Do it, Rufus!

El nuevo reto literario de los Insectos Comunes consistía en relatar las consecuencias del éxito comercial desmesurado de un invento, centrándonos, sobre todo, en la manera como su autor procesa ese éxito. En esta ocasión sólo hemos participado tres «insectos»: Toni Cifuentes, LaRataGris y un servidor, aunque los tres relatos resultantes tienen mucha sustancia. Podéis descargaros el pdf de la revista en Lektu o en Payhip, de forma gratuita o aportando la cantidad que consideréis justa. Con la recaudación esperamos llevar a cabo, próximamente, una reunión de trabajo en las islas Fidji para desarrollar futuros retos. Estamos seguros de que lo conseguiremos. Mientras, os dejo aquí mi aportación al reto, a la que he titulado Do it, Rufus!


Los botellines de whisky con sirope de cereza se acumulan en todos los rincones de la casa. Rufus Smart dormita en el gran sofá circular, con la cabeza en el centro y las piernas estiradas, sin que los pies lleguen al borde. Un hilillo de baba se le desliza desde la comisura de los labios. Cuando rebasa la barbilla mal afeitada y toma el camino hacia el cuello, las cosquillas le hacen llevarse la mano a la papada y restregársela casi con violencia. Gruñe una queja, y un moco espeso le asoma por la nariz. Se la frota con el dorso de la mano, se da media vuelta y sigue entregado a su letargo.

Al moverse, varios de los botellines que había desparramados por el sofá caen al suelo y rebotan contra el parqué sin llegar a romperse. Los restos de líquido forman charquitos que sustituyen a los que ya se han secado, dejando manchas pringosas en la madera. Continue reading “Do it, Rufus!”

‘La playa de Amió’ en el quinto número de ‘El Callejón de las Once Esquinas’

Playa de Amió - Pechón
La singular playa de Amió, en la costa occidental de Cantabria.   Foto: Lucía Pastor

El quinto número de la revista digital literaria El Callejón de las Once Esquinas acaba de salir del horno cargada de relatos. Después de la buenísima experiencia de participar en el número anterior con mi cuento Copo de nieve, he vuelto a probar suerte con un relato que escribí hace años para un concurso, inspirado por una preciosa playa de la escarpada costa occidental cántabra que pertenece al pequeño pueblo de Pechón. Se titula La playa de Amió.

Antes de dejaros con la lectura, quiero agradecer de nuevo a Patricia Richmond, coordinadora y editora de El Callejón de las Once Esquinas, la calurosa acogida de mis textos, y, por supuesto, aprovecho estas líneas para felicitar a todo el equipo que hace posible tan interesante y valiosa iniciativa. El resultado es magnífico.

Ahora sí, os dejo con el relato… Continue reading “‘La playa de Amió’ en el quinto número de ‘El Callejón de las Once Esquinas’”

La luz al final del túnel

Guitarra
Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

Desde hace un par de semanas soy miembro oficial de la PAE – Plataforma de Adictos a la Escritura, un selecto grupo de escritores sin nada más en común que la locura por las letras. Es imposible imaginar un colectivo más ecléctico (tocamos todos los géneros y estilos) y resulta difícil pensar en que lo haya con más ilusión y buenas ideas. Estoy seguro de que este es el inicio de una larga y fructífera amistad.

Afortunadamente, el rito de iniciación para los nuevos socios es bastante convencional: escribir algo para publicar en la web de la asociación. Yo me he inclinado por un relato que ahora comparto aquí. Espero que os guste. Continue reading “La luz al final del túnel”

Copo de nieve y Lázaro Hunter en «El callejón de las once esquinas»

El callejón de las once esquinas
Portada del cuarto número de «El callejón de las once esquinas», obra del fotógrafo ruso Valdimir Fedotko.

Hace algo menos de un año escribí un cuento ambientado en una Groenlandia futura sin hielo. Viendo el camino autodestructivo que llevamos, no sería tan descabellado. Obviamente, si Groenlandia se deshiela significará que buena parte del planeta habrá quedado bajo el océano y que lo que quede aún fuera del agua será desierto. Ante semejante panorama, la humanidad superviviente, y que pueda permitírselo, huirá desesperada a las pocas zonas del norte donde aún se pueda vivir.

La Groenlandia de mi cuento, que titulé Copo de nieve (Aputsiaq en groenlandés, el nombre del niño protagonista), se ha convertido en una isla verde y superpoblada, que no deja de recibir inmigrantes que huyen de la miseria y la sequía.

Pero no todo son malas noticias. La historia mantiene un punto de esperanza y una pincelada de magia. La escribí para presentarla a un certamen literario. Lo intenté en un par, sin éxito, así que cuando María Jesús Pueyo me invitó a participar en el cuarto número de El callejón de las once esquinas, necesité pensarlo muy poco para enviarle el que considero que es mi mejor relato hasta el momento.

