Formar parte de aquello que da sentido a ser humano

El sábado por la noche estábamos muy nerviosos. Era la última jornada de la 10ª edición de la Muestra de Cine de Ascaso. La semana había sido muy intensa, accidentada los primeros días a causa de la lluvia y la inevitable improvisación, pero un ejemplo de trabajo cooperativo y convivencia siempre. Eso fue lo que me enamoró de este proyecto tan loco y tan maravilloso cuando lo descubrí en el verano de 2018. Eso y la simbiosis entre el cine, la amistad y la naturaleza.

Aquel año se me abrió el suelo bajo los pies, y aunque aún echo de menos sentir la tierra firme, también le he encontrado el gusto a saltar sin paracaídas (no desde muy alto). De hecho, cada vez soy más consciente de que, puesto que agarrarse a los recuerdos carece de sentido, saltar es mucho más divertido. Hay que aprovechar las oportunidades de formar parte de cosas que den sentido a ser humano. Es algo que me repito a menudo, pero la pereza y la autocompasión son enemigos paradójicamente seductores.

Creo, sin embargo, que el verano de 2021 marca un punto de inflexión. Primero, las casi dos semanas de cámping en Bielsa, junto a Albert, mi hijo, al pie de las sanadoras cumbres del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y luego los diez días en Ascaso.

Este año me estrenaba como responsable (voluntario) de la comunicación del festival, algo que me hacía mucha ilusión, aunque sabía que iba a tener que currar de lo lindo. La verdad es que he currado aún más de lo que pensaba, pero también he disfrutado más, he reído más, he aplaudido más, he abrazado más, incluso he cantado más… y he dormido menos.

Ha sido una de aquellas veces en que tienes las expectativas tan altas que lo más normal es que no se cumplan, pero, lejos de quedar decepcionado, el resultado las ha superado. Genial, ¿verdad? Y cómo lo necesitaba.

Hablar de lo duro que ha sido este año y medio de pandemia es una perogrullada. En mi caso, además, es absurdo, pues he tenido la suerte de que ninguno de mis seres queridos se haya visto afectado por la enfermedad. Ahora bien, tras experimentar las «bondades» de la vida monacal encerrado entre cuatro paredes y una pantalla, puedo afirmar que esto no es lo mío.

No me gustan las multitudes, la ciudad me asfixia, pero también la soledad, sobre todo cuando es impuesta. Soy feliz caminando solo por la montaña, pero también soy un ser social; adoro compartir experiencias, una buena charla entre risas y vino (de Enate, como en Ascaso), sentirme parte de algo que quizás no sea imprescindible, pero que seguro que contribuye a que otras personas se sientan mejor. Construir es importante; construir de forma colectiva es necesario. ¿Qué sentido tiene, si no, ser humanos?

Que un proyecto como la «Muestra de Cine Más Pequeña del Mundo», en una aldea semiabandonada, abandonada del todo durante demasiado tiempo por las administraciones —como suele pasar con todo lo pequeño en esta sociedad enferma de megalomanía y globalización depredadora—, haya cumplido diez años no es un milagro, sino el resultado de la ilusión, el trabajo y la tozudería de un grupo de insensatos maravillosos encabezado por sus codirectores, Néstor y Miguel, la pareja de idealistas (o visionarios) que un buen día decidieron poner a Ascaso en el mapa mediante una iniciativa cultural. Nada menos.

Tampoco es milagroso que un festival de cine de tanta calidad esté organizado y sostenido por una treintena de voluntarios procedentes de todo el país (e incluso de otros países de Europa), que reservan una semana de sus vacaciones cada final de agosto para llevarlo a cabo; ni que docenas de coches desfilen cada noche pista arriba (por fin asfaltada; de aquella manera, pero nada que ver con la pista destrozaamortiguadores de tierra y piedra suelta que era) y se dejen ayudar a aparcar para no precipitarse por el barranco; ni que haya conseguido ser autosostenible en lo económico. Ni siquiera lo es que despierte el interés de grandes medios de comunicación y de gentes del cine, que, en cuanto se apagan las luces y empieza la proyección sobre la pantalla fijada en la fachada de una borda restaurada (gracias a la Muestra), se enamoran perdidamente del cielo de Ascaso.

Ese es el milagro, la naturaleza. Un milagro que damos por hecho, pero que, bajo el cielo nocturno del Pirineo aragonés, celebramos cada vez que levantamos la vista para sorprendernos con el espectáculo de la Vía Láctea, el de las estrellas fugaces o el que nos regalan las tormentas que descargan su repertorio inagotable de luces y sonido en kilómetros a la redonda.

José Luis Rebordinos, Miguel Cordero y Patricia Pérez - Muestra de Cine de Ascaso
José Luis Rebordinos inaugura la X Muestra de Cine de Ascaso junto a Miguel Cordero y Patricia Pérez. Foto: Juan Zamora Lamas

La última «víctima» célebre de la bendita locura ha sido José Luis Rebordinos, director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. El máximo responsable del certamen cinematográfico más importante de España se escapó durante un día de la vorágine previa a la cita donostiarra para inaugurar la muestra más pequeña, y se marchó maravillado. Un tipo tan humilde como delicioso en el trato que nos dejó montones de jugosas anécdotas en las horas que compartió con el voluntariado.

