistar.

La mañana del domingo 29 de abril nos preparamos para la charla. Yo había redactado un cuestionario bastante completo, pero pronto me daría cuenta de que iba a resultar complicado ceñirme al guion. Enrique era una de esas personas que, pese a su aspecto retraído, ante un micro y/o una audiencia expectante se crecía; de manera que tuve que utilizar mis mejores recursos para que aquello no se nos fuera de las manos… Y ni así. Los que estuvisteis allí sabréis a qué me refiero; los que no, tenéis que ver el vídeo (como en el resto de las crónicas que he escrito sobre el Congreso, mi agradecimiento infinito a Vanesa García Barahona por grabar las sesiones completas).

Antes de empezar, Enrique me pidió que me acercara un momento; nos apartamos de miradas y oídos indiscretos, y me contó lo que tenía preparado para la parte final de la entrevista. Mentiría si dijera que me pareció una genialidad; más bien me pregunté qué había desayunado, y estoy bastante seguro de que si ahora leyera lo que acabo de escribir, se reiría de buena gana.

«Romper el paradigma» lo llamaba él. «Buscar una manera de generar recuerdo a largo plazo, y vincularlo a algo». A los libros, en el caso que nos ocupa. Hacer algo que impacte en la audiencia; que, tiempo después, cuando pensemos en ello, automáticamente nos redirija a su protagonista y a por qué lo hizo.

Ved el vídeo. Si os pica mucho la curiosidad, id directamente al minuto 48; y luego seguís leyendo.

Para preparar esta crónica he vuelto a ver la entrevista completa. He asentido, he hecho alguna mueca de escepticismo, he reído, y he vuelto a menear la cabeza, con una sonrisa, a partir de ese minuto 48. Y cuando ha pasado la hora y pico, he pensado que cómo es posible que esa persona tan rebosante de energía y proyectos ya no exista.

No voy a enumerar sus éxitos comerciales, ni a desglosar su currículum. De hecho, no sé hasta qué punto tiene sentido escribir una crónica sobre nuestra charla. Creo que lo mejor que podéis hacer, para haceros una idea de quién era Enrique Laso, es verla completa.

Mi intención con este texto es más rendirle un humilde homenaje que extraer jugo a sus palabras, que ya veréis que lo hay.

Destacaré algunas cosas:

Empezó a escribir con ocho años, para refugiarse de la incomprensión de su entorno, y pronto se dio cuenta de que lo hacía bien y de que obtenía reconocimiento. «Siempre he querido escribir para ser leído. Quiero comunicar, pero si nadie te lee, no comunicas».

El reconocimiento a gran escala le llegó con El rumor de los muertos y, sobre todo, con el inicio de la saga de novela negra protagonizada por Ethan Bush, cosa que le permitió dedicarse en exclusiva a la escritura. Antes, durante veinte años, se había dedicado al márquetin en grandes empresas. La experiencia acumulada le permitió aplicar esos conocimientos a la venta de sus obras.

Lo que más le gustaba escribir, y leer, era poesía y novela psicológica e introspectiva. Pero lo que le daba dinero era la novela negra y de terror, y los manuales y libros de autoayuda, muchos de los cuales firmaba con pseudónimo «para no descolocar a los lectores».

Trataba de prestigiar un tipo de obras que a él le ayudaron a superar miedos y a mejorar su vida, así que «uno de los motivos por los que escribo manuales es para intentar evitar que la gente se pegue las mismas tortas que yo me he dado», además de que le resultaban más rentables por la poca inversión de tiempo y recursos y el buen retorno comercial que obtenía.

Enrique indicó que el mercado del libro digital sigue en aumento, y que está cambiando con la entrada de plataformas potentes, como Kobo y Google Play, que en algunos países consiguen competir con Amazon. También auguró un buen futuro a los audiolibros, porque, entre otras cosas, es un formato que atrae a la gente joven.

No rehuyó la polémica sobre las grandes editoriales que fichan a autores independientes que triunfan en Amazon para borrarlos del mapa. Le pasó a Mercedes Pinto, como ella misma ha explicado con detalle en numerosas ocasiones, y también a él. Explicó que Planeta le compró los derechos en digital de El rumor de los muertos y lo primero que hizo fue retirarla del mercado anglosajón y francés, y subirla de precio de 3 euros a 13, con lo que, automáticamente, desapareció de las listas de ventas.

Se consideraba un autor independiente, aunque tuviera acuerdos con editoriales para la distribución de sus novelas en papel. «Como independiente no puedes llegar donde una editorial. No tienes su capacidad de distribución ni de darte visibilidad». Guste más o menos, es la pura realidad. Autopublicar en papel es ir muy a contracorriente, y agota. Mientras no se normalice la impresión a demanda, es una batalla perdida. Cosa que no significa que, en mi caso, vaya a renunciar a seguir dándome cabezazos contra la pared mientras no consiga un acuerdo editorial interesante.

Enrique apuntó una de las cuestiones capitales por las que firmar con una editorial no es siempre la mejor opción. «No puede ser que por un ebook a 3 euros yo gane 1,6, y por un libro a 20 euros gane lo mismo. Hay algo que falla».

Resultó interesante saber que para traducir sus obras recurría a plataformas on-line, donde la condición para colaborar es compartir los royalties, sin pagos previos.

Defendió la publicidad en redes sociales y la repetición de mensajes de venta, con enlaces a las plataformas de descarga. «Si estoy cuatro días sin tuitear, mis ventas caen en picado. En el momento que dejas de estar presente, otro ocupa tu espacio». Así, hay que generar recuerdo, mediante la repetición, y rompiendo el paradigma, haciendo algo distinto que aporte valor a nuestro producto.

Para acabar, una pincelada sobre su manera de trabajar. Necesitaba tenerlo todo estructurado, incluidas todas las fichas detalladas de los personajes, para empezar a escribir. De hecho, aseguraba que lo que de verdad disfrutaba era ese proceso previo a la escritura. «Me cuesta horrores escribir, pero es un esfuerzo que compensa», porque el resultado final produce una gran satisfacción.

Lo dejo aquí, agradeciendo a Enrique que compartiera aquellas horas con los asistentes al IV Congreso de la AEN, y lamentando que no vayamos a tener más oportunidades de hacerlo.

Un abrazo para quienes, de verdad, lo están echando de menos cada día desde ese 7 de agosto.

IV Congreso de Escritores - Enrique Laso
Junto a Enrique Laso y Laura Ruiz, después de la entrevista.

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