El libro viajero aterriza en la cordobesa villa de Lucena

Han pasado ya demasiados días desde que Pau y compañía nos enseñaban sus andanzas por la preciosa isla de Gran Canaria acompañados por María, anfitriona del libro viajero durante su estancia en Santa María de Guía. El siguiente destino era Tenerife, donde Jesús y su familia lo esperaban con los brazos abiertos. Lástima que el cielo tinerfeño haya decidido transmutarse en irlandés y durante días y días no haya ofrecido más que agua, niebla y viento a los invitados. Pronto podremos degustar las aventuras por la isla que corona ese coloso llamado Teide de un Pau cuya mochila rebosa ya de experiencias inolvidables. Vaya esta preciosa foto como adelanto.

El viaje de Pau en el Teide
Otra perspectiva del libro viajero, saludando al Teide.   Foto: Isa Hernández

Pero el viaje no para, así que mientras el amigo Chojesús cocina su crónica viajera por la cuarta y última Isla Afortunada de este maravilloso recorrido, El viaje de Pau ya ha tenido tiempo de visitar un nuevo enclave del que ahora su ilustre anfitriona, Verónica Barcina, nos da buena cuenta. Se trata de la cordobesa ciudad de Lucena, primera parada andaluza de esta aventura. Muchos de los habituales de ‘la recacha’ ya conocéis a Verónica, Verbarte, y su blog Apalabrado, donde analiza con claridad meridiana y pluma lúcida la realidad sociopolítica que nos envuelve. Esa misma pluma brillante es la que nos cuenta qué han encontrado Pau y compañía en la histórica villa cordobesa.

Lucena
Panorámica de Lucena.   Foto: Miguel Cantero Saban

Al sur de la provincia de Córdoba, entre viñas y olivares, en la campiña subbética, Lucena se ofrece al mundo como cualquier otra ciudad, pueblo o aldea, con su fisonomía discreta, su seseo y su historia. No es ciudad de altos vuelos ni pueblo de alas cortadas, ni plana ni escarpada, ni sombría ni agraciada, es una ciudad media opinable tras ser visitada. Tiene Lucena una apariencia plural que atiende a todos los ojos que la miran y a cada mirada algo sugiere.

El Viaje de Pau, en 2013, tuvo en ella parada y fonda alojándose en los anaqueles de la singular librería Juan de Mairena. Ahí aguardan impacientes los ejemplares para obsequiar a los lectores su relato de presente y pasado en el límpido paisaje del Pirineo Aragonés. Y ya que está en el pueblo, hemos guiado a Pau por sus calles, sus gentes, sus costumbres y su historia, sin más pretensión que dar breves pinceladas por si algún lector se siente atraído y decide visitar la ciudad de las tres culturas, La perla de Sefarad.

Distraída por el comercio y el urbanismo especulativo, el desarrollismo se llevó por delante a lo largo del siglo XX muchos y preciosos monumentos descuidados e ignorados en su mayor parte. En una ciudad que incorporó a su lema el adjetivo “mariana”, junto a “muy noble y muy leal”, como seña de su identidad, en el año 2000, ni siquiera conventos e iglesias se libraron de picos y palas. Es en las últimas décadas cuando decidió mirar de frente a su historia y acicalar los restos del naufragio patrimonial.

A finales del siglo XX y comienzos del XXI se recuperan los vestigios de su más ancestral pasado en la Cueva del Ángel, una excavación arqueológica a la altura de Atapuerca según afirman los entendidos y visitable. Esta cueva, también víctima de la estafa financiera, está siendo estudiada en la actualidad por especialistas venidos de medio mundo. Paralelamente, la burbuja del ladrillo y la fiebre de rotondas y circunvalaciones, ha puesto al descubierto la huella de un pasado más reciente, la mayor necrópolis judía de España eximida de penurias económicas para su puesta adecuada en perfecto orden de revista y visita.

Restos de la cueva, y otros vestigios milenarios o centenarios, ocupan las entrañas del Castillo del Moral hasta la misma torre-mazmorra donde fue preso el rey Boabdil, el último de Granada, fortaleza otrora guerrera y hoy trinchera cultural. Noto a Pau algo cansado y ocupamos un banco en el Coso, el viejo y cansado corazón de Lucena donde comerciaban las gentes distribuyendo la riqueza entre el buen vecindario. Cansado y viejo, ha sido aniquilado el centro del comercio lucentino por los mismos mercaderes multinacionales que atraen los salarios a cadenas, franquicias e hipermercados donde la riqueza se distribuye entre pocas manos, casi todas forasteras. Como en cualquier lugar.

Lucena - Castillo del Moral
Boabdil estuvo preso en el castillo del Moral.   Foto: Verónica Barcina

También hay piezas de su pasado en el cercano Palacio de los Condes de Santa Ana, otra casamata desde la que se dispara cultura en Lucena, y más cultura en el Palacio de los Condes de Hurst, también conquistado para la causa, sede de la Biblioteca Municipal entre otras cosas más. Hermosa metáfora de cómo el pueblo puede poner a la hidalguía y a la nobleza a su servicio, etérea metáfora para soñar con otros mundos posibles. Los monumentos civiles, escasos pero satisfactoriamente integrados, están ahí, sin hacer mucho ruido para ser visitados.

Son muchas las iglesias de Lucena, signo evidente de que las tres culturas quedaron en una sola, y personalmente destaco artísticamente el sagrario de la iglesia de San Mateo, obra del barroco andaluz, la iglesia de Santiago, gótico mudéjar, y la portada de San Juan de Dios, también barroca, protagonista de la boda de José María Hinojosa, alias “El Tempranillo”, natural de la pedanía de Jauja, cuya vida fue filmada por Carlos Saura en Llanto por un bandido y que cuenta con un Museo del Bandolerismo. También Almodóvar rodó escenas de su Hable con ella en la ermita santuario de la Virgen de Araceli, la patrona.

Lucena, sin duda por su ADN judío, es tierra de emprendedores. Lejos quedan, aunque hoy aún resisten, ceramistas y artesanos del bronce que le dieron antaño prestigio y fama, al igual que sus bodegas y almazaras, cunas de excelentes aceites y vinos y sabrosas combinaciones culinarias. El campo, sacrificado a la economía fácil y rápida, cedió como forma de vida y sustento al empuje de la burbuja mobiliaria que hizo de Lucena referente nacional e internacional de la madera. Atrás quedó el sueño de amueblar Andalucía, España y Europa, ganó Ikea. El pinchazo del mueble ha supuesto comprobar que las burbujas son efímeras hasta para un pueblo que apenas sabía qué era el paro. Como tributo a su época dorada, se ha creado un museo de la madera bajo la posadera de la silla más grande del mundo. Se sube por escala o ascensor, ahí es nada.

Lucena Silla museo de la madera
La silla más grande del mundo.   Foto: Verónica Barcina

Dos días dan para mucho y bueno en Lucena. Es el tiempo que ha estado Pau antes de partir para otras tierras cercanas. Se verá en los enlaces que Lucena da para muchísimo más, sin prisas o con ellas, es cuestión de leer y priorizar.

Bien aprovechados, sin duda, esos dos días, y deseando conocer ya ese próximo destino cercano… Os adelanto que, en mi opinión, se trata de una de las ciudades más bonitas del mundo. Ahí es nada. Y aprovecho para recomendaros que visitéis el otro blog de Verónica, ‘Gotas de tiempo’, donde también encontraréis la crónica de la estancia del libro viajero en Lucena.

Una última cosa, que Verónica ya cita en su crónica: El viaje de Pau está a la venta en Lucena, en la histórica librería Juan de Mairena.

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