El olor de la hierba mojada

Monte Perdido
Monte Perdido, a finales del siglo XX.

Qué hace vibrar mi corazón
Despertarme por la mañana y tener un rato de estar conmigo misma. Cuando vuelvo a casa ver las caritas de mis niños y abrazarlos y saber cómo ha ido su día. Tener tiempo para jugar con ellos, que siempre lo esperan y no siempre puedo. Acabar el día abrazando cerquita a mi marido, hablando o no, pero compartiendo nuestra energía.”

Mi amiga Mónica ha escrito este precioso pensamiento en Facebook esta mañana, al que yo he contestado con el siguiente comentario:

“Contemplar un paisaje, rodeado de naturaleza, escuchando el canto de los pájaros, la brisa en las hojas de los árboles y las aguas saltarinas de un riachuelo de montaña. Mirar el cielo azul, con las nubes viajando y dibujando todo tipo de formas. De noche, contemplar las estrellas, en ese mismo entorno, puntos de luz incontables, y ver cómo de vez en cuando alguno cae, dejando una estela a su paso…”

Luego he pensado que el tema daba para dedicarle un artículo y, quién sabe si para acabar completando, con vuestros comentarios, una especie de manual de las cosas que nos hacen vibrar el corazón.

Además, también esta mañana he leído esta inspiradora entrada en el blog Cántaro Soul, que llevaba demasiado tiempo en silencio. De la lista que ofrece Bárbara hay unas cuantas cosas que me hacen vibrar el corazón, sentir vivo, sentir que la vida es algo que merece la pena ser disfrutado.

¿Qué me hace vibrar? Muchas cosas: quedar hechizado por el suave crepitar de las llamas que danzan en la chimenea de una casa en la montaña; sentir el golpeteo de las gotas de lluvia contra la lona de la tienda de campaña en la que duermo; admirar el majestuoso vuelo del águila; descubrir a un grupo de sarrios que han descendido desde sus inaccesibles riscos hasta donde crece la hierba más tierna; el olor de la hierba mojada; un soleado día de invierno; sentir vibrar no sólo el corazón sino el cuerpo entero al escuchar los primeros acordes de esa canción que te obliga a saltar como un loco (me pasa con unas cuantas, por ejemplo ‘Song 2’ de Blur); abrir ese libro que te tiene atrapado y que no cerrarías nunca; notar cómo las palabras brotan del bolígrafo, o del teclado, en un ciclo que se retroalimenta y que te hace creer que podrías escribir sin parar; conducir sin prisa por una carretera secundaria, al atardecer, con la ventanilla bajada… contemplar la apabullante inmensidad del Monte Perdido al completar la subida hasta el Balcón de Pineta y extasiarse desde allí con las vistas del Valle de Pineta y de buena parte de las cimas del Pirineo Aragonés.

¿Qué os hace vibrar a vosotros?

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17 thoughts on “El olor de la hierba mojada

    1. Madre mía! Menudo olvido. Mi mujer me mata… Tienes toda la razón. Fue el momento más inolvidable de mi vida, pero no el llanto, que Albert no parecía muy predispuesto, sino el tenerlo allí mismo, sobre el pecho de su madre, con los ojos bien abiertos, mirándonos, como diciendo: “Así que vosotros sois mis papas”. Maravilloso.
      Un abrazo!

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      1. Cosas simples y sencillas, una buena música, una buena película, un buen libro y una buena conversación, un paseo por la naturaleza, encontrando lugares mágicos en mis caminatas por la montaña, el contraste de la vegetación y el mar ( nuestra costa brava), las grandes nuves, esas que parecen algodones y que te hacen imaginar y tantas cosas más…………

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  1. Las nubes, cuando dan al cielo el aspecto de un mundo aparte, colorido y efímero. No puedo dejar de mirarlas, a veces hasta el vértigo. También las estrellas, los planetas vistos con el telescopio y saber que están tan lejos y son tan inalcanzables para mí pero que ahí están y que puedo verlos, con sus anillos y sus vapores y sus satélites. La primera vez que vi los anillos de saturno estuve a punto de llorar. El mar, que siempre me parece sólido, como el cuerpo de una bestia que inhala y exhala, se contrae y se distiende. Y las cosas pequeñas y misteriosas que aparecen por ahí, como esas cápsulas que arrastra el mar, que son como pelotitas llenas de algas y que son hermosísimas, o los trozos de coral que parecen blandos y esponjosos pero no lo son.

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  2. Buenos días, Benjamín. Muchas gracias por mencionarme en tu post, me alegro de haberte inspirado un poquito. Tienes razón, llevaba mucho tiempo en silencio, no volverá a pasar.
    A mí el olor a hierba me da rinitis, pero me parece una buena aportación. ¿Qué me dices del olor a café recién hecho por la mañana?
    Dicen que el olfato es el sentido que más conecta con la memoria. Será por eso que a mí el olor a caca de vaca (increíble, pero cierto) me transporta a los veranos de mi infancia en el pueblo. Me recuerdo echando carreras suicidas en bici; haciendo saltar piedras sobre la superficie del río; compitiendo para ver quién comía más moras; subiendo a los árboles… En fin, más pequeñas cosas de esas que, como bien dices, nos hacen vibrar el corazón.

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    1. Pues vaya con la rinitis… No soy muy cafetero, pero es verdad que el café recién hecho huele de maravilla. Te vas a reír, pero me pasa lo mismo que a ti con la caca de vaca. Desde que de bien pequeño vi la primera plasta seca decidí que aquello no eran cacas sino pasteles, jajaja! Qué recuerdos, las horas de expedición por la montaña en busca de moras, fresas y frambuesas…
      Gracias por pasarte a comentar, y a ver si es verdad que te prodigas en tu blog. Un abrazo!

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  3. Lo que me hace vibrar son las cosas que me hacen olvidarme de todo. No soy de emociones fuertes. Prefiero la tranquilidad. Un paseo por la playa bajo los pinos escuchando las olas es algo perfecto. Leer relajado en la terraza con el silbido de los vencejos. Y, si algo me hace vibrar también es descubrir un final de repente para alguna de mis historias que encaja a la perfección o un personaje ideal para un relato. 🙂 También estar en el coche con mi pareja camino de algún lugar. Bonita entrada. ¡Un abrazo!

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  4. Me hace vibrar una buena música, una buena lectura, caminar a la orilla del mar, contemplar la luna llena, el recuerdo de la Amazonia de mi país que me hace revivir los mejores recuerdos de mi infancia y muchas cosas más.
    Bonita entrada.
    Un besote y feliz domingo. 🙂

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