Razones para no bajarme del barco España

Concert per la llibertat
Mosaico independentista en el ‘Concert per la llibertat’ – ara.cat

Sabéis que en Catalunya existe un encendido debate sobre el derecho a decidir, que viene a ser el eufemismo que se utiliza para referirse a la convocatoria de un referéndum por la independencia. Estoy completamente a favor de que se permita dicho referéndum.

Una democracia es algo más que votar cada cuatro años a nuestros representantes políticos, dándoles vía libre para que se fundan los recursos públicos como mejor les apetezca. En una democracia la ciudadanía debería tener voz y voto para decidir sobre las cuestiones que le afectan directamente, y más cuando los gobernantes toman decisiones que en ningún momento plantearon en su programa electoral, pero esa es otra cuestión que ya he abordado en otros artículos (y que volveré a abordar, desde luego), y que se escapa del propósito de esta reflexión.

En Catalunya existe un amplio sentimiento soberanista, que según las encuestas es cada vez más mayoritario, hasta el punto que (según las encuestas, insisto) si se celebrara ahora una consulta vinculante sobre la independencia, el ‘sí’ ganaría holgadamente. Mi teoría, y la de otros muchos, es que ese deseo separatista está siendo alimentado desde los sectores nacionalistas españoles y especialmente por el Partido Popular, gracias a una estrategia política de lo más lamentable. Intentan apagar el fuego con gasolina. Cada vez que un dirigente del PP abre la boca para referirse a Catalunya otros diez catalanes se suman a las filas independentistas. Y no sólo son torpes los populares, sino también buena parte de la cúpula socialista, que se ofende tanto o más que el más conservador de los conservadores cuando se cuestiona la integridad territorial del Estado. Cerrándose en banda a la convocatoria de un referéndum no van a frenar la deriva independentista, sino todo lo contrario: la aceleran.

Esta noche se celebraba en el Camp Nou, el mundialmente famoso estadio del FC Barcelona, el ‘Concert per la llibertat’. De hecho, mientras escribo estas líneas sigue en marcha. Más de cinco horas de música y actividades culturales reivindicativas del derecho a decidir. Más de 90.000 personas entregadas a la causa soberanista. El estadio repleto de estelades (la bandera catalana que simboliza el Estado propio) para reclamar un referéndum. El pasado 11 de septiembre un millón y medio de catalanes se manifestaron en Barcelona, una movilización histórica que marcó el punto de inflexión en la estrategia política de los partidos catalanistas, que desde aquel momento, y en respuesta a una demanda surgida desde la sociedad, iniciaron el camino hacia la independencia.

El próximo 11 de septiembre volverá a ser histórico. En esta ocasión no habrá una manifestación multitudinaria, sino que el reto es formar una cadena humana que atraviese Catalunya de norte a sur. Estoy seguro de que significará un nuevo éxito del independentismo. Y mientras desde Madrid continúen cerrándose en banda y amenazando con todo tipo de represalias políticas, administrativas e incluso militares, el independentismo seguirá sumando simpatías entre la población catalana.

Yo reconozco que ha habido momentos en que tenía muy claro que votaría a favor de la independencia. Catalunya despierta recelos en muchos sectores españolistas. Los catalanes estamos mal vistos en algunas zonas de España, y es incuestionable el agravio económico del que somos víctimas. El nivel de vida en Catalunya es más elevado que en la mayor parte del resto del Estado. Los precios son más caros, los impuestos más altos y, sin embargo, los sueldos son igual de miserables y el retorno que recibimos en forma de inversiones y recursos públicos proporcionalmente inferior al del resto de comunidades autónomas. Y aún así tenemos que aguantar las críticas de insolidaridad, egoísmo y discriminación respecto a nuestros compatriotas.

Este es el sentir general en Catalunya, de ahí que cada vez más gente diga aquello de “si no nos quieren, mejor nos vamos” y crea que siendo independientes gozaremos de una situación económica mejor.

