A pesar de todo, el periodismo de proximidad resiste

1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot)
Inauguración de la exposición 1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot).   Foto: Ajuntament Caldes de Montbui

Soy periodista y, sin embargo, cada vez presto menos atención a los medios de comunicación. En este blog encontraréis varios artículos muy críticos con la prensa porque, en mi opinión, hace tiempo que dejó de cumplir su función informativa y de fiscalización del poder (no sólo el político) para venderse al mejor postor. La agenda de la actualidad no la marcan los periodistas, sino los intereses políticos y económicos. Eso al menos es lo que ocurre en los medios de masas.

Por supuesto que existen iniciativas periodísticas honestas, con voluntad de recuperar el prestigio de una profesión que debería ser fundamental para garantizar la salud democrática de la sociedad y, sobre todo, para esparcir entre la población la semilla del pensamiento crítico. El periodismo nunca debería ser complaciente con quienes tienen la sartén por el mango, porque entonces dejar de ser periodismo para convertirse en propaganda.

Hace falta más periodismo honesto, y mi impresión es que para encontrarlo hay que detenerse allí donde, paradójicamente, lo tiene más complicado para desarrollar proyectos estables: la proximidad. Los medios locales y comarcales han sido históricamente escuela de periodistas, a menudo poco más que eso. Por el prejuicio de que mantenerse en ellos era estancarse, pero sobre todo por la precariedad de un trabajo que a menudo se realizaba por afición. El periódico o la radio local eran el lugar donde aprender para dar el salto a la prensa «de verdad», no se podía aspirar a ganarse la vida allí.

Lo que me dice mi experiencia, sin embargo, es que es en el periodismo de proximidad donde uno dispone de la libertad necesaria para aplicar aquello que aprendimos en la facultad. Obviamente, no todo son reportajes de investigación, y en el ámbito local existen también presiones y la tentación de los políticos de controlar lo que se publica. Hay muchas fórmulas sutiles para hacerlo.

El periodismo de proximidad cumple además una función fundamental que no se valora lo suficiente: preservar la memoria de los pueblos y ciudades. Periódicos, radios y televisiones locales ejercen de testimonio de esa historia en la que nadie más se fija, de la que con el paso de los años sólo quedan pinceladas.

Hace un año inicié una aventura que no imaginaba que fuera a ser tan gratificante en lo personal como intensa (incluso estresante) en lo profesional. El museo municipal Thermalia de Caldes de Montbui se planteaba recuperar la historia de la prensa local, y junto a mi amiga periodista Raquel Puig asumimos el reto, ignorantes en aquel momento de lo mucho que íbamos a encontrar una vez empezáramos a bucear en páginas que se escribieron hace más de un siglo.

Es sorprendente que un pueblo que hasta bien entrado el siglo XX apenas superaba los 4.000 habitantes disponga de un bagaje periodístico tan rico, con una docena de publicaciones hasta 1936, la primera, El Caldense, nada menos que de 1886. Y resulta impactante que artículos escritos en el siglo XIX todavía estén de actualidad.

En junio de 1887 aparecía en El Caldense la columna «Lamentaciones inútiles», que decía:

«No es ciertamente aventurado el afirmar, que los debates políticos van concluyendo con la fé que en ellos tenía otras veces nuestro pueblo. Derroches de oratoria, lujo de bellas imágenes, ingeniosas habilidades para hacer que el contrario resulte caido y maltrecho.

Nosotros anhelamos que todas las fracciones políticas adquiriesen el conocimiento de que á todas por igual toca rehacer la fé que el pais va perdiendo en los gobiernos y en la virtualidad y eficacia de las Cámaras, y que se dejaran de debates políticos, que si en ocasiones son muy pertinentes, en cambio sirven muchas veces para que los ministros vean como quedan olvidados en sus carteras los más útiles proyectos.

No esperamos sin embargo enmienda en los yerros, por el contrario, estamos plenamente convencidos de que nuestras quejas se pierden en el vacío, y por lo tanto son, lamentaciones inútiles».

No me digáis que con unos mínimos retoques de estilo, si la datara con fecha de hoy a nadie le extrañaría. Pues la prensa del primer tercio del siglo XX está plagada de ejemplos similares. Artículos sobre educación, cultura, conflictos políticos y bélicos, incluso sobre feminismo, y la constatación de que la historia es cíclica: leer los periódicos que se publicaban durante la Segunda República es asistir a la crónica de buena parte del conflicto actual entre Catalunya y España.

Durante este año de investigación, gracias a los periódicos antiguos disponibles en el Archivo Municipal, que historiadores y coleccionistas locales se preocuparon en conservar, hemos rescatado episodios olvidados de la historia y descubierto a personajes que merecerían un trabajo en exclusiva, y hemos constatado que la precariedad en la profesión viene de lejos.

«Periodismo de afición» lo llamaba Josep Rifé, impulsor de la revista Esbarjo durante la Segunda República y del semanario Montbuy en la dictadura, y una de las personas que más ha hecho por conservar el patrimonio periodístico en el municipio.

Aquel semanario que durante tres décadas fue órgano de propaganda de la Falange se convirtió en 1977 en propiedad de todas las entidades locales, completando de esta manera un proceso único de transformación en medio de comunicación democrático. Hoy el Setmanari Montbui cumple 75 años, como no, marcado por la precariedad y la indefinición acerca de su futuro inmediato.

Hemos buceado durante cientos de horas en archivos y publicaciones antiguas, pero también hemos tenido la oportunidad de compartir impresiones con decenas de personas que desde los años setenta han dejado su huella en prensa escrita, radio y televisión.

Gracias a la inquietud y resolución de jóvenes apasionados por la comunicación, Caldes de Montbui fue uno de los primeros municipios catalanes en disponer de radio y televisión locales, cuyo impacto en la vida cotidiana fue inmediato.

Todo ello lo hemos recogido en 1886-2019: La premsa calderina, passió per informar (malgrat tot), un libro que, tras un gran esfuerzo de síntesis, ha quedado en 150 páginas, y que está disponible en Thermalia. El museo acoge también la exposición del mismo nombre, visitable hasta el 12 de enero.

La inauguramos el viernes pasado, ampliamente acompañados. Fue una tarde muy bonita, porque la exposición ha quedado preciosa gracias al trabajo del equipo de Thermalia, la aportación desinteresada de quienes han cedido auténticas joyas de la historia de los medios locales y el montaje audiovisual a cargo de Vicenç Ferreres y Angela Ulloa, que enriquece muchísimo el conjunto.

Hicimos una breve visita guiada (no tan breve, a pesar del esfuerzo de contención; cuando a uno le apasiona algo resulta complicado reservarse), estrenando el cargo de «comisarios». Quién me iba a decir a mí que un día la palabreja la iba a utilizar fuera de la ficción…

El caso es que os invito a visitarla. También se puede en fin de semana. Además, Caldes de Montbui es un pueblo muy bonito, ideal para pasar el día. El domingo 27 de octubre hay prevista una visita guiada, donde Raquel y yo estaremos encantados de descubriros, con calma, la riqueza del patrimonio periodístico local. Prometemos que será entretenida.

Cierro con mi agradecimiento al Ajuntament de Caldes de Montbui y al Museu Thermalia por confiar en nosotros para este trabajo y, sobre todo, por la libertad absoluta de que hemos dispuesto para su elaboración.

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