Coedición: hacer negocio con la ilusión de publicar

Cervera Vila del Llibre
Escritor desesperado al darse cuenta de lo que significa un contrato de coedición.

Tengo el blog abandonado. Esta recachita, que tantas alegrías me ha dado y tanta compañía me ha hecho, hacía demasiado que esperaba paciente mi regreso, y por fin estoy aquí, sin más excusa para justificar el retraso que la trillada falta de tiempo. Ha tenido que ser un encargo de mis amigos de la AEN – Asociación de Escritores Noveles lo que me hiciera ponerme las pilas. «¿Por qué no escribes un artículo sobre la coedición?», me retó Jose Jarné, siempre con la antena puesta, y, obviamente, no me podía escaquear.

Ahí va.


Publicar. Cuántos aspirantes a escritor sueñan con ver su primera novela en los escaparates, rodeada de las de tantos autores consagrados.

Fantaseamos con el éxito, con que nuestras historias estremezcan, con que miles de lectores se sientan acompañados por nuestros personajes… Y, claro, cómo no dejarse engatusar por quienes, con buenas palabras y promesas vagas, se interesan por nuestra obra.

Nos ofrecen publicar, y nos dicen que compartiremos espacio con los «grandes», en esos grandes almacenes de cultura empaquetada.

Nuestra novela, en la que tantas esperanzas hemos depositado, a la que tanto esfuerzo hemos dedicado. En papel, con un sello editorial, que puede que no sea muy conocido, pero, oye, por algo hay que empezar. Y estará en las tiendas, y la gente la podrá comprar…

Eso sí, como la editorial está apostando por un autor desconocido, como se está arriesgando por nosotros, nos pide contribuir con un pequeño esfuerzo extra: que nos hagamos cargo de una parte de la inversión.

Es un trato justo, ¿no? Ellos nos publican el libro y lo distribuyen (ejem), y como eso cuesta mucho dinero, lo normal es que compartamos gastos. Ah, pues sí, es lógico. Después de todo, aún no hemos demostrado nada como para poder considerarnos escritores, para merecer que nos paguen por publicar.

Pues no. La cosa no va así; o no debería. Escribir es un trabajo, lo justo es ser remunerado por él, no que nos cueste dinero.

Vale, hay matices.

El primero: haber escrito una historia no significa nada más que eso. No nos otorga ningún derecho ni necesariamente merece ser publicada. De hecho, por una simple cuestión estadística, es muy posible que ni siquiera merezca salir del disco duro de nuestro ordenador.

Pero aun siendo la mayor basura escrita nunca, nadie tiene derecho (o no debería) a lucrarse a nuestra costa. Porque la coedición es, en el mejor de los casos, la forma menos honesta de publicación. No para el autor, obviamente, cuya ilusión por ver su obra convertida en libro es siempre legítima (repito: siempre), sino para la «editorial».


Os invito a leer el resto del artículo en www.aenoveles.es.

Y os adelanto que, al menos durante los próximos días, se acabó el silencio en ‘la recacha’.

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