Lunes, 7 de julio de 2014

Caldes de Montbui - Can Rius
“Tecleando” mi nueva novela en el Parc de Can Rius, en Caldes de Montbui.

¡Hola, Toni!

Ya tienes aquí mi segunda carta. En la que me escribiste hace ya más de una semana apuntabas un montón de temas interesantes para comentar, cada uno de los cuales daría para dedicarle un texto en exclusiva. Intentaré, sin embargo, no enrollarme demasiado.

Durante estos días he seguido dándole vueltas a las inquietudes que me motivaron a iniciar este intercambio epistolar. Tras la decepción por el anuncio del cierre de la librería Espai Literari creo que he conseguido relativizar la magnitud del “desastre” y he recuperado las ganas de seguir adelante con esta aventura, dando sobre todo prioridad a mi nueva novela. Todavía me estoy organizando mentalmente, pero creo que tengo una buena historia entre manos, con personajes atractivos y, lo más importante, me apetece escribirla, así que voy a procurar concentrar mis esfuerzos en ello, sin olvidar lo relacionado con El viaje de Pau. Me siguen llegando feedbacks muy positivos de lector@s satisfech@s, así que no quiero renunciar a darle la visibilidad que mi capacidad me permita. Eso sí, sin agobiarme ni marcarme objetivos que me puedan llevar a la frustración y al bloqueo. Necesito tener la mente despejada para escribir.

Veo que tú has tomado una decisión algo más drástica. Comprendo tu planteamiento de centrarte en exclusiva en el proceso creativo, abandonando, al menos por ahora, la idea de hacer camino en la autopublicación. No voy a intentar que cambies de idea. Es una pena que saques de circulación El jardín de Marta, pero si confías en la vía de las editoriales y los concursos, adelante. Calidad tienes de sobra. Ojalá alguna editorial seria se dé cuenta de ello y apueste por ti. Lo que está claro es que seguir mi ejemplo no te garantiza más que mucho trabajo en lo que no es estrictamente escribir.

Yo es que soy muy cabezón y cuando empiezo algo me cuesta muchísimo dejarlo a medias. Creo que es cosa de familia. Ahí tienes a mi hermano Fran, que está consiguiendo vivir de la pintura a pesar de la crisis y de las tendencias artísticas, basadas más en la moda que en la calidad. Admiro su arte, lo admiro y me maravilla, pero sobre todo admiro su perseverancia. Algún día conseguirá el reconocimiento de los circuitos comerciales. El de la crítica y varios coleccionistas y galeristas internacionales ya lo tiene hace tiempo.

Volviendo a lo nuestro, aun reconociendo que tienes toda la razón en cuanto a que para vender libros casi la única vía es entrar en el circuito comercial tradicional, y de todas formas ello no garantiza nada más que una oportunidad entre miles que dependerá básicamente del mimo (y los recursos) que la editorial ponga, yo voy a seguir dando la lata. Desde luego, si consiguiera despertar el interés de una editorial en condiciones decentes dudo que fuera capaz de rechazarlo, por mucho que el beneficio económico para el autor sea muy inferior respecto a la autopublicación. El obstáculo de la distribución es demasiado grande como para que compense.

Hablo, evidentemente, del libro en papel. El formato digital, por mucho potencial que tenga, sobre todo basado en la diferencia de precio, no he encontrado aún la forma de explotarlo. En un año he conseguido poco más de medio centenar de descargas en Amazon y La Casa del Libro y ninguna en Bubok. La verdad, no creo que dando la paliza en Facebook y Twitter lograra una explosión de ventas. Quizás si escribiera novelas románticas pseudoeróticas la cosa cambiaría, pero no tengo ni la motivación ni el talento para que resultasen mínimamente interesantes. Ya hay suficientes especialistas en el género. Tampoco puedo echar pestes porque como mínimo a través de Amazon he conseguido el acuerdo con la editorial brasileña para la traducción al portugués. Tengo que escribirles, a ver cómo va el tema, que ya hace tres meses que firmamos el contrato.

Oye, y todo ese material nuevo que tienes ¿lo has enviado ya a editoriales? Porque, como dices, la clave para explorar esa vía es ser muy prolífico, y en mi opinión eso sólo es posible con grandes dosis de ilusión por lo que haces y un ánimo inquebrantable. Si pretendes llegar algún día a ganarte la vida con ello, claro. De momento, evidentemente, los ingresos tienen que llegar por otro lado.

