‘El chico de la chaqueta roja’: jugar a leer (y a escribir)

El chico de la chaqueta roja - Alena Collar

El chico de la chaqueta roja (Baile del Sol, 2014) es una novela especial. Dicen (y estoy de acuerdo) que toda obra artística, incluida por supuesto la literaria, deja de pertenecer a su autor desde el momento en que la pone al alcance del público. Así, cada observador, lector, espectador, escuchante, hará su propia interpretación de ella, tan válida como la del más reputado de los críticos.

Todo este rollo me sirve como colchón para decir que la novela de la madrileña Alena Collar es, sobre todo, un juego literario. Desconcierta, especialmente al principio, a causa de un estilo absolutamente personal, que, por lo que leo en sus reflexiones diarias en Facebook, es innegablemente suyo.

Una vez superada la confusión inicial por la falta de puntuación en los diálogos, que puede provocar, por ejemplo, que uno no sepa si el protagonista está hablando consigo mismo o con otro personaje, es fácil disfrutar del juego que se nos plantea.

Hay muchas novelas sobre escritores, a menudo seres trastornados, perturbados incluso, martirizados, obsesionados por su actividad. Yo no creo que los escritores seamos personas especiales, no creo que entre quienes escribimos haya una incidencia de trastornos mentales y de comportamiento superior a la media. En mi opinión, ahí hay mucho de “leyenda”. La pose de incomprendido e inadaptado otorga un halo de genialidad que, sinceramente, no envidio en absoluto.

Los escritores, como Carlos, el protagonista de El chico de la chaqueta roja, somos básicamente personas corrientes, con las mismas paranoias, sueños, inquietudes, miedos y obsesiones que tienen las personas corrientes. Nuestra única peculiaridad es que nos expresamos mejor por escrito… o por lo menos se supone que es así.

A todos nos acosan esos “tiburones” del pasado que amenazan con mordernos los pies en el momento menos esperado. Carlos los teme, han llegado casi a paralizarlo, pero no porque sea escritor, sino porque, igual que Etelvino, el comisario bonachón y en apariencia un tipo sencillo, es un ser humano, más o menos sensible, más o menos vulnerable a los avatares de la vida (“topicazo”, como habría escrito Alena en su novela, con un lenguaje directo, coloquial, carente de adornos vacíos pero, sin embargo, repleto de riqueza).

La autora nos va presentando los hechos al mismo tiempo que surgen de la mente del protagonista, de forma que nos encontramos leyendo una novela dentro de una novela. Pero el juego va más allá, llegando a complicarse hasta el punto que, a medida que aparecen nuevos actores en escena, no es una sola “intranovela” (si es que el “palabro” existe) la que debemos descifrar. Interesante, desde luego.

Con la excusa del proceso creativo del escritor protagonista, la escritora real rebusca en la mente de los personajes, que son ese amigo, esa hermana, aquella compañera de trabajo, aquel exnovio o, por qué no, nosotros mismos. Las reflexiones de esas personas ficticias son muy reales, dejan poso, y por eso conectan con el lector.

El chico de la chaqueta roja es el cuarto libro de Alena Collar, tras La casa de Alena (2003), Teatrerías (2005) y Estampaciones (2009). Si queréis saber más de ella podéis seguir su blog personal y la revista cultural digital que dirige: ‘Alenarte’.

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4 thoughts on “‘El chico de la chaqueta roja’: jugar a leer (y a escribir)

  1. He disfrutado con esta lectura, siguiendo el hilo de la narración como en un juego curioso y divertido, pero sobre todo me ha cautivado la frescura y maestría con que está escrita esta novela. Un descubrimiento.

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