Es un cuento largo, de unas 3.200 palabras, del que me siento muy satisfecho, y más ahora que ya está disponible on line en El callejón de las once esquinas. La revista tiene una pinta estupenda, algo totalmente lógico teniendo en cuenta la profesionalidad de su consejo editorial, que encabeza María Jesús (Patricia Richmond para los seguidores de su carrera literaria). Continue reading “Copo de nieve y Lázaro Hunter en «El callejón de las once esquinas»”

La mujer de la montaña

III Congreso de EscritoresEl año pasado por estas fechas escribí un cuento que se publicaría en el libro de relatos 40 colores, incluido el negro, una de las iniciativas de la Asociación de Escritores Noveles (AEN) para conmemorar su décimo aniversario. Inspirado (una vez más) por ese paraíso que es el Valle de Pineta y su entorno, lo titulé ‘La mujer de la montaña’. Es uno de los relatos de los que me siento más satisfecho, así que me apetecía compartirlo con quienes tengáis la paciencia de leer sus 3.400 palabras. Os dejo con el principio y, si os abre el apetito lector, al final podéis visitar el enlace donde lo encontraréis completo en pdf.

Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido - Circo de Pineta
Las impresionantes montañas que protegen el Valle de Pineta, un paisaje de cuento.   Foto: Benjamín Recacha

Me gusta sentarme junto a la ventana, sobre todo en invierno. A mediodía el sol inunda la oficina y entonces llega mi momento. Cierro los ojos y me dejo acariciar por la calidez de los rayos, que me transportan a aquellos días de mayo en la Sierra de Espierba.

Ha pasado mucho tiempo, pero aún hoy, cuando lo recuerdo, me entran las dudas sobre si fue un sueño.

Me levantaba temprano para caminar por el bosque. Me gustaba escuchar a mirlos, petirrojos y ruiseñores dándome los buenos días. Era la mejor compañía que por entonces podía esperar. En verdad, no deseaba otra.

El aire frío de la mañana me hacía sentir vivo. Agradecía aquellos zarpazos que se agarraban a mi cara y sentir cómo se abrían paso hasta los pulmones.

Había llegado hasta aquella diminuta aldea perdida en el Pirineo Aragonés rebotado de una lamentable experiencia laboral y una no menos lamentable relación (des)afectiva. En aquel momento detestaba a la especie humana y aborrecía la civilización, así que me había fabricado la ilusión de que podía apearme de ella.

La dueña de la casa donde me alojaba me recomendó la ruta. Se internaba en el bosque por la pista que, una hora de suave ascensión después, desembocaba en un apabullante mirador natural. Desde lo alto de la sierra se admiraban las imponentes moles pirenaicas y los verdes valles que, muy abajo, aparecían surcados por brillantes hilos de plata.

La primera vez me quedé allí embobado, disfrutando de la ausencia del tiempo. El desfile de las nubes juguetonas era el único síntoma de que no me encontraba dentro de una postal. Bueno, las nubes… y mis tripas, que al cabo de un rato me recordaron que necesitaba alimentarme, así que saqué el bocata de la mochila y lo degusté como el más delicioso de los manjares.

Los días siguientes el ingrediente de la sorpresa dejó paso al del deseo por regresar, y una semana después la excursión se había convertido en una necesidad vital.

Aquella mañana el bosque era el mismo, con sus educados habitantes alados, que saludaban a mi paso, las mismas ardillas que saltaban huidizas de rama en rama, la misma brisa que me hacía sentir vivo y el mismo sendero que conducía a la cima desde donde contemplar las moles calcáreas y las nubes con sus formas caprichosas.

Me senté en la misma roca, saqué el bocata y lo saboreé con el mismo placer de cada mañana. Aquella era una rutina muy diferente de la que había acabado despojándome de alicientes. En aquel momento lo que más deseaba era que cada jornada fuera una repetición de la anterior.

Y entonces la vi.

Si te apetece leerlo completo, aquí tienes el enlace.

Un año más

comida-familiar

Un año más nos sentamos en torno a una gran mesa. Un año más celebramos la Navidad en familia; lo sucedido durante los 364 días anteriores es sólo un paréntesis del que extraer anécdotas para amenizar la reunión.

Varios de los presentes no se han visto en todo el año, por falta de tiempo, la excusa preferida, pero la realidad es que no hacen nada por verse porque no les apetece. Seguro que más de dos y de tres han cambiado de acera para evitar un encuentro fortuito, y míralos ahora, explicando los mismos chistes trasnochados, riendo y jaleándose, como si fueran colegas inseparables.

