I Feria del Libro de Portugalete: un chutazo de autoestima

Feria del Libro de Portugalete
Alineación oficial de la I Feria del Libro de Portugalete. No están todos los que fueron, pero fueron todos los que están.   Foto: José Luis Gutiérrez

Ya han pasado varios días desde que regresé de Portugalete, donde participé en la primera edición de la Feria del Libro en representación de la PAE – Plataforma de Adictos a la Escritura. La verdad es que aún no he acabado de asimilar todo lo vivido allí. Fueron tres días muy intensos, empezando por el largo desplazamiento (entre ida y vuelta, más de dieciséis horas en coche), y se me acumulan en la cabeza imágenes, conversaciones y sensaciones que todavía tengo que acabar de ordenar.

Hablando de orden, lo que toca primero es FELICITAR, así, en mayúsculas, a la asociación Cómplices Literarios Elkartea, exitosa organizadora de una feria que fue mucho más que una sucesión de casetas de venta de libros. Un grupo de cinco intrépidas mujeres y un jovenzuelo de cincuenta y tantos, que comparten el amor por la literatura y la locura de creer posible cualquier reto que se planteen, decidieron organizar una feria cultural, y consiguieron arrastrar hasta la orilla oeste de la ría del Nervión a un montón de escritores de toda España, ilusionados por la posibilidad de ampliar el cupo de lectores.

Lo segundo que voy a hacer es agradecer a Adrián y a su maravillosa familia, Loli, Eva, Bibi (la gata) y Brisa (la perra) haberme hecho sentir durante dos días un miembro más del «clan». La gente buena es lo que hace que merezca la pena compartir un mundo en el que la maldad ya nos ha comido demasiado terreno. Me entusiasman esas personas que te abren las puertas de su casa por convicción y comparten lo que tienen con una naturalidad que te hace sentir que las conoces de toda la vida.

Que además Adrián sea un magnífico escritor, (y Eva, su hija, una futura cantante de éxito), añade glamur al asunto. La venganza esquiva, su primera novela, me entusiasmó, y por fin tengo en mi poder la segunda, El peso de la ira, recién salida del horno de MundoPalabras, la editorial de autoedición a la que ha tenido que volver a recurrir tras no recibir ninguna oferta interesante por parte de las llamadas editoriales tradicionales.

Feria del Libro de Portugalete
A Berta Carmona, excelente escritora, responsable de comunicación en MundoPalabras, la conocí gracias a las redes sociales. Ella de Sevilla, yo de Barcelona, coincidimos por primera vez en Portugalete. Benditas ferias literarias.

A la gente de MundoPalabras le tengo mucho aprecio. En Portugalete fuimos vecinos de caseta y, además, me hizo una ilusión enorme conocer en persona a Berta y a José Manuel, dos de las piezas fundamentales de un proyecto honesto y de calidad. Pero el caso es que Adrián Martín merece un buen contrato editorial. Alguna cosa falla de verdad en el sector (bueno, en realidad fallan muchas) cuando las editoriales dejan escapar un talento como el suyo, con excusas tan peregrinas como la extensión de sus obras.

La venganza esquiva - El peso de la ira
Las estupendas novelas de Adrián Martín Ceregido.

Entiendo que las editoriales son empresas y, por tanto, buscan el rendimiento comercial y que los números cuadren. Aún no he leído El peso de la ira, pero con que tenga la misma calidad que La venganza esquiva, sin duda sería un producto con altas probabilidades de convertirse en éxito comercial. Claro, Adrián es mi amigo y no tengo ni idea de gestión de cuentas editoriales. Yo, lector asiduo, lo único que sé es que me gusta leer buenas historias (te quejarás de las flores, colega).

Buenas historias. Esa es la clave de todo. Es lo que busca cualquier lector, lo que buscaban los lectores que paseaban por la plaza del Solar de Portugalete el fin de semana. A no pocos les sorprendió gratamente encontrarse con una feria del libro. Pese a la amplia difusión del evento que Cómplices Literarios hizo durante las semanas previas, muchos vecinos desconocían su celebración. Además, por lo que estuve hablando con quienes se paraban en nuestra caseta, había un buen número de visitantes de localidades vecinas, que venían a pasear. Me parece una muy buena noticia, pues de cara al año que viene ya no cogerá a nadie por sorpresa y estoy seguro de que tendrá mayor repercusión.