Te agradezco mucho que digas que no pocos escritores considerarían que con El viaje de Pau ya he logrado el éxito. Es importante para mí saber que otras personas que no son de mi círculo inmediato lo creen así. Desde luego, si la referencia es la acogida de la gente a través de las redes sociales y la respuesta tan positiva que recibo ante ocurrencias como la aventura del libro viajero (¿has visto que he decidido que los dos últimos anfitriones salgan precisamente de las redes? El miércoles hago el sorteo), pues sí, estoy triunfando. Si lo analizo fríamente, y teniendo en cuenta que hace poco más de un año era un absoluto desconocido en la blogosfera, lo logrado no está mal.

Voy cortando ya, pero antes procuraré contestar a las dos preguntas tan interesantes que lanzas en tu carta. ¿Que cuál es mi género? No sabría qué decir. Hasta ahora no me lo había planteado. Supongo que con lo que me siento más cómodo es escribiendo historias sobre la vida real. No necesariamente la mía, sino de lo que veo, leo, escucho. Para El viaje de Pau tenía muy claro que quería escribir sobre Bielsa y el Valle de Pineta, el lugar donde he sido tan feliz casi todos los veranos de mi vida, y cuando descubrí la incidencia que la Guerra Civil tuvo en la zona decidí introducir el tema de la recuperación de la memoria histórica y la dignificación de las víctimas del franquismo, cuestiones hacia las que estoy muy sensibilizado. Pero ello no significa que la ficción histórica sea mi género. En la novela que estoy escribiendo ahora aparecen apuntes históricos, pero sólo para explicar situaciones actuales. Es una historia sobre todo de personajes. Muchas pequeñas tramas que van tejiendo un tapiz que creo que quedará coherente y que permitirá confeccionar un discurso homogéneo. Lo que tiene en común con mi primera obra es la aparición del viaje como concepto físico, pero sobre todo psicológico, y la búsqueda de la identidad. Estoy creando personajes maltratados por la vida que, sin embargo, no renuncian a la búsqueda de la felicidad o, siendo menos pretencioso, que buscan estar en paz con su pasado para seguir adelante.

Estos últimos días he avanzado bastante, más en mi cabeza que sobre el papel, pero tener las cosas claras en la mente me da mucha seguridad para construir una historia sólida. Es curioso, creo que ya lo hemos hablado alguna vez, escribo mucho más rápido con boli y papel que con el ordenador. Si voy armado con mi libreta cualquier sitio es bueno para redactar unas líneas, mientras que con el teclado doy vueltas y vueltas hasta que me pongo a ello. Mi incapacidad de desconectarme por completo de las redes sociales si tengo el wi-fi a mano y de aislarme del ruido infernal que hace la torre, que parece que en cualquier momento va a proceder a la ignición, me impiden concentrarme, así que ya ves, ahí me tienes emulando a los clásicos, jajaja.

Me queda responderte a si he pensado en cuál es mi público. Supongo que la respuesta puede ser muy parecida a la del género. Escribo para quien quiera leerme. Está claro que tengo unas convicciones ideológicas, políticas y sociales de las que no puedo (ni quiero) desprenderme. En El viaje de Pau se nota mucho. Lo hice así a conciencia. Ahora estoy procurando escribir algo más heterogéneo, con lo que creo que se sentirán identificados lectores de perfil muy diverso, pero los valores que defiendo van a seguir estando presentes.

Con El viaje de Pau recibí algunas críticas que me hacían pensar en que no era un libro para “eruditos” de la literatura, si es que tal concepto existe (hay que ser muy pretencioso para considerarse tal cosa, teniendo en cuenta los miles de libros que se publican anualmente sólo en España), ni para quienes analizan hasta la última coma de un texto, buscando incoherencias gramaticales y estilísticas. Pero la verdad es que le está gustando a gente tan diversa que he llegado a la conclusión de que no tiene sentido etiquetar a los lectores. El público al que va dirigida una novela es aquel al que lo que cuenta le transmite algo. Así que a no ser que te encasilles en un género muy concreto, hay que escribir pensando en que te puede leer cualquiera.

Buf, menudo ladrillo me ha quedado. Bueno, corto ya, que esto más que una carta parece un testamento. Te dejo meditando la respuesta.

¡Un abrazo!

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6 thoughts on “Lunes, 7 de julio de 2014

  1. Pienso que hay que escribir como si hiciéramos fuego, con dos trozos de madera, restregando el pensamiento, hasta sacarles chispa… haciendo fuego, quemando los rastrojos del camino, todos los días. De esa manera, uno nunca se cansa de escribir. Nos alcanza el tiempo hasta para inflamar pensamientos ávidos por leer… consolando corazones de los descalzos a quienes les falta el pan y no tienen qué beber. Y por qué no, hasta los desplumados con su wifi de manera preferente, pero que desplumados, no abandonan el nido. Así, alimentarás al tardo y al ligero. Un abrazo, meditado, para ser correspondido.

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