Yo no lo sé, sinceramente. Pero últimamente mi percepción ha cambiado y ya me cuesta pensar en votar a favor de la independencia. Explico por qué (el post amenaza con ser un tocho de cuidado):

1)      Saturación: el dret a decidir (cuando en realidad quieren decir ‘la independencia’) aparece hasta en la sopa. Si es una sopa de letras, no tengáis dudas de que la frasecita de marras se formará espontáneamente. El concierto de esta noche y la cadena humana de la próxima Diada dicen los organizadores que es para reclamar la consulta, y que están invitados a participar todos los catalanes, aunque no estén a favor de la independencia. Sí, ya, pero aquello está infestado de estelades y cánticos a favor de la independencia. Las tertulias radiofónicas son monotemáticas, y los políticos es prácticamente de lo único que hablan. Total, que estoy cansado del tema, aunque, insisto, estoy totalmente a favor de que se haga el referéndum.

2)      Sentimientos: yo no soy nacionalista, ni catalán ni español. Tampoco soy independentista. No tengo ningún sentimiento especial cuando veo enarbolar la ‘senyera’ ni cuando escucho ‘Els segadors’, igual que no lo tengo con la bandera española ni con el himno. No me dice nada (literalmente, porque no tiene letra…). En Catalunya hay un número muy respetable de personas que sólo se sienten catalanas, que no tienen el más mínimo apego por España, y ven que éste es su momento, que nunca antes en Catalunya había habido tanto apoyo a su sueño de formar un Estado propio. Si lo consiguen será gracias al voto de miles de catalanes de raíces profundamente españolas: andaluzas, extremeñas, murcianas, gallegas… Son los hijos de la inmigración de mediados del siglo pasado quienes están decantando la balanza. Mis raíces son andaluzas y extremeñas, y probablemente tengo mucho más en común con un pacense o una sevillana que con un gironí o una viguetana, que sueñan con una Catalunya independiente desde que nacieron.

3)      Apertura de miras: abrir este blog ha sido un factor muy importante a la hora de disipar dudas. Estoy conociendo a un montón de gente estupenda con la que tengo muchas cosas en común. Compartimos puntos de vista respecto a la situación que padece este país en particular y el mundo en general muy coincidentes. Estoy haciendo amigos de Madrid, Andalucía, Valencia, Euskadi, Castilla y León, Extremadura, Murcia… pero también de México, Puerto Rico, Argentina, Uruguay, Costa Rica… No veo por qué debería poner más barreras con ellos, sino…

4)      Construir juntos: la situación política, económica y social en España es alarmante. Lo más fácil probablemente sería desentendernos desde Catalunya y abandonar el barco, que me temo que es la postura que muchos (los no nacionalistas de corazón) están adoptando, pero yo no me quiero resignar. Yo quiero pelear por cambiar las cosas, quiero poner mi granito de arena para construir una España mejor, más solidaria, socialmente justa, que aparte y condene a los corruptos y a sus cómplices, que nos han llevado a esta crisis miserable que castiga a los pobres para que haya más ricos. Sólo con la unidad de las personas decentes podremos sacar esto adelante.

Ahora bien, insisto, con el discurso del “Soy español, español, español…”, de lo bonitos que son las playas y los toros, del “no se puede hacer un referéndum porque no” y del “hay que ver qué egoístas e insolidarios son los catalanes” el problema no se va a solucionar.

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15 thoughts on “Razones para no bajarme del barco España

  1. Tristes son los discursos y tristes las propuestas con que los gobernantes tratan de seducir y embaucar al pueblo. La derecha necesita fantasmas para agitar miedos y no escatima en medios ni descaro.

    La especialidad más practicada es el enfrentamiento entre la ciudadanía y para ello existen herramientas oxidadas en un mundo globalizado que sólo en España siguen prestando sus servicios. Una de ellas son los nacionalismos y otra que vergonzosamente se esgrime a menudo es el terrorismo. Los españolistas están consiguiendo saquear al pueblo mientras unas comunidades se enfrentan a otras distraídas de los verdaderos cómplices de la crisis. Los nacionalistas les hacen el juego con similares intenciones. Así vamos.