El enclave era inmejorable, a los pies del espectacular Puente Colgante, Patrimonio de la Humanidad, que es una de las señas de identidad de la ciudad, y tuvimos la suerte de que, después de un viernes gris y un amanecer de sábado lluvioso, las nubes nos dieron tregua, de forma que pudimos disfrutar de un fin de semana al aire libre magnífico.

Lo que más me gusta de escribir novelas es, aparte del proceso creativo, el contacto con la gente, con los posibles lectores, con quienes ya las han leído, y con mis colegas escritores. Así que podéis imaginar que en Portugalete lo pasé en grande. Cuando llegué, el viernes por la tarde, la cosa estaba bastante flojucha. Mi compañero Ricardo, que además de como miembro de la PAE, acudía con los libros de su pequeña editorial independiente, Café con leche, llevaba allí desde el jueves, sin demasiado éxito. Pero fue salir el sol el sábado, y todo cambió.

Hasta el domingo a las 15 horas, cuando pusimos punto y final a nuestra participación en la feria (que siguió por la tarde, hasta las nueve), no paramos de hablar sobre la PAE a los visitantes, de presentarles nuestro variadísimo catálogo de «libros valientes de autores independientes», y de convencer a un buen número de ellos para que les dieran una oportunidad. Y estoy seguro de que, cuando los lean, la gran mayoría se alegrarán de haberlo hecho.

No me considero un buen agente comercial. No se me da bien tratar de convencer a alguien para que compre algo que yo no estoy seguro de que me gustaría comprar, así que cada uno de los libros vendidos, los míos y los de mis compañeros, fue el resultado de conversaciones sinceras y honestas.

Tengo más que comprobado que este tipo de ferias son el mejor escaparate posible para autores independientes y seminovatos, como yo. Es relativamente fácil conectar con el público; a la gente le suele gustar tener la posibilidad de charlar directamente con el escritor, y cada vez hay menos prejuicios respecto a la autopublicación. En este tipo de ferias, los visitantes no van a la caza del best-seller y están predispuestos a adquirir libros de autores desconocidos.

Una portada y un título atractivos (tengo mucho ganado con esas ilustraciones maravillosas de mi hermano, Fran Recacha), una sinopsis de contraportada bien redactada, y una charla relajada con el autor, sin que se note el «ansia» por «colocar» el ejemplar, son elementos clave para lograr una venta.

Feria del Libro de Portugalete
Diana Gutiérrez, autora y editora de Café con leche, también tuvo trabajo en nuestra caseta compartida.

Hay que aprender a valorar al posible comprador, que de ningún modo va a permitir que lo «toreemos»: que esté predispuesto a darnos una oportunidad no significa que podamos endiñarle cualquier cosa. Reconozco que me encanta ese juego de seducción literaria, y es muy curioso cómo al final lo que acaba decantando la balanza para que la persona se lleve tu libro puede ser una simple palabra. Por ejemplo, buena parte de quienes me han comprado El viaje de Pau en ferias lo han hecho atraídos por el escenario natural donde se desarrolla la historia y por la trama ambientada en la Guerra Civil; también me pasó en Portugalete. Recuerdo cómo una mujer se decidió por Escapando del recuerdo al mencionar que parte de la historia se desarrolla en Granada; otra se llevó Con la vida a cuestas porque los personajes arrastran situaciones complicadas, pero encuentran la manera de salir adelante. Dos familias se llevaron el cuento El pequeño pescador porque se trata de un proyecto familiar y porque, obviamente, los niños quedaron fascinados por las ilustraciones de mi hermano.

Está claro que quienes acudimos a ferias del libro lo hacemos con la esperanza de vender mucho, pero hay otras motivaciones igualmente importantes. Ya he dicho que me encanta ese cara a cara con los potenciales lectores. Mi admirado Víctor del Árbol nos decía en Gijón, durante el IV Congreso de Escritores (me quedan varias crónicas aún, la próxima precisamente con el autor barcelonés como protagonista), que su principal red social y su mejor herramienta de márquetin es el contacto directo con la gente. Es una forma de actuar que requiere mucha dedicación y que posiblemente no dé tan buenos resultados, a corto plazo, como otras estrategias, pero yo estoy de acuerdo con él, porque el cara a cara, el saber escuchar, es algo mucho más sólido que un puñado de clicks en Internet.

