Cuando las personas importan menos que la cuenta de resultados

Niños en Líbano
Líbano. Luca Kleve-Ruud /Save the Children

“El año acababa con más de dos millones de niños y niñas viviendo bajo el umbral de la pobreza. La cifra de familias con todos sus miembros en paro y con hijos a su cargo no deja de crecer. Los más pequeños se están viendo privados de derechos fundamentales, recogidos en la Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas, como el derecho a un nivel de vida adecuado para su correcto desarrollo físico y mental. Niños que no tienen una alimentación adecuada, que se ven privados de actividades extraescolares o que sufren en casa el estrés de sus padres. Los niños están siendo los más afectados por una crisis de la que no son responsables”.

Así presenta Montserrat Cusó, presidenta en España de Save the Children, la memoria anual de la ONG. No habla de lo que pasa en alguno de esos pobres países africanos, asolados por la sequía y los conflictos armados, sino de lo que está sucediendo en España. Más de dos millones de niños y niñas viviendo bajo el umbral de la pobreza. Es un dato escalofriante que debería hacernos reflexionar sobre qué tipo de sociedad estamos construyendo. Bueno, sería más correcto decir “destruyendo”. O, para ser más exactos aún, qué tipo de sociedad estamos permitiendo que construyan sobre las ruinas del Estado social en el que se suponía que vivíamos.

La situación en el mundo es desoladora. Gracias a organizaciones humanitarias como Save the Children, que en 2012 ayudó a 125 millones de niños y niñas en todo el mundo mediante el desarrollo de multitud de proyectos e iniciativas sociales y políticas, el panorama no es todavía peor. De hecho, en los últimos años se ha conseguido reducir la mortalidad infantil a casi la mitad, pasando de 12 millones de muertes anuales a 6,9, lo que desde luego continúa siendo una barbaridad.

Pero los gobiernos, con la excusa de la crisis, lejos de incidir en el camino de la reducción de las desigualdades, de la extensión del bienestar social, lo que están haciendo es cortar de raíz su aportación a la cooperación internacional. Especialmente sangrante es el caso de España, donde por cada euro de ayuda al desarrollo se destinan 11,5 euros a gasto militar.

El informe ‘Voladura controlada de la cooperación española’, obra de Carlos Gómez Gil, profesor en la Universidad de Alicante, revela que en los últimos años el gobierno español ha desmantelado sus políticas de cooperación, saltándose todos los compromisos internacionales a que se había adherido. En 2008 se destinaban 422 euros por habitante y año a gasto militar, frente a 103 a ayuda al desarrollo. En 2012 se dedicaron 368 euros por habitante a gasto militar y sólo 32 a cooperación. Lo que viene a significar que España destina un pírrico 0,14% del PIB a ayuda al desarrollo, muy lejos del quimérico 0,7% y del 0,51% marcado por la Unión Europea. Pero es que de los 22.664 millones presupuestados desde 2008, no han llegado a gastarse 16.924, es decir: las tres cuartas partes del dinero que debía destinarse a ayuda al desarrollo han acabando gastándose en otras cosas.

Y ahora es cuando algunos dirán: “Con la crisis que tenemos en España, como para ir regalando dinero a los pobres del mundo”. Ya. Podría tener un pase si ese dinero que se ha recortado a la cooperación internacional se hubiera destinado a mejorar nuestras políticas sociales, pero me temo que eso está en las antípodas de lo que sucede. El gobierno ha pasado la guadaña a toda la inversión pública, degradando servicios básicos como la sanidad, la educación y las políticas sociales. La pobreza en España aumenta a pasos agigantados, mientras se vuelcan millones y millones de euros en salvar a un sistema financiero podrido y se estrangula a la economía productiva.

Vivimos en un mundo donde todo son cuentas de resultados. No importa el coste social, lo fundamental es cuadrar los números para sostener un sistema manifiestamente injusto. Más de dos millones de niños bajo el umbral de la pobreza. Reflexionemos sobre ello.

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15 thoughts on “Cuando las personas importan menos que la cuenta de resultados

  1. El mundo es plano. Puerto Rico no tiene nada que envidiar a España. Está tan podrido todo que mete miedo. Cuando toquemos fondo, y estamos cerca, espero que haya una luz en el túnel. No podemos perder la experanza…

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      1. Es muy cierto amigo tu aseveración. Creo que la corrupción en todas sus variantes no reconoce límites (cada día le permitimos más territorio a los tiranos y la sociedad civil me luce que tiene una tolerancia ilimitada. ¿O es que el conformismo, eso que llaman la zona de confort nos seduce demasiado?

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  2. Es la cuenta de resultados y también es cuestión de prioridades. Decía mi abuela que las mantillas y los velos eran usados por las personas que no tenían alma para que la gente se fijara en la indumentaria y no en quien la llevaba.

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    1. La prioridad es siempre el negocio… Hablando de mantillas y velos, y de aparentar lo que no se siente, ahí está alguna portada del funeral por las víctimas en Galicia. En unas aparecían los miles de personas que acudieron solidariamente, en otras, la plana mayor desalmada del Estado.

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      1. Se me queda un regusto amargo cada vez que se culpa al sistema, o a la cuenta de resultados, o a cualquier otro ente abstracto. Es echar balones fuera. El sistema lo han creado personas. Las cuentas de resultados las diseñan personas para contentarse a sí mismas y a otras personas.

        Desde hace mucho siempre he creído que no es que haya cosas que importen más que las personas. Es simplemente que algunas personas importan más que otras. No ya para las grandes empresas, o para lo políticos, que también. Sino para cada uno de nosotros (en diferente medida, eso sí). Puede que sea inevitable, que forme parte de nuestra naturaleza. No lo sé, pero el caso es que así nos va.

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        1. Hablamos de lo mismo. Estoy completamente de acuerdo con tu exposición. Cuando menciono las cuentas de resultados, evidentemente me refiero a quienes diseñan las estrategias políticas-económicas-comerciales que rigen las sociedades donde habitan las personas. Se habla de los mercados, del sistema, etc., pero el problema gordo, lo que habría que atacar de raíz es que todo ese entramado abstracto, aparentemente inidentificable e inaccesible, depende de unas pocas personas, que viven como auténticos faraones a nuestra costa.
          Y sí, todos somos cómplices por perpetuar un modo de actuación que nos han hecho creer, hemos interiorizado de tal manera que no concebimos otra forma de existencia para las sociedades civilizadas, que es imprescindible. Fuera de esto sólo existe el caos y el desastre absoluto.

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  3. Sólo somos números y sólo se habla de números. Eso es lo que les importa. Ahora bien, desconozco quién hace esos números como para que las cuentas les estén cuadrando tan bien como están diciendo. Indignante. Un saludo!

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    1. And the worst thing is that rich men, the big businesses men, the powerful corporations and states don’t see these people, these children, as a individuals with dignity and the same human rights as them. Very sad. Thanks!

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