Crónica de un bonito Sant Jordi en la Rambla de Barcelona

Sant Jordi 2018
De izquierda a derecha: Jordi Pujolà, myself, Alicia Sánchez, Greta Mustieles y Júlia Díez.

El día de Sant Jordi de 2018 lo recordaré por muchas cosas, pero la primera imagen que me vendrá a la cabeza será la de la maleta de la que fui tirando desde la plaza Tetuán, donde me dejó el bus E9 (Caldes de Montbui – Barcelona), hasta el stand 146 de la Rambla de Santa Mònica, cerquita de la parada de metro Drassanes.

Nunca habría imaginado que llenar una maleta de libros sería como hacerlo con rocas. Cómo pesaba… Las ruedecitas apenas eran capaces de girar.

Sé lo que estáis pensando: «¿Si el metro quedaba tan cerca, por qué fuiste andando?». Aquí es cuando revelo que mi tercer apellido es Cabezón (y el cuarto). Pensé que, como tenía que hacer transbordo, me movería con mayor dificultad por el subsuelo. En fin, que da igual; lo importante es que llegué, con los brazos descoyuntados, pero llegué.

Sant Jordi 2018
La maleta cargada aún de libros.

Una maleta llena de libros, míos y de mis colegas de la PAE – Plataforma de Adictos a la Escritura, que había que colocar en algún sitio: en una mesa, que no teníamos el día de antes. Mi compañera paesiana Greta Mustieles se ofreció a comprar una, así que antes de las 9 estaba esperando a que abriera el Carrefour de Glòries, y poco después de que yo aparcara la maleta apareció cargando con una bonita, práctica y pesada mesa plegable donde los libros lucirían espléndidos. Ella vino en bus.

Un ratito después, el stand de la PAE estaba preparado para recibir avalanchas de lectores ansiosos por disfrutar de la magia de la literatura independiente. Pusimos dos cartelitos, uno con el nombre de la plataforma y otro con uno de nuestros «lemas de guerra»: «Llibres valents d’autors independents» (libros valientes de autores independientes). Ya sabéis que todas las palabras que empiezan por «independen», en estos momentos, tienen una connotación muy concreta, y apuesto a que, por las miradas y comentarios que hacían quienes se fijaban en el mensaje, no pocos pensaron que éramos autores independentistas.  Curioso, cuanto menos, teniendo en cuenta que todos los libros eran en castellano (cosa que no tiene nada que ver con las tendencias políticas, diversas, de los miembros de la PAE).

Al poco de preparar la mesa, me llamaron de Ràdio Caldes para participar en el programa especial de Sant Jordi junto a otros autores locales, y además de hablar de Escapando del recuerdo, mi última novela (la tienda on line de la editorial Salto al reverso ofrece hasta este jueves descuentos del 40%), ejercí de improvisado cronista de ambiente.

También llegó Júlia Díez, otra compañera a quien por fin tuve el placer de conocer en persona, y descubrí que se trata de una gran y apasionada conversadora (cosa que me encanta). Después se incorporó Jordi Pujolà, cuya historia personal vale mucho la pena conocer. Colega de la AEN – Asociación de Escritores Noveles, hace unos años decidió cambiar de vida y emigró de Barcelona a Islandia, donde, entre otras cosas, escribe novelas y dos blogs sobre su experiencia personal y sobre el país. Vino para vivir la fiesta del libro desde el punto de vista del autor y participar, como yo, en el IV Congreso de Escritores de la AEN, este próximo fin de semana en Gijón. Desde luego, fue una compañía muy agradable y enriquecedora. Me alegro del éxito que sus libros tuvieron a lo largo de toda la jornada.

Sant Jordi 2018
Junto a Jordi Pujolà.

El ambiente que se respira en Barcelona el 23 de abril es especial. Es uno de los días más bonitos del año, en el que los libros y las rosas son los absolutos protagonistas. Parece como si todas las preocupaciones quedaran en suspenso, como si la gente decidiera que, al menos por un día, vale la pena darse una tregua y disfrutar paseando, hojeando libros, charlando con autores, libreros y editores.

Eso es lo que hicimos. Es verdad que buena parte de quienes se lanzan ese día a la Rambla van a la caza del autógrafo del autor mediático de turno. Las editoriales pequeñas y los autores anónimos lo tenemos bastante crudo, pero aun así es una experiencia que vale mucho la pena, por las risas en buena compañía, por la satisfacción que aporta venderle uno de tus libros a alguien que no te conocía de nada y, sobre todo, por las visitas, las previstas y las inesperadas.

A lo largo de toda la jornada se acercaron a verme lectoras fieles, amigos y familiares. Cristina, compañera de EGB con quien recuperé el contacto gracias a las redes sociales, inauguró el marcador. Después vinieron Merche, colega en Salto al reverso; otra Cristina, fiel lectora, y su hija Emma, excelente fotógrafa; mis padres, María Elena y Benjamín (cómo no, nunca fallan); mi primo Javi, otro de los incondicionales, y su pareja, Silvia, lectora voraz; y David José, otro compañero de EGB, que ha devorado todas mis novelas.

Sant Jordi 2018
No acabé con la mano dolorida, pero no me puedo quejar del balance final.

Sé que otros muchos se quedaron con las ganas de acercarse, pero al ser laborable o por encontrarse en la distancia, no pudieron. Yo les (os) agradezco igual su (vuestro) apoyo y calor.

La verdad es que la parada estuvo en todo momento muy animada. Además de los miembros de la PAE, tuvimos la visita de varios escritores de Apache Libros, editorial amiga, como Alicia Sánchez, y, durante toda la tarde, los autores e ilustradores de la antología de relatos Manual de supervivencia, cuya recaudación se destinará a la Fundación Ana Bella, de apoyo a las mujeres víctimas de la violencia machista.

Sant Jordi 2018
Con Maite, Júlia, y dos autores de Apache Libros (Maite, te he robado la foto).

A última hora, se sumaron a la mesa dos ilustres «miembras» más de la PAE, Gemma Solsona y Maite Doñágueda, para aportar unas risas extra y ayudar a recoger. A las 21.30 horas levantábamos el vuelo, cansados pero satisfechos, yo Rambla arriba tirando de mi maleta (afortunadamente, cargada con algunos kilos menos), y con la sensación de haber dado un paso más en este loco mundo editorial. De la mano de gente tan maja, tan apasionada y tan honesta como la que integra la familia PAE, caótica a veces, adorable siempre, todo es mucho más fácil.

El viernes viajo a Gijón, feliz de volver a participar en el Congreso de Escritores de la AEN, con todos los sentidos alerta para que no se me escape nada de lo mucho interesante que viviremos durante tres intensos días. Paralelamente, mis hermanos paesianos asistirán, con su buen rollo de serie, a la Vila del Llibre de La Pobla de Segur, donde, aunque yo no esté, sí me representarán mis libros.

Vamos, que la ilusionante primavera literaria sigue su curso.

Os dejo con mi botín de Sant Jordi y con la entrevista que me hicieron el martes en ‘El Bibliotren’, el espacio con que cuenta semanalmente la AEN en Radio Principado de Asturias para hablar sobre libros.

Libros de Sant Jordi
‘Entre las doce y las cinco’, de Maite Doñágueda; ‘El mundo de Ethan’, de Júlia Díez; y ‘El barman de Reykjavik’, de Jordi Pujolà.

6 respuestas a “Crónica de un bonito Sant Jordi en la Rambla de Barcelona

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