“¿Para qué quiero saber inglés?”

estudiar_dineroEl otro día tuvimos un minidebate improvisado en clase de refuerzo escolar muy revelador de la situación que vive la educación, y la sociedad en general, en nuestro país. En el aula somos dos o tres profesores, con un máximo de diez u once alumnos, e intentamos crear un ambiente distendido y agradable para los chavales, conscientes de que asistir a las clases no es precisamente lo que más desean tras una larga jornada escolar. El caso es que algunos tenían deberes de inglés y, como otras tantas veces, se quejaban de que “el inglés es un rollazo”. Podéis imaginar que el nivel de la asignatura en quinto o sexto de primaria no es precisamente alto, pero es igual, porque a los chavales no les entra nada. Se pasan los años repitiendo los mismos contenidos que nunca asimilan… porque no les interesa lo más mínimo.

Mi compañera y yo iniciamos una (creíamos que) constructiva discusión sobre el tema: “¿Pero es que no veis que el inglés os puede ser muy útil en el futuro, que quizás tengáis que trabajar en el extranjero o con gente de otros países?” La respuesta: “Pero si yo no voy a salir de España, para qué quiero saber inglés”. Otra razón: “Sabiendo inglés podéis conocer a gente de todo el mundo, hacer amigos y, quién sabe, incluso encontrar novio o novia…” Respuesta: “Pero si aquí ya hay mucha gente, para qué quiero conocer a alguien que hable en inglés”. ¿Qué les pasa a los chavales? ¿Por qué esa falta de inquietudes? Porque lo del inglés a menudo es extensible a cualquier otra materia. Y lo más curioso es que si en clase había diez alumnos, seis o siete vestían ropa con lemas en inglés. Una de ellas incluso llevaba un colgante con un corazón pintado… con la bandera británica. Otra vestía una sudadera donde se leía “I love New York”…

No es culpa de ellos. Hace mucho tiempo que pienso que el gran problema de nuestra sociedad, no sólo la catalana y española, sino en general la de todo el mundo occidental, es el sistema educativo. Educamos a los chavales para que sean “soldados” de la sociedad de consumo, para que se adapten al sistema sin cuestionarlo. “Tenéis que estudiar para ser alguien”, donde “ser alguien” significa conseguir un buen empleo donde ganar dinero para poder comprar todas esas cosas que consideramos tan necesarias. En mi opinión es un punto de partida calamitosamente erróneo. No desde el punto de vista del sistema, evidentemente, pero sí desde un punto de vista humano. Cada individuo es único, con unas aptitudes y habilidades especiales, pero nos empeñamos en diluirlas en pro de la colectividad, de la estandarización. Ni en la escuela, ni, lo que es más triste, en casa procuramos potenciar esas habilidades. Lo importante es aprender a multiplicar y a escribir lo antes posible; saberse los ríos de España y quiénes fueron los Reyes Católicos o Guifré el Pilós; estudiar inglés porque nos será útil el día de mañana… Y lo más importante de todo: sacar buenas notas.

De esta manera, estudiar se convierte en un martirio para muchos niños y niñas. ¿Cuántos cocineros, bailarines, músicos, arqueólogos, mecánicos, carpinteros, escritores, pintores, actores, payasos, etc, etc, etc, se habrán perdido en este absurdo camino de la estandarización? ¿A cuántos chavales de aptitudes brillantes hemos condenado a una existencia mediocre como carne de cañón del sistema? Nuestro sistema cercena la creatividad, penaliza la diferencia. Y estoy convencido de que esto es así porque a los que dirigen el cotarro ya les va bien que sea así. De la uniformidad es más difícil que surja la contestación.

No tiene ningún sentido clasificar a los niños y niñas en base a sus resultados académicos. ¿Por qué es más brillante un alumno que saca excelentes en mates que otro que las suspende? A lo mejor si la asignatura fuera ‘cocina’ los resultados serían los opuestos. ¿Qué sentido tiene que en 3º de la ESO todos los alumnos tengan que aprender a hacer ecuaciones de segundo grado cuando el 90% de ellos no las va a volver a utilizar en su vida? Podría haber asignaturas de botánica, guitarra o danza clásica, ¿no? ¿Por qué es menos importante saber bailar que saber hacer raíces cuadradas o aprenderse al dedillo todas las capitales europeas? Y que conste que lo cuestiona alguien a quien le gustan las matemáticas, la historia y la geografía.

No estoy diciendo que pintura, danza y cocina tengan que “quitarle el puesto” a las asignaturas tradicionales. No es eso. Por supuesto que es importante aprender matemáticas, inglés y ciencias naturales. La cuestión es que sean los chavales los que lleguen a esa conclusión, no que les sea impuesta. Tendríamos que ser capaces de implementar un sistema educativo en el que se potenciara la creatividad, en el que cada alumno sintiera la libertad de expresar sus habilidades y sintiera el apoyo, el aliento de su entorno para hacerlo. Y, por supuesto, no podemos delegar en la escuela toda la responsabilidad. La familia es un elemento clave, el principal diría yo, en la educación y, por tanto, se debe implicar al 100% en ella. Si en casa no se permite al niño que desarrolle sus aptitudes, si no se le acompaña, en la escuela no podrán hacer milagros.