    Agitar odios, desconfianzas y miedos es la estrategia de los gobiernos para mantener al pueblo alejado de sus legítimos intereses. En el siglo XXI, los pringados globalizados aún se debaten entre ser españoles, catalanes, vascos, gallegos o murcianos. En el siglo XXI la única conclusión que se extrae de la situación mundial es que todos somos pringados.

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  2. Una manera sencilla de exponer el problema y los sentimientos que (a mi juicio) lo desquician. Por mi parte, me permito insertar una vieja canción (versión Paco Ibáñez):

    Un abrazo

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    1. Me crié despertándome los domingos con las canciones de Paco Ibáñez que mi padre ponía en el tocadiscos. Confieso que en mi tierna infancia no entendía qué gracia le veía mi padre a un señor que más que cantar hablaba, con el único acompañamiento de una guitarra un poco sosa. Ahora creo que debería ser obligatorio escucharlo en las escuelas. Un abrazo.

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  3. Por fin leo un artículo sobre el tema independentista en Cataluña, que me aporta un poco de luz . Desde mi sentir de no nacionalista, siempre me ha resultado difícil entender ciertas posturas que intentan llevar al extremo más radical, el sentimiento nacionalista, excluyendo todo lo que no esté relacionado directamente con el. Y siempre desde el respeto, me surgen las dudas acerca de este delicado asunto, que parece levantar ampollas entre los españolistas y los catalanistas, que se empeñan en excluirse y enfrentarse. Creo que seria interesante que fuésemos capaces de reconocer lo evidente de la Historia y la Cultura, propias de Cataluña y a la vez, enriquecernos del amplio núcleo que formamos junto con otras realidades , todas ellas agrupadas en un Estado común y construir desde el reconocimiento mutuo. No es tiempo de disgregarnos, más bien, es tiempo de construir para una realidad nueva. Lo que hay, ya no sirve, aunque algunos se empeñen en anclarnos al pasado. Y esa construcción la estamos haciendo cada vez que ampliamos horizontes, cada vez que compartimos con personas, que están físicamente lejos, pero aquí mismo, en nuestros blogs y en nuestras in quietudes. Porque el mundo traspasa estas fronteras artificiales.
    Me ha encantado el artículo, por la claridad con la que expones las cuestiones y el punto de vista del análisis sobre los intereses de unos y otros. Muy bien descrito. Gracias Benjamín. Un abrazo!

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    1. Gracias, Yolanda. Todo se resume con una frase muy sencilla: si no hubiera crisis el sentimiento independentista catalán continuaría siendo tan residual como siempre. Los independentistas de corazón, los que tienen un sentimiento patriótico, son relativamente pocos. Con la crisis, y avivado por el desprecio que en los últimos años ha sufrido Catalunya por parte de la clase dirigente política (recordemos las campañas contra el cava, el “cepillado” del Estatut, las acusaciones de insolidaridad y egoísmo por pedir un sistema de financiación más justo, los ataques contra el catalán con campañas mediáticas absolutamente desproporcionadas e infundadas), se han ido apuntando a las tesis independentistas más y más catalanes, la mayoría de ellos con raíces no catalanas. Aquí tenemos la percepción de que los españoles no nos quieren porque es lo que nos transmiten las declaraciones y acciones de la “élite” política y empresarial, amplificadas por los medios. Pero no pensamos en que los españoles de a pie, la gente que vive su día a día con las mismas inquietudes y preocupaciones sea de donde sea, no tiene esos prejuicios. Yo jamás me he sentido marginado ni mal visto en ningún lugar de España. Al contrario, siempre me he sentido bienvenido y bien tratado. ¿Qué sentido tiene que me quiera separar de esas personas? Un abrazo!