«Dura el tiempo justo», reflexionaba Juan, nuestro fotógrafo oficial, la persona con quien he compartido más horas durante estos días, compañero de confidencias, de risas, paseos y bailes, incluso de encandilamiento por la misma moza (elige: ¿pistola o florete?).

Exposición 10º aniversario - Muestra de Cine de Ascaso
Juan prepara la exposición del 10º aniversario. Foto: Benjamín Recacha

Se refería a la duración de la Muestra. Y tiene razón, porque es difícil mantener semejante nivel de compromiso, de coordinación, con las pulsaciones disparadas, durante una semana, por parte de un grupo tan heterogéneo de gente. Por muy majas que seamos todas las personas que nos citamos en Ascaso, lo normal sería que acabara saltando la chispa. Y malos ratos hay, claro que sí, sobre todo cuando ronda en el ambiente la decepción por que el trabajo de casi un año se pueda ir al traste a causa de las tormentas.

El segundo día nos quedamos sin Internet, y sólo en algunos puntos de la aldea hay cobertura telefónica, así que imaginad los malabarismos para conseguir enviar las notas de prensa diarias, utilizando los datos del móvil como wi-fi improvisada y una roca para apoyar el portátil.

Buscando cobertura - Muestra de Cine de Ascaso
Buscando cobertura en Ascaso. Foto: Juan Zamora Lamas

Hablo de los problemas de cobertura porque es lo que afectaba a mi área de responsabilidad, pero el resto de mis compañeras y compañeros podría explicar montones de rocambolescas anécdotas. De modo que sí, quizás sí tiene algo de milagroso que la «Muestra de Cine Más Pequeña del Mundo» salga adelante.

El caso es que el sábado por la noche, antes de la proyección de First Cow, había nervios en el ambiente. Habíamos preparado un homenaje sorpresa a Néstor y Miguel, un vídeo con felicitaciones de mucha gente que quería agradecerles su entrega incondicional durante la primera década de vida del festival. Era un extracto del vídeo completo que lanzaríamos al final de la velada, y que acompañaría a la entrega de un cuadro enmarcado en el que, sobre la pintura original de Javier Soligó (otro voluntario), aparecían los carteles de las diez ediciones. Llevábamos casi tres meses preparándolo todo, pero hasta una hora antes no acabé de editar los vídeos, y cruzaba los dedos para que no hubiera ningún imprevisto.

Salió todo bien.

Fue una noche muy emotiva, cargada de cariño sincero, lágrimas, aplausos, risas, abrazos, música y baile. El final perfecto para una semana de cine y amistad bajo las estrellas.

Amistad en el ambiente y en la pantalla

La amistad ha sido el nexo común de los seis largometrajes del programa de esta X Muestra de Cine de Ascaso. Lo apuntaba Pablo, un voluntario belga, sobrarbense de adopción, que, junto a tres amigos, vive en Puyuelo, otra de las aldeas olvidadas en la comarca. El domingo de resaca me pasó la crónica que había escrito, no muy convencido de su dominio de la expresión escrita en castellano. Pues menos mal que no estaba muy convencido, porque el texto es brillante, divertido, cargado de ironía, y mordaz. Le he pedido permiso para compartirlo en ‘la recacha’, así que lo podéis (debéis) leer aquí.

Amistad es el valioso tesoro que encuentra el profesor George Hamilton en su retiro de incógnito al pequeño pueblo pesquero de Calabuch, la genialidad que Luis García Berlanga regaló al mundo en 1956, que fue el aperitivo al programa oficial de la Muestra en el año en que celebramos el centenario del realizador valenciano. Algo muy cercano a la genialidad fue que se proyectara en la antigua capilla del Monasterio de Boltaña, reconvertido en hotel.

Calabuch - Muestra de Cine de Ascaso
Proyección de ‘Calabuch’ en la antigua capilla del Monasterio de Boltaña. Foto: Juan Zamora Lamas

La amistad perdida y recuperada es el hilo conductor de A media voz, la película con que se abrió la Muestra, con la presencia de Patricia Pérez, codirectora y coprotagonista junto a Heidi Hassan. Patricia se convirtió en una de las grandes protagonistas de la semana, primero de forma involuntaria y luego gracias a su sentido del humor. Saber reírse de una misma es un ejercicio que deberíamos poner en práctica mucho más a menudo.

A causa de la lluvia, la película tuvo que proyectarse en el Palacio de Congresos de Boltaña. Era tarde, estábamos cansados y, teniendo en cuenta que se trata de un festival de cine independiente, al público no le sorprendió el ritmo excesivamente lento de la cinta. Hasta que apareció Patricia en el coloquio posterior, tan avergonzada que no dejó de pedir disculpas: «Yo… no… ha… blo… a… sí» fue lo primero que dijo. Y es que, por culpa del encadenamiento de una serie de desgraciadas casualidades técnicas, la peli se había reproducido casi íntegramente a la mitad de su velocidad normal.