Los que llevan la voz cantante son los mismos de siempre. Después de la segunda copa de vino ya no hay quien los pare. Ahora hay muy buen rollo, somos una gran familia feliz, aunque el pegamento que nos une sea poco consistente. Conforme avance la tarde, se vayan vaciando las botellas y se vayan agotando los chistes, comenzarán los desacuerdos, al principio por chorradas insignificantes, que darán paso a las discusiones sobre fútbol y política. Continue reading “Un año más”

Castillos de arena

Castillo de arena
Foto: Benjamín Recacha

Lola vuelve a colocar el pequeño cubo boca abajo sobre la arena mojada de la orilla y lo golpea con la pala. «Ahora seguro que me sale», se dice. Pone sus manitas a los lados y empieza a levantarlo, con mucho cuidado, mientras se muerde la lengua con los labios, como hace siempre que algo requiere de su máxima concentración.

En su lento ascenso, el recipiente de plástico va descubriendo una (en apariencia) sólida torre de arena, que contrasta con los fracasados proyectos que la rodean.

—¡Sí, esta sí que se aguanta! —celebra la niña, cuya cara es la viva expresión del éxito— ¡Mira, mamá! ¡Lo he conseguido!

Irene levanta la vista del libro que está leyendo instalada en una silla plegable, a pocos metros de la orilla.

—Muy bien, pitufa. Estás hecha toda una ingeniera.

La sonrisa de su madre es toda la recompensa que Lola desea. Ella también sonríe, orgullosa por su hazaña constructiva, pero sobre todo por ver la alegría reflejada en el rostro de la mujer que configura su mundo. A los cinco años prácticamente le queda todo por descubrir, aunque hay cosas que ya sabe, como que no quiere ver triste a mamá nunca más. Continue reading “Castillos de arena”

Los crueles postes rojos

Marte

La nave aterrizó sobre la superficie de Marte levantando una densa nube de polvo rojo. Un par de minutos después se abrió la puerta, que había quedado impregnada de la arenilla, y se desplegó la escalera. Jason, embutido en su traje espacial, asomó la cabeza y sintió la emoción indescriptible de ser el primer humano que contemplaba aquella estampa mágica sin más intermediario que la visera del casco.

Se apoyó con las manos en el borde del hueco que era la puerta de entrada a lo desconocido, al planeta que durante generaciones había despertado la imaginación de millones de seres humanos. Rememoró entonces los años de duro entrenamiento y el momento en que le comunicaron que había sido elegido para formar parte del equipo que integraría la primera misión tripulada a Marte. Fue el mejor día de su vida.

Retiró las manos enguantadas y se fijó en las yemas manchadas. “Soy la primera persona que entra en contacto con este polvo rojo maravilloso…” Continue reading “Los crueles postes rojos”

Odiseo

Foto Daniel Etter - New York Times
Uno de esos casos en los que una imagen vale más que todas las palabras.   Foto: Daniel Etter / New York Times

Las noticias sobre el drama de los refugiados en el Este de Europa y en el Mediterráneo abruman, son demasiado para el estómago y la conciencia de cualquier persona decente. No voy a escribir un artículo de opinión sobre ello, porque ya acumulo unos cuantos y sería repetir lo mismo, pero sí que voy a compartir algo que he escrito empujado por mi conciencia. Desde luego, en nada va a aliviar los terribles padecimientos de tantísima gente desgraciada, que huye de la muerte para caer, en el mejor de los casos, en el rechazo y la insolidaridad de una Europa que hace tiempo dejó de ser tierra de acogida y cuna de la democracia y los derechos humanos. Continue reading “Odiseo”

¡Nos vamos a Babia!

¡Nos vamos a Babia!
Estoy encantado de poder presentar ‘Con la vida a cuestas’ en uno de sus escenarios principales.

‘La recacha’ cierra… por vacaciones. Que nadie se asuste (o respire aliviado… 😛 ), que me queda mucha, mucha cuerda. Pero en agosto toca descansar de la blogosfera y disfrutar a tope del mundo tangible. Me voy a mis queridas montañas, a llenarme de naturaleza, de imágenes, sonidos y olores, de sensaciones imborrables.

Pero no sólo eso (que ya es mucho), sino que voy a tener la inmensa fortuna de poder difundir mis letras en lugares donde era un absoluto desconocido y donde espero que después de esta “gira” acumule nuevos amigos. Publicar Con la vida a cuestas me ha dado la oportunidad de participar en una jornada literaria que va a tener lugar en la comarca donde se desarrolla la parte central de la trama. Me hago pesado repitiendo que para mí es un lujo.

Voy a aprovechar el viaje para dejar la novela en varias librerías de El Bierzo (otro de sus escenarios principales), la ciudad de León y espero que también en el lugar donde se desarrolla la primera parte de la historia, la villa riojana de Nájera. Continue reading “¡Nos vamos a Babia!”