Una de las cosas más interesantes que me sucedieron el fin de semana en Portugalete fue la charla con una pareja que se paró a hojear algunos libros de la PAE. Aparentemente, él buscaba algo de novela negra, pero no acababa de convencerle ningún libro. El caso es que cuando le pregunté, me dijo que leía de todo, así que le fui presentando lo que teníamos. Entonces, no recuerdo si ella o él, me preguntaron si teníamos algo para chavales problemáticos, «perdidos» puntualizó la mujer. Pensé que se refería a sus hijos, pero no me atreví a preguntar. El caso es que les enseñé Memorias de Lázaro Hunter, el western divertido y violento que publiqué hace dos años, que mi hermano está adaptando a cómic. A él enseguida le llamó la atención. Me preguntó entonces si creía que podría captar el interés de chavales que no están acostumbrados a leer, y me explicó que trabaja con adolescentes en un centro cerrado. Jóvenes muy problemáticos, sin un proyecto de vida. Obviamente, sería muy pretencioso por mi parte considerar que mi novelita pueda ayudar a esos chavales, pero se me ocurrió que quizás podía apoyar la lectura con algunas de las ilustraciones que Fran ya tiene acabadas y expuestas en su portfolio de Behance. Eso acabó de convencerlo, así que se llevó el libro. Le pedí que, si funcionaba, me lo comunicara. Me encantaría que fuera así. En cualquier caso, esos diez minutos de charla resultaron muy enriquecedores.

Hubo otras muchas anécdotas que podría mencionar, pero entonces esta crónica acabaría siendo un libro, y no es plan. Tengo que dejar espacio para referirme a los colegas de la AEN – Asociación de Escritores Noveles con quienes volví a coincidir, mes y medio después del Congreso: Elena, José Luis, Reyes, Julio, Alicia, Ramón, Nerea y, por supuesto, Adrián. Es una pena que no inmortalizáramos el reencuentro…

También tengo que hablar sobre la charla que dimos el sábado por la tarde en la sala Merkatua, uno de los espacios cerrados donde se celebraron actividades paralelas a la feria. El otro fue el Gran Hotel Puente Colgante. Hubo charlas sobre novela negra e histórica, sobre mujeres escritoras, una conferencia de la popular escritora vasca Toti Martínez de Lezea, otra del profesor de escritura Ramón Alcaraz, y una entrevista con el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, que presentaba su libro Sin censura. Además, se organizaron actividades infantiles y familiares, como cuentacuentos y talleres de robótica y de diseño de tapas para libros. Para completar el amplio programa, cada día hubo conciertos al aire libre en la terraza del hotel.

Feria del Libro de Portugalete
Junto a Ricardo Cebrián y Rocío Vega, charlando sobre por qué nos gustan las escenas de acción y batalla.

Respecto a nuestra charla, creo que resultó muy interesante. Bajo el título «¿Por qué nos gustan las escenas de acción y batalla?», los autores Ricardo Cebrián, Rocío Vega (creadora de la exitosa saga Horizonte rojo) y yo mismo charlamos de forma distendida sobre los ingredientes que hacen que una novela de acción resulte interesante, y, gracias a un público muy participativo, acabamos hablando sobre técnicas narrativas y sobre conceptos literarios que abarcan todo tipo de géneros. Os invito a escuchar el audio, que encontraréis íntegro a continuación.

Lo voy a dejar aquí, agradeciendo a Cómplices Literarios el haber contado con la PAE para su primera feria del libro y deseando que la próxima edición sea aún más exitosa. Estaremos encantados de repetir.

Escapando del recuerdo
El librito tiene buena pinta…

Por cierto, desde ya podéis encontrar mi última novela, Escapando del recuerdo, editada por Salto al reverso, en la librería Guantes de Portugalete. También se puede encargar en cualquier otra librería del país, o pedírmela directamente a mí, y os la envío dedicada.

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