La luz al final del túnel

Guitarra
Imagen libre de derechos obtenida en pixabay.com

Desde hace un par de semanas soy miembro oficial de la PAE – Plataforma de Adictos a la Escritura, un selecto grupo de escritores sin nada más en común que la locura por las letras. Es imposible imaginar un colectivo más ecléctico (tocamos todos los géneros y estilos) y resulta difícil pensar en que lo haya con más ilusión y buenas ideas. Estoy seguro de que este es el inicio de una larga y fructífera amistad.

Afortunadamente, el rito de iniciación para los nuevos socios es bastante convencional: escribir algo para publicar en la web de la asociación. Yo me he inclinado por un relato que ahora comparto aquí. Espero que os guste.

Rasga la guitarra de forma distraída, arrancándole suaves notas que se pierden en el aire. Ya hace un rato que vaga por los rincones de la memoria. La chimenea, en la que se consume el último leño de la noche, y un vaso con dos dedos de whisky y el agua del hielo derretido han perdido la esperanza de captar la atención del ausente guitarrista.

Recuerda. Se ha acostumbrado a hacerlo, ahora que vive alejado de la urgencia de la inmediatez. No echa de menos la vida rodeado de focos, los de los escenarios y los de la atención de medios y público, pero hay tanto que recordar que, pese a haber puesto tierra de por medio, su mente se recrea en ello.

Fue una estrella, no hace tanto, y aún le cuesta reprimir esa parte de su ser que le reprocha haber renunciado a la fama. Incluso su inseparable guitarra, la mejor amiga que tendrá nunca, la que siempre estará ahí sin esperar más que un poco de atención, incluso ella parece echar de menos la excitación de los conciertos, derroches de adrenalina ante miles de fans entregados. Las notas que emite en la soledad de la cabaña surgen lacónicas, directas a ningún sitio.

Recuerda el cariño, las alabanzas, las palmadas en la espalda, el éxito, el dinero, las fiestas tras los conciertos. Con sólo chasquear los dedos conseguía cualquier cosa, por improbable y extravagante que fuera, y, por supuesto, todas las chicas que quisiera. Hacían lo que fuera por pasar la noche con él, con la estrella, con el personaje que llenaba portadas y rompía taquillas. Sexo, drogas y alcohol. El tópico hecho persona.

Fue divertido. Realmente creía ser un espíritu libre, como lo habían sido tantos antes que él. Libres… y esclavos a la vez. Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain, Jim Morrison… La vida era una aventura, de la que creía tener el control. El mundo giraba a su alrededor. Y en aquel escenario de excesos permanentes incluso una muerte temprana llegaba a resultar atrayente. Ser recordado entre los grandes… ¿Por qué no?

Risas, muchas risas al principio, acompañando los primeros éxitos comerciales, la sucesión de números uno, los anticipos millonarios, las giras multitudinarias. Los amigos se multiplicaban a un ritmo exponencial. El sol siempre brillaba.

Os invito a leer el resto del relato en la web de la PAE.

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