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  4. Muy buen artículo Benjamín, yo que soy catalana de raíces bien implantadas y profundas y me siento catalana hasta el último poro de mi epidermis pienso igual que tu contemplando el triste panorama que nos envuelve y cuando digo triste me refiero a la crisis que es la que está provocando que aumente este sentimiento de un independentismo aunado a otro sentimiento más sibilino que es el del hartazgo. Hartazgo, como muy dices, del bombardeo del derecho a decidir así como hartazgo de la cerrazón de quienes se creen propietarios de todo lo que se mueve en España. El dret a decidir, este eufemismo como apuntas, lo tenemos todos en cuanto nacemos, no poder ejercerlo es lo que lo corrompe. Si no se ha hecho antes un referéndum preguntando a los catalanes que quieren hacer es porque ni en Catalunya ni en España les ha interesado. Todos temen sus resultados sea cual sea. En el mismo momento en que se supiera la verdad de que es lo que quieren los ciudadanos se verían obligados a aceptar y respetar el resultado y tomar decisiones y responsabilidades. Precisamente estos “detalles” son los que los tiene atenazados.
    Creo que me he liado un poquito pero espero que se entienda lo que quiero decir. A mi particularmente ya me está empezando a molestar esta sensación de tener que pedir disculpas por ser catalana. Y lo que me cabrea enormemente y es lo único que puede provocar que me sienta independentista es la continua agresión a mi idioma. Por aquí si que no paso.

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    1. Se te entiende perfectamente, y me alegro mucho de leerte por aquí. Yo, hijo de Sevilla y Badajoz, siento el catalán como un patrimonio valiosísimo. Me he educado en esa maravillosa lengua, que siento tan mía como el castellano, al mismo nivel, y cada vez que alguien la ataca, cada vez que escucho las barbaridades que se dicen sobre la educación en Catalunya, me pongo enfermo. Me indigno tanto como lo puedas hacer tú o cualquier otro catalán o catalana “de pura cepa”. Y por eso entiendo perfectamente la propagación del sentimiento independentista. Desde España, y los partidos españolistas de Catalunya (incluído esa cosa extraña llamada PSC), están siendo increíblemente torpes abordando este tema. La confrontación sólo hace que alimentar al independentismo. La España rancia confía en que esto de la independencia es un enamoramiento veraniego y que se pasará solo. Pero no podrían estar más equivocados. ¿Por qué no permiten el referéndum y procuran ganarlo convenciendo con argumentos y no con amenazas?
      Cuando viajo por España me enorgullezco de decir que soy catalán, y no dudo en seguir hablando con mi hijo en catalán, esté donde esté. Nunca he tenido problema alguno por ello. Igual que ningún español que venga a Catalunya tendrá problema alguno por utilizar su lengua en cualquier parte. La confrontación es ficticia, pero hace mucho, muchísimo daño. Un abrazo!

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  5. Como madrileño amo mi idioma y me parece el más bello del mundo. Como gay estoy feliz porque con los años la ley nos ampara. Entiendo que yo tampoco me siento nacionalista porque estoy satisfecho: ningún Wert viene a Madrid a decirnos que debemos educar a los niños en portugués, griego o finlandés.
    Si en Cataluña tenéis en la sopa el tema de la libertad debe ser porque desde España les ponemos impedimentos para ello.
    Benjamín, si haces amigos de Venezuela, Colombia, Argentina y demás será porque Cristóbal Colón fue muy solidario con las lenguas y las culturas de la americana pre-colombiana.
    Como gay entiendo perfectamente que Cataluña esté quejándose contínuamente de las negativas del gobierno central a darles más cuotas democráticas.

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    1. Bienvenida, Teresa, y muchas gracias por entretenerte en leer el artículo y comentarlo. Comprendo perfectamente las razones que llevan a muchos catalanes a querer la independencia. De hecho, yo también estuve tentado de ello. La ley Wert y demás barbaridades perpetradas desde Madrid, creando polémicas ficticias (como la del idioma en las escuelas), son el caldo de cultivo perfecto para que gente que jamás había tenido un pensamiento nacionalista ahora se envuelva en la senyera. E insisto: lo comprendo. Y por eso apoyo sin reservas la convocatoria de un referéndum por la independencia en Catalunya. Creo que hasta aquí coincidimos bastante. Lo que no entiendo, lo confieso, es qué tienen que ver mis amigos latinoamericanos en este ‘fregao’. No me tienes que convencer de la barbaridad del genocidio que la corona de Castilla ejecutó en “las Indias”, pero creo que los actuales habitantes de la tierra llamada América poca culpa tienen de aquello, ¿no? Probablemente no he entendido bien lo que has querido ilustrar. Un saludo.