Recomiendo encarecidamente el visionado de una película documental titulada ‘La educación prohibida’. Son 2 horas y media que, como mínimo, hacen reflexionar. No estoy de acuerdo con todo lo que refleja, especialmente con la “demonización” que hace del sistema educativo tradicional. No todo es negativo en la escuela que conocemos. No todos los que estudiamos en ella salimos siendo zombis sin alma y sin voluntad… Sí comparto el concepto de base. Expone algunas experiencias educativas alternativas, muy interesantes, en marcha en Suramérica y España. El problema es que en nuestro país sólo se puede acceder a ellas a través de centros privados que, como podéis imaginar, cuestan una pasta. La capacidad de maniobra para cambiar las cosas desde la educación pública es limitada, pero me consta que hay escuelas que intentan crear un sistema más “democrático”, donde se tienen en cuenta las inquietudes de los alumnos.

Si 2 horas y media os parecen prohibitivas, recomiendo un vídeo mucho más breve, de 11 minutos y medio, titulado ‘Paradigma del sistema educativo’.

Sin duda, es éste un tema polémico, que da para debatir horas y horas, pero creo que es incuestionable que algo tiene que cambiar. Algo funciona muy mal cuando chavales de diez años son incapaces de inventar un relato de quince líneas y consideran que no vale la pena aprender inglés, o cuando los maestros sufren dando clase en vez de disfrutar. Lamentablemente, nuestro sistema educativo en realidad lo que está consiguiendo es matar las ganas de aprender y eso no lo van a arreglar las reformas formales del gobierno de turno.

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5 thoughts on ““¿Para qué quiero saber inglés?”

  1. estoy muy de acuerdo con tu aportación. la clave me parece que está en algo que afirmas: a los chavales no les entra nada. Se pasan los años repitiendo los mismos contenidos que nunca asimilan… porque no les interesa lo más mínimo.
    Me parece tremendamente curioso que el sistema educativo constate año tras año la situación, que todos los profesores la vean y año tras año el sistema no cambie y se siga haciendo lo mismo. Resulta bastante de sentido común que si haces lo mismo obtendrás los mismos resultados.
    Resulta muy preocupante que el sistema educativo tenga tan poca capacidad de adaptación, resulte tan rígido, que se observe tozudamente un resultado negativo y se siga haciendo lo mismo.
    para terminar solo decir que gracias por tu inquietud, porque aunque parezca difícil eso es ya un paso, un grano con el que iremos haciendo el granero de una educación diferente y más adaptada.

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Es realmente frustrante comprobar que lo único que hacen los encargados de “mejorar el sistema” es cambiar el envoltorio para que todo siga igual. A los gobernantes no les interesa una reforma a fondo del sistema educativo porque significaría cuestionar todo el sistema. No encuentro otra razón posible. Así que la única forma de cambiar algo las cosas (y encima cada vez con menos medios) es que sean los propios profesionales padres quienes se pongan a ello.

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  2. Los chavales pasan por el sistema educativo como por un suplicio obligatorio que dura una serie de años y detrás del que vendrá la vida con mayúsculas: lo de antes ha sido sólo un tránsito, un camino por el que tenían que pasar para llegar a la vida adulta. Y eso es muy triste, porque en realidad son los mejores años de nuestra vida los que pasamos aprendiendo.

    Muy buenos los documentales que mencionas. Si tienes 20 minutillos te recomiendo encarecidamente que le eches un vistazo a este vídeo: http://www.ted.com/talks/ken_robinson_says_schools_kill_creativity.html

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    1. El vídeo de Ken Robinson ya lo había visto. Una excelente recomendación. Comparto absolutamente todo lo que dice, y lo que me parece increíble es que los gestores de lo público no se den cuenta de que el sistema educativo actual está absolutamente desfasado. Se equivocan por completo si creen que la solución al fracaso escolar está en ajustar cuatro tuercas sobre las calificaciones (que no cualificaciones). La única solución pasa por replantearlo todo desde la base, enfocando la enseñanza reglada a la potenciación de las aptitudes de los chavales, sean cuales sean. Es tan válido el que destaca en cocina o en danza como el que lo hace en matemáticas. Lo triste es que no es esa precisamente la idea que tienen quienes marcan las políticas educativas. Es detestable esa obsesión por fomentar la competitividad y el sentimiento de fracaso a niños que apenas comienzan a conocer el mundo que habitan. Gracias por tu comentario!

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