De paseo por Aínsa. Foto: Juan Zamora Lamas

La tarde siguiente, Juan y quien escribe estas líneas (ups, cuántas llevo ya…) la acompañamos a pasear por Aínsa. Se mostró muy sociable, y nos contó muchas cosas interesantes sobre el rodaje (y no, aunque muy maja, no es la moza). Si veis el vídeo de la felicitación completa a Néstor y Miguel, entenderéis lo del sentido del humor.

El amor, pero también la amistad, es el pilar sobre el que se construye la relación entre Sasha y su madre, las protagonistas de Petite fille, el impactante —por la historia que cuenta y el punto de vista tan cercano a los personajes que utiliza— documental de Sébastien Lifshitz que muestra la lucha de una familia para conseguir que la sociedad acepte que, pese a haber nacido con órganos sexuales masculinos, Sasha es una niña. Tan interesante como la película resultó el debate posterior con Josico y Gabriela, padre e hija, miembros del colectivo Chrysallis de familias con menores trans. «Las personas trans no estamos encerradas en cuerpos equivocados. Yo no soy una chica encerrada en un cuerpo de chico, sino una chica en un cuerpo de chica», fue la presentación de Gabriela, un baño de realidad para todos aquellos que se empeñan en decirle a la gente lo que puede o no puede sentir, lo que puede o no puede ser.

La amistad es lo que convierte a Dersu Uzala en una historia memorable. La obra maestra de Akira Kurosawa debía proyectarse en Ascaso. Cada año, una de las noches está dedicada a un clásico, y la décima edición era la ocasión ideal para disfrutar en pantalla grande de una película que rinde homenaje a la naturaleza y a quienes se empeñan en vivir de forma armoniosa con ella. El escenario no podía ser más adecuado: las estrellas sobre nuestras cabezas y rodeados de espectaculares tormentas. Había momentos en que la comunión entre lo que se veía en la pantalla y lo que teníamos alrededor parecía cosa de magia.

Armugán, el último acabador - Muestra de Cine de Ascaso
Proyección de ‘Armugán, el último acabador’. Foto: Juan Zamora Lamas

También es la amistad lo que sostiene la compleja y angustiosa relación entre Armugán y Ánchel; una amistad tan profunda como frágil, enmarcada en los paisajes privados de color (en la pantalla) del Pirineo oscense. El proyecto que dio lugar a Armugán, el último acabador nació en Ascaso, como recordó su director, Jo Sol, en el coloquio de la penúltima jornada, y a Ascaso acudió la mayor parte del equipo que trabajó en la película. La era del cine registró un «lleno hasta la bandera» del aforo permitido de acuerdo con las medidas de prevención sanitaria para ver una historia que se cuenta, sobre todo, a través de los silencios.

Silencioso, pausado, detallista, es también First Cow, el atípico western de la realizadora estadounidense Kelly Reichardt, aclamado por la crítica independiente, que relata la amistad entre el cocinero de una expedición de tramperos y un inmigrante chino que huye para salvar el pellejo en la hostil Oregón de principios del siglo XIX. Dos personajes con pocas posibilidades de sobrevivir, pero que tiran de ingenio y de una, a priori, improbable pero complementaria afinidad para hacer camino.

Y amistad es lo que ha nacido entre la Muestra de Cine de Ascaso y el Festival de Contis. Varios voluntarios del certamen francés acudieron a tierras aragonesas para conocer cómo trabajamos y empezar a dibujar un proyecto común que, si sale adelante, tiene una pinta estupenda. Se trata de La ruta del cine, que tiene previsto unir las dos poblaciones, partiendo de Contis, mediante un trayecto que, durante un mes, estará salpicado de proyecciones cinematográficas en varios de los pueblos del recorrido, a ambos lados de la frontera.

Ya hemos empezado a imaginarlo y, de hecho, esta misma semana nos volvemos a encontrar, esta vez en las Landas francesas, donde, del 15 al 19 de septiembre, tiene lugar la 26ª edición del Festival de Contis. El viernes, bien temprano, me voy para allá, así que lo dejo aquí, que tengo que preparar la maleta.

Nos vemos en Ascaso.

6 comentarios sobre “Formar parte de aquello que da sentido a ser humano

    1. Gracias, Miguel. Si leerme te da fuerzas para más, tendré que escribir más a menudo, jajaja. Como os digo en el vídeo, Ascaso ha sido uno de los mejores descubrimientos de mi vida, y lo fue en el momento más necesario. Muchas gracias a vosotros por abrirme las puertas de la familia ascasiana. ¡Nos vemos ya mismo otra vez!

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  1. Francamente genial, amigo Benja.
    Chapó para practicar el francés, me descubro ante tanta emoción y tantos sentimientos tan bien transmitidos.
    Gracias mil

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  2. Cada artículo tuyo me emociona. Este me parece un resumen maravilloso de esta semana frenética. Gracias. Nos vemos en Contis (las Landas).

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    1. Muchas gracias, Reyes. Me alegro de transmitirte buenas sensaciones a través de mis textos. La verdad es que es imposible reflejar la intensidad y las emociones que vivimos durante esa semana, como dices, tan frenética. ¡Nos vemos el viernes! 😘

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