“Papa, ¿soy tu amigo?”

ninotneu

Mi hijo Albert cumplirá cuatro años en un par de semanas. Topicazo al canto: “¡Cómo pasa el tiempo!” Sí, la expresión es recurrente con ganas, pero no por ello menos cierta. Los no padres (o madres, por supuesto) también la usáis, pero creedme si os digo que cuando tienes a tu lado a un ser que crece cada día que pasa (y no me refiero a la barriga) la frasecita de marras adquiere una nueva dimensión. Y no digo nada si eres uno de esos aventureros intrépidos para quienes el peligro no existe y te lanzas a por el segundo… o el tercero, que se comenta que también los hay.

Al echar la vista atrás (aviso, este post amenaza con estar plagado de topicazos) me invaden dos sensaciones aparentemente contradictorias. Por un lado, la que iría directamente relacionada con el “cómo pasa el tiempo” y que se traduciría en algo así como “pero si parece que era ayer cuando me pasaba el día preparando purés, peleándome para que se los comiera, limpiando restos de puré del techo, cambiando pañales de plastosas cacas de color verde puré, y levantándome dieciocho veces cada noche”. Imagino que cuando tienes tres hijos al tercero le das las verduras enteras para que decida si se prepara el puré o se las come crudas, y los restos en las paredes con el tiempo se transforman en estuco con encanto…

La segunda sensación es exactamente la contraria en cuanto a percepción temporal. “Diría que hace un siglo de cuando me pasaba el día bla, bla, bla”. Parece imposible, pero os juro que lo siento así. Por ejemplo, he olvidado por completo cómo hay que coger a un recién nacido. Cómo se prepara el puré, no, ni cómo cambiar un pañal. Tampoco he olvidado la incomparable sensación que experimentas cuando una criatura tan diminuta te vomita encima lo que las leyes de la física te harían creer que proviene del estómago de un elefante. Hasta hace poco creí haber olvidado cómo era eso de dormir una noche del tirón. Y es que el puñetero a menudo se sigue despertando. “¡Papa, ven aquí!” a las 3 de la madrugada. Y el papa, que desde que nació Albert desarrolló el superpoder de dormir con el oído alerta ante la más mínima variación en la respiración del cachorro o ante cualquier movimiento (incluso durmiendo en habitaciones diferentes, cuidadito, ¿eh?), pues allá que va, hasta que vuelve a dormirse. Su madre, aparentemente, este superpoder lo ha desarrollado en un estadio muy básico, y hasta que el niño no empieza a chillar no reacciona (te quiero, Luci).

Hoy ha sido el Día Mundial de la Felicidad, y (atención al encadenamiento de topicazos) qué puede hacer a alguien más feliz que un hijo. Porque ser padre es maravilloso. Sí, ya… a ratos. Albert es un niño bastante tranquilo y relativamente razonable. Me río mucho con él, pero como todos los niños humanos tiene la exasperante habilidad de sacar a relucir el ogro que llevo dentro: ojos inyectados en sangre y fuera de sus órbitas, nariz hinchada, cara roja, voz diabólica, y arrojando espumarajos por la boca… Está bien, es verdad, he exagerado un poco, lo de los espumarajos no me ha pasado nunca.

Yo soy un tipo muy tranquilo, muy pacífico, o por lo menos eso creía, pero reconozco que la irracional cabezonería infantil es superior a mi capacidad para conservar los papeles. Eso sí, todo se olvida cuando el peque se viene a nuestra cama por la mañana y me pregunta: “Papa, sóc el teu amic?” (¿soy tu amigo?) Una pregunta tan inocente pero tan llena de significado, de amor incondicional, hace que ser padre sea verdaderamente maravilloso.

Mi mayor ilusión y a la vez mi mayor preocupación es educar a Albert en una sociedad donde se fomenten los valores que nos hacen mejores personas, pero que, tristemente, tan despreciados son por el poder. Quiero que crezca en una sociedad libre, donde pueda desarrollarse como ser humano y realizarse profesionalmente; donde la igualdad, la solidaridad y el respeto al medio ambiente sean valores “sagrados”, y donde la mentira, la corrupción, la ambición sin límites que transforma a las personas en seres despiadados no sean más que un mal recuerdo. Sé que es un sueño bastante utópico teniendo en cuenta cómo están las cosas, pero está en la mano de cada uno de nosotros elegir cómo comportarnos, ¿verdad? El cambio empieza en el interior de cada individuo. Hagámoslo posible.

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17 thoughts on ““Papa, ¿soy tu amigo?”

      1. Totalmente de acuerdo, sólo te llevo un mes de ventaja en lo de ser padre pero las vivencias son idénticas, leía y tenía la sensación de haberlo escrito yo.
        Sólo encontré una diferencia, yo no he desarrollado el superpoder de tu oído !!!
        Me he reído mucho y espero cómo tu conseguir educar a mi peque tal y como comentas.
        Besos para los tres e intenta controlar al ogro que llevamos dentro…

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  1. Benjamín, me atrevo a decirte, sin temor a equivocarme, que es uno de los post más hermosos que he leído.

    Me has dejado sin palabras. Espero algún día poder disfrutar del día de la felicidad como vosotros lo habéis hecho.

    Tu reflexión final es extraordinaria. Muchas felicidades por tener una familia tan bonita, eso es lo mejor que le puede pasar a una persona. Encontrar el amor intangible e infinito y materializarlo en un hijo, la huella más profunda que deja el ser humano en el mundo.

    Espero que mi marido y yo os podamos acompañar próximamente en esa alegría!!

    Un saludo!

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    1. La que me deja sin palabras eres tú, Mary Mar. Comentarios como el tuyo me hacen sentir muy afortunado y enormemente agradecido al Sr. (o Sra.) Internet por hacer posible que mis humildes reflexiones lleguen a personas, como tú, a las que leerlas les transmiten buenas vibraciones.

      Muchísimas gracias por tus palabras y no puedo más que desearte que, con la ayudita de tu marido, forméis una familia muy feliz. Un abrazo!

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  2. Madre mía, qué bonito!! Mi futuro retoño (aunque ahora mismo parezca una idea de fantasía épica) te agradece infinitamente este post. Y yo también.

    Reconozco que la amistad es uno de mis valores top. A mí esa pregunta también me conquistaría sin remedio.

    Está muy bien leer esto de vez en cuando, para no olvidar y que el Ogro respire.

    Un abrazo!!

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    1. Gracias, Diego! Es uno de mis posts favoritos. Disfruté muchísimo escribiéndolo y me gusta releerlo de vez en cuando (lástima que cuando hice el cambio de dominio se borraron todos los me gustas en redes sociales). Me sirve de microterapia, jajaja… Y sí, la amistad es lo mejor de lo mejor. Un abrazo!

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