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  6. Buenos días Benjamín y gracias por la bienvenida!
    Intentaré explicarme mejor. El título de tu artículo es: “RAZONES POR NO BAJARME DEL BARCO ESPAÑA” y la 3ª de las razones que ofreces contiene “Estoy haciendo amigos de México, Puerto Rico, Argentina, Uruguay, Costa Rica”. Entiendo que si los incluyes en el fregao yo pueda aludir a este tu 3ª motivo.
    Entonces, si deduzco bien, dices que el idioma te permite unirte? Eso no es puro nacionalismo?
    Con tu permiso, en mi opinión ese es un pensamiento que huele a NAFTALINA.
    La alegría, el amor, el sentido del humor, llorar, reír… lo que se siente, lo invisible, esto sí une a los seres humanos y no un PRESCINDIBLE sistema de signos linguísticos. O a caso un sordo sin conocer idioma alguno no puede amar y unirse?
    TODOS AMAMOS; ODIAMOS, REIMOS, LLORAMOS, DESEAMOS, SENTIMOS PAZ, MIEDO… ESO SI ES OBSERVAR LA VIDA CON “APERTURA DE MIRAS”
    En mi contexto madrileño observo miedo por lo que pueda ser la posible pérdida de Cataluña en el contexto de España. Y este miedo lo transforman en opresión del ejercicio democrático.
    Claro que egoistamente quiero retener a Cataluña, pero esto es como el amor, no puedes obligar a ser amado. Amas o no amas, no hay dudas intermedias. Ya ves que no ando con rodeos es lo que tiene haber trabajado por los derechos LGBT durante toda la vida. Gracias por esta interesante discusión.
    Un saludo a todos los que lean este comentario escrito con nuestro precioso y respetuoso idioma, que si bien en el pasado lo impusimos por obligación o con violencia, no podemos consentirlo en el sistema democrático del siglo XXI.

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    1. Realmente no he sabido explicarme en absoluto. Mi ideología está en las antípodas del nacionalismo. No creo en patrias ni en banderas y sí pienso que el idioma es una herramienta de unión, pero no para excluir, sino para todo lo contrario. El idioma, sea cual sea, sirve para entrar en contacto y entender a otras personas, con ideologías e inquietudes muy diversas. Si has deducido de mis palabras que desprecio los sentimientos u otros códigos lingüísticos como formas de expresión, reitero: me he explicado como el culo.
      Lo único que quería expresar es que, si bien comprendo las razones de quienes quieren la independencia de Catalunya, el estar en contacto diario con otras personas que viven en otros puntos del Estado (vale, para este razonamiento probablemente no debería haber citado a las del otro lado del charco) me ha hecho ver que quiero seguir formando del mismo proyecto común: quiero contribuir a cambiar la patética situación que padecemos las personas dignas de este país, no abandonar el barco, que quizás sería la opción más cómoda. Porque en este punto hay que tener una cosa muy clara (y creo que es la clave de la cuestión): que la voluntad independentista esté creciendo en Catalunya no tiene que ver con los sentimientos. No es una cuestión de patriotismo. Evidentemente que hay un importante sector de catalanes que sólo se sienten catalanes (lo cual es muy respetable), pero quienes decantarán la balanza son los hijos de la inmigración española. Y no lo harán por razones etéreas, sino porque consideran que siendo independientes nos irá económica y socialmente mejor. Pragmatismo lo llaman.
      Gracias a ti por hacer posible el debate. Siempre es enriquecedor contar con puntos de vista diferentes. Saludos.

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