Sonrisas que hacen llorar

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En los comentarios de la anterior entrada, dedicada a tres grandes temas de la historia del rock, mi amiga Ikram me sugiere que escriba sobre las sonrisas de la vicepresidenta de todos los españoles, Soraya Sáenz de Santamaría, y de la secretaria general de todos los peperos, María Dolores de Cospedal. Voy a intentarlo, aunque vaya por delante que no son sonrisas que me inspiren demasiado, la verdad. Ya me podría haber sugerido las de Audrey Hepburn o Liv Tyler…

La falsa sonrisa, la sonrisa mezquina, resulta altamente ofensiva, más aún en cargos de responsabilidad pública. No puedes entrar sonriendo en una sala repleta de periodistas para, a continuación, sin apenas inmutarte, anunciar un nuevo hachazo a los servicios y prestaciones públicos. No es creíble hacer gala de la mejor de tus sonrisas mientras luces tu fabuloso nuevo peinado, para, inmediatamente, anunciar con voz quebrada y lágrimas de cocodrilo, las caritativas medidas adoptadas para “ayudar” a las familias que son desahuciadas.

Soraya da la apariencia de estar más allá del bien y del mal, como si la cosa no fuera con ella. Es la misma sensación que transmiten otros muchos políticos.

Hago aquí un paréntesis para referirme a la sonrisa de Cospedal. Sólo diré que cada vez que esa señora sonríe, en algún lugar del mundo muere un payaso. Cierro el paréntesis.

Como iba diciendo, el ejercicio del poder institucional, al nivel que sea, otorga un halo de divinidad que aleja por completo al personaje en cuestión de la realidad mundana. Y esto es aplicable desde al presidente del gobierno hasta a cualquier concejal. Lo digo con conocimiento de causa. He trabajado durante casi seis años en un pequeño ayuntamiento en el que todos los concejales de la coalición gobernante (en algún momento llegaron a ser 18 de 21 totales) tenían responsabilidad ejecutiva y, por tanto, un sueldo bastante generoso. Algunos llevaban a cabo una buena labor, no lo voy a negar, pero otros apenas aparecían por allí, sin que ello significara, por supuesto, una reducción salarial.

Lo peor, sin embargo, son las ínfulas de superioridad con que se contaminan los cargos electos (no todos, desde luego), que a menudo les hacen olvidar que tratan con personas, y no sólo eso, sino que, de hecho, se deben a ellas. Creen que su posición les otorga privilegios incuestionables, como volar en primera, disfrutar de dietas indecentes, hacer uso y abuso de coches oficiales, o disponer de bebidas alcohólicas subvencionadas en el bar del Congreso… Quizás los cubatas a precio de saldo tengan algo que ver con las sonrisas…

El caso es que todos estos privilegios llevan muchos años vigentes sin que nadie se escandalizase por ello. Ahora, como hay crisis, nos parece indignante que sus señorías se metan lingotazos a nuestra salud, y pagados por nuestro bolsillo.

Es que es indignante, siempre lo ha sido. Cuando la sociedad reacciona criticando tales prebendas, la respuesta de los grandes partidos (cada vez menos grandes, por cierto) es hacer piña para no cuestionarlas. Un síntoma más de su distanciamiento respecto a la realidad.

Así, mientras sus señorías continúan disfrutando de una vida de lujo a nuestra costa, mientras se toman un Bloody mary “regalado” en sede parlamentaria, en la calle aumentan las colas del paro, de los bancos de alimentos y de los comedores sociales. El contraste es sonrojante, o debería serlo, porque dudo que a estos “seres superiores” les afecte lo más mínimo. ¿Demagogia? Que lo llamen como quieran, pero restarle trascendencia al hecho no hará que sea menos cierto.

Para ese elemento del PP apellidado González Pons emigrar a Alemania no es emigrar, puesto que Alemania es como la calle de al lado en esta Europa “sin fronteras”… Mientras, en Italia su nuevo primer ministro, Enrico Letta, pide perdón a los jóvenes que han tenido que marchar del país en busca de oportunidades (y eso que el paro allí es muy inferior al que padecemos en España). ¿Palabras sinceras u operación de maquillaje? Para empezar, es un gesto, así que le concederemos el beneficio de la duda que nuestros gobernantes se empeñan en demostrar, día a día, que no se merecen.

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14 thoughts on “Sonrisas que hacen llorar

  1. Una de las características mas curiosas de las hienas es que ríen contemplando su festín carroñero. No es de extrañar que el sonido ambiente de cualquier consejo de ministros o de cualquier reunión en Génova sea una inmensa carcajada. Me da la impresión de que, además de beber por encima de las posibilidades del alcoholímetro, también fumen porros en la intimidad.

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  2. Esto vídeo a mí me hiere la sensibilidad!!! Le pediría a Soraya que me explicase, que es lo que le estaba haciendo tanta gracia y que si tiene lágrimas o carece de ellas? Si parece que se estaba riendo, en vez de doliendo. Me indigna bastante esta actitud de pasividad y pasotismo. Cómo me hubiese gustado tener la oportunidad de haberme preparado para defender al débil, al marginado, al pobre, al mendigo, al que lucha cada día para llevar un trozo de pan para su familia y para que puedan dormir tranquilos. Gracias por tu post Benjamín.

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    1. Yo estoy plenamente convencido de que, efectivamente, Soraya y su pandilla creen estar más allá del bien y del mal… Respecto a tu segunda reflexión, todos estamos preparados para luchar contra las injusticias. No hace falta ponernos el traje de Superman (o Superwoman), basta con hacer lo que esté a nuestro alcance en nuestro círculo más inmediato y, modestamente, opino que utilizar el altavoz que son las redes sociales también ayuda, aunque sólo sea a invitar a la reflexión. Un abrazo!

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  3. ¿Ves lo a gusto que te has quedado? Yo es que lo tengo prohibido también por temas de salud, así que he disfrutado de tu buen hacer como crítico leyéndolo, pero también me he saltado el vídeo. Deberías poner eso de que “las imágenes que vienen a continuación puede herir la sensibilidad de los lectores”.

    ¡Muack!

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  4. El domingo vi un pavo real con la cola extendida. Qué prodigio de forma y color. Nada que ver con estos tristes tigres de papel que tanto nos hacen la puñeta. Un saludo.

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  5. Ole tus huevos, Soraya. Esa confesión (“hay pocas veces en que un gobierno puede ponerse sentimental, yo no lo voy a hacer”) mientras amagas esconder unas lágrimas (las que no te saldran) y tragas saliva (o un sapo?). Esa pena por los empobrecidos repentinos, por los fracasados, por los confiados. Ese reconocimiento al derecho (constitucional?) al fracaso. Esa empatía (selectiva) por quien se levanta sabiendo que esta en paro y tiene un niño de tres años (qué conmovedor y oportuno, porque coincide con lo que habeis plasmado en el convenio). Esto nos puede pasar a cualquiera, que razón tienes. Me ha ocurrido a mi, periodista, a los 56 años, en paro, sin prestación, sin subsidio, sin deudas pero pagando las de otros, en especial las vuestras, las de los políticos que habéis derrochado, sin ingresos, pero pagando a Hacienda hasta el ultimo euro que no me retenían de la prestación (cuando la cobraba, porque ya he dicho que ahora no), mientras amnistiáis a los evasores de fortunas. Por favor: no, no tienes derecho a ponerte sentimental ni a reírte de la gente. No, ninguno de vosotros tiene derecho a sentarse en el Parlamento y reiros las gracias mientras fuera haya mas de seis mil familias pasándolo mal. No, ninguno de los asistentes a tu numerito (el de la pena) tiene derecho a reírte la actuación.
    Juan Carlos

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    1. Juan Carlos, muchas gracias por pasarte por aquí y dejar tu comentario. La tuya es una de tantas historias injustas y lamentables que se están reproduciendo al ritmo de plaga en este país secuestrado por los inmorales. Sorayita decía que esto le puede pasar a cualquiera. Mentira. Hablar por hablar, de cara a la galería. Utilizar palabras y jugar con los sentimientos de las personas en vano (este gobierno es especialista en eso). Ella sabe muy bien que ninguno de los parásitos que nos están chupando hasta la última gota de sangre y un poco más van a sufrir jamás una situación tan penosa. Jamás se van a tener que ganar el pan, que desesperarse por no saber cómo sacar adelante a su familia, sufrir por no saber si podrán pagar el alquiler o la hipoteca. Esa casta malsana y depredadora no tiene la más mínima empatía. Actúa exclusivamente para limpiar su imagen con medidas tan manifiestamente insuficientes, acciones de caridad, como ese parque de 6.000 viviendas sociales de las que la gran mayoría siguen vacías. No sienten el dolor ajeno, por muchas actuaciones de actriz de tercera que interpreten y por muchas lágrimas falsas que (no) derramen. Son el enemigo de todas las personas decentes. Nunca un enemigo había sido tan fácilmente identificable. Sólo falta que nos demos cuenta de que somos mayoría, que tenemos la fuerza de la razón y que lo único que nos falta es una verdadera unión sin fisuras para sacarlos de ahí para siempre. Recibe un fuerte abrazo y mis mejores